¿Cómo llega la Argentina a sus 200 años? La historia más cercana de nuestro país: la crisis y la incertidumbre de 2001, los cacerolazos de la clase media, los comienzos del kirchnerismo, el nuevo rol del estado, el poder de los medios, la presidencia de Cristina Fernández. Aproximaciones al más reciente pensamiento argentino.

En el año 2010, la República Argentina celebra el segundo centenario de la Revolución de Mayo.

Los argentinos llegamos a este momento luego de dos crisis disímiles en la última década. La de 2001, en el país, una de las más crudas de su historia, que culmina con un profundo conflicto institucional y decenas de muertos. Y la de 2008, en el mundo, con la debilidad y caída de los mercados mundiales que enfrentan intensas recesiones, sobre todo en los países más poderosos del planeta.

El segundo centenario encuentra en Argentina a la primera presidenta mujer elegida por el voto democrático, Cristina Fernández, que se propone consolidar la democracia y la integración regional. Durante los primeros años del segundo milenio, gobiernos de corte popular toman posición en muchos países de América Latina, manifestación que se traduce en la reformulación del rol del Estado y en una revisión de su inserción en el mundo luego de varias décadas de hegemonía neoliberal.

La entrada al segundo centenario constituye una nueva oportunidad para construir y delinear la identidad que cada nación busca darse a sí misma en medio de esta integración regional.

1. La crisis y la incertidumbre

Este es nuestro encuentro número 13. Es nuestro último encuentro de esta tercera temporada, porque esto es Filosofía aquí y ahora 3, que durante este ciclo nos ocupamos del pensamiento nacional. Bueno, este es el programa número 13, como decía, es el último y nos vamos a ocupar de la entrada de la República Argentina en su segundo centenario.

¿Cómo llega la Argentina a su segundo centenario? Bueno, en principio llega, llega. Esto ya es muy meritorio y el mundo llega, ¿no? Porque no podemos negar que muchas veces uno piensa, ¿llegará el mundo a mañana? Bueno, la Argentina ha llegado al 2010.

Una de las crisis más graves que ha pasado en la primera década del siglo XXI fue la del 2001, año muy conocido por las Torres Gemelas, el atentado a las Torres Gemelas, que se produce el 11 de septiembre del 2001. 11 de septiembre, fecha también del golpe de Pinochet contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.

Esto del 2001 no era nuevo, ya en 1989 se había producido un fenómeno de hiperinflación muy provocado que le hicieron al gobierno de Raúl Alfonsín para tirarlo. Realmente fue un golpe de mercado que le hacen a Alfonsín, porque Alfonsín conjeturo no habrá entregado, no habrá concedido algunas cosas que el que vino después concedió absolutamente. Con gran entusiasmo les dijo a los hombres poderosos de este mundo: ¿que quieren? Yo lo hago.

Bueno la hiperinflación angustia mucho a la gente porque pierde el control de su economía, pierde la sensación de qué piso está pisando. El piso que nosotros pisamos tiene que darnos la idea de cierta solidez. Cuando la moneda se dispara, cuando con la moneda se produce un proceso de licuación, como que la moneda no existe, como que estamos parados, parados sobre la moneda, perdemos el piso y la hiperinflación nos devora.

La hiperinflación además lleva a un precio exorbitante, inasequible, para los sectores medios sobre todo, y ni hablar de los sectores humildes, las mercancías. La mercancía es la esencia del capitalismo, tal es así que Karl Marx, que es el que más profundamente estudió este sistema de producción en El capital, el capítulo primero está dedicado a la mercancía. El sistema capitalista es un sistema de producción de mercancías.

Por otro lado, quien más mercancías tiene, más poderoso es, y la mercancía es el resguardo del dinero. Pero el resguardo del dinero para las clases poderosas no es el país. ¡Ojo! ¡No! El dinero se guarda afuera, ni siquiera se reinvierte, porque una de las características de nuestros sectores dominantes en la economía, y por eso el país es así, ha sido el de la no reinversión. Como los sectores dominantes de la Argentina jamás reinvirtieron en la Argentina, sino que enviaron afuera sus ganancias, la Argentina es hoy lo que es, un país pobre.

Ahora, la clase media, como no puede hacer eso, pone sus dinerillos en el banco. Entonces, en el 2001, lo que el presidente De la Rúa, una de las figuras más preclaras de nuestra historia, ordenó, fue el llamado corralito, un corralito, bueno una palabra rara, a uno le dicen corralito, piensa que es un lugar para poner los ponis o el corralito de los nenes. No, era un corralito por el cual la clase media no podía sacar su guita de los bancos.

Esto enloquece a la clase media, nunca le había pasado. Entonces, ¿qué es lo que hace? Toma un instrumento que había jugado un papel muy triste en Chile, porque había contribuido muchísimo a la pérdida institucional del gobierno de Salvador Allende, la cacerola, porque, digamos, todas las conchetas chilenas, que son innumerables, salieron con las cacerolas para tirar abajo al gobierno de Allende. Contaban con algo más que cacerolas, contaban con Kissinger, Nixon, la CIA, Pinochet, en fin, gente mucho más temible que una cacerola.

2. Participación popular, la consigna "que se vayan todos"

Cuando esta clase media cacerolera sale a la calle, el presidente De la Rúa lo que resuelve hacer... Si es que lo resuelve él, porque en realidad es difícil imaginar a De la Rúa resolviendo cosas. Tenía un montón de gente ahí alrededor que las resolvía por él y le ordenaba. Hay una foto de su hijo célebre, Antoñito que tiene los dos brazos así sobre el escritorio y lo está mirando a De la Rúa y De la Rúa lo mira así, y bueno, seguramente ahí Antoñito le está diciendo: tenés que declarar el estado de sitio y dar leña, viejo, porque si no esto no se arregla.

Muy bien eso fue lo que hizo De la Rúa, es decir, le hizo caso a Antoñito y declara el estado de sitio. El estado de sitio era una medida que no podía declarar De la Rúa en el nivel de debilidad institucional y política en que se encontraba. Entonces, en lugar de mandar a la gente a su casa, que es lo que pretende el estado de sitio, sacó a la gente de su casa con las cacerolas. Las cacerolas derrocaron a De la Rúa, pero acá hay un problema no resuelto en la Argentina. De la Rúa se va del gobierno y hay una represión terrible, terrible en la Plaza de Mayo. Hay 30, 31 muertos, muertos, muertos, que deja De la Rúa como estela sangrienta de su retirada.

Bueno, ahí viene una etapa muy confusa de distintos presidentes, y también una etapa muy fascinante de participación popular. La gente sale a las plazas, a los clubes, y comienzan las llamadas asambleas populares. ¿Qué es una asamblea popular? Bueno, una asamblea popular es un ejercicio de democracia directa. ¿Qué es la democracia directa? La democracia directa es lo antagónico a la democracia por delegación.

Nosotros cuando votamos, votamos a los políticos para que nos representen en el Parlamento, en el Congreso. Pero ocurre que en esa época se tuvo clara conciencia de que los políticos a los que votamos para que nos representen, no nos representan, sino que representan al poder de las empresas, al gran poder económico. No representan al pueblo. Entonces, ahí es donde el pueblo dice que se vayan todos. Ahora, ¿qué quiere decir que se vayan todos? Que se vayan todos no es tan simple como lo interpretaron tan directamente algunos periodistas de la época. No es que se vayan todos y vamos a poner de presidente al vecino del 4°B. No. Es: no los queremos más, nos vamos a valer por nosotros mismos. Que se vayan todos, se van de nuestro respeto, se van de nuestra valoración positiva, se van, no los queremos ver más.

Entonces comienzan los estados de asamblea. La asamblea es un ejercicio de democracia directa. Estos ejercicios de democracia directa fueron un momento muy fructífero del país al cual en cualquier momento deberíamos retornar como un ejercicio que sea ejercido por el pueblo mismo, y no delegado ni en los políticos ni en los medios, sino ejercido por la población, por la civilidad que va a escucharse los unos a los otros.

De este proceso, un complejo proceso, surgen unas elecciones, y hay un candidato que pone Duhalde, que viene del frío, que de joven le decían Lupín (que era un personaje del Rico Tipo, que dibujaba Divito, que tiene una enorme nariz), que accede a la presidencia con el 22% de los votos, porque Menem, ese personaje, en fin, entre farandulesco y diabólico, no se presenta en el ballotage, porque sabe que si se presenta en el ballotage Kirchner hubiera asumido con el 70% de los votos, porque ahí sí toda la gente se hubiera volcado hacia él.

Pero al no presentarse, lo deja Kirchner con un caudal de votos limitado. Ahora, Kirchner de todos modos asume con una voluntad política muy firme. Hay presidentes que asumen adueñándose del poder, ¿no? Que uno ve, uno ve que, bueno, este tipo llegó aquí para gobernar, de eso no me cabe la menor duda. Entonces, en el discurso que da en el Congreso, al asumir, larga una definición de lo que él es, de dónde viene, y la definición dice: pertenezco a una generación diezmada.

Esto asombra a muchos, preocupa a muchos, y surge una frase: se viene el zurdaje. Se viene el zurdaje porque si este hombre pertenece a una generación diezmada, acá la única generación que fue diezmada fue la llamada generación del 70, y esa generación del 70 fue diezmada porque fue considerada zurda por los militares de la seguridad nacional que tuvieron el poco delicado gesto de eliminar por lo menos a 30 mil jóvenes de esa generación.

O sea que la primera definición de Kirchner es: yo pertenezco a esa generación que fue diezmada.

3. El rol del Estado y el poder comunicacional

Durante los dos primeros años del gobierno de Néstor Kirchner se da algo que todo el mundo llama la luna de miel. Son dos años en los cuales Kirchner intenta una política de transversalidad, e incluso intenta organizar casi un nuevo partido de centro izquierda, pero se da cuenta que el aparato poderoso del PJ, si no está en sus manos (esto es lo que él piensa), él no tiene segura su presidencia.

Entonces se dedica a apoderarse del aparato del PJ. Aquí empieza la etapa que podemos llamar el pejotismo de Kirchner, es decir, apoderarse de ese aparato que es lo que el peronismo es hoy. El PJ es hoy un aparato que no tiene ideología, es un aparato para construir poder. El poder está ahí adentro. Consiste el poder en captar todo lo que uno pueda dentro de esa cosa, de ese corleonismo que es hoy el aparato justicialista, y quedarse con la parte que le dé más poder. Kirchner se mete en esos laberintos y ahí se produce una lucha que quizás nos remita a la filosofía de Thomas Hobbes. Hobbes decía que la existencia era la lucha de todos contra todos, y esto es un poco lo que se da en el pejotismo, la lucha de todos contra todos. Pero, sin embargo, Kirchner consigue fortalecer el Leviatán, es decir, el Estado.

Una de las cosas más irritativas que hace Néstor Kirchner es fortalecer el Estado que Menem había destruido. ¿En qué sentido lo había destruido? Lo había destruido como elemento de intervención en la economía. Con Menem el Estado había dejado por completo de intervenir en la economía, con Kirchner el Estado vuelve a intervenir en la economía. Entonces ese Estado es un Estado keynesiano, que es un Estado de bienestar, que es un Estado que interviene en la economía, y que incluso interviene activamente. Esto lo hemos visto con los conflictos que el Estado, bajo el gobierno ya de Cristina Fernández, ha tenido con algunos grupos de poder a los cuales atacó con total decisión porque consideraba que los monopolios y los oligopolios deformaban la lógica del mercado. En esto, Cristina Fernández estaba de acuerdo con Adam Smith.

Ahora bien, cuando cuando Néstor K se consagra al pejotismo, ahí deja de lado muchos de sus ideales, y sus dos últimos años ya no son tan brillantes. Asume Cristina Fernández, y al poco tiempo de asumir hay todo un bloque compacto opositor que reacciona con una virulencia excepcional, casi nunca vista contra un gobierno que acababa de asumir. ¿Cómo estaba formado ese bloque? Ese bloque estaba formado por la clase media cacerolera, que sale a cacerolear contra el gobierno, con el campo, el llamado campo, que tal como lo definió un señor, creo que se llamaba Roulette: a mí, mi maestra de historia me dijo que la historia argentina la hizo la iglesia, el ejército y el campo. Bueno, para ese señor las cosas estaban claras, pero no son tan así.

Y el otro poder fundamental que se le añade a este bloque es el poder comunicacional. Como nunca, el poder comunicacional estuvo en contra de un gobierno. ¿Qué es lo que logra el poder comunicacional? Este tema me gusta muchísimo, y a mí me encantaría dar Filosofía aquí y ahora 4, sobre el tema de el sujeto otro: el poder comunicacional y la colonización de la subjetividad.

El poder comunicacional coloniza las subjetividades. ¿Qué es colonizar la subjetividad? Yo tengo una subjetividad y usted tiene otra, pero sin embargo, el poder comunicacional nos coloniza nuestras subjetividades, porque nos dice lo que tenemos que pensar, nos dice lo que tenemos que decir, nos dice lo que tenemos que leer, nos dice a dónde tenemos que ir, a dónde tenemos que comer, qué tipo de mujer nos tiene que gustar, nos dice todo. Somos manejados por el poder comunicacional, que también nos dice si tenemos que odiar o no odiar a este gobierno, o a cualquier gobierno. El Poder Comunicacional decidió que al gobierno de Cristina Fernández había que, en verdad, claramente, por decirlo, destituirlo.

Surgió, en defensa de ese gobierno, que en ese momento estaba en una situación muy débil, muy débil, hubiera bastado un tanque solamente para que cayera... Surgió un grupo de intelectuales, de los mejores intelectuales del país, que se nuclearon alrededor de Carta Abierta y defendieron apasionadamente la estabilidad institucional. Porque acá en realidad lo que nosotros queremos no es primordialmente la defensa de un gobierno, quisiéramos que siempre un centenario en la Argentina, este y los que puedan venir, si vienen, se festejen en democracia, se festejen sin el acecho de las fuerzas del golpe institucional, del golpe militar, que está muy sofocado, sofocado, porque los militares están apartados de estas cuestiones, no quieren (creo y estoy casi seguro) no quieren ser más utilizados para defender los intereses de otros sectores de la sociedad que no son ellos. Que no los usen más como instrumento para defender los problemas de otros. Entonces, están apartados.

¿Qué es lo que queda entonces? Queda una sociedad muy dividida. Por un lado, tenemos un proyecto que intenta redistribuir la riqueza, pero que lo logra muy difícilmente porque tiene enfrente a muchos que no quieren distribuir la riqueza. No quieren. Entonces, ahí está el problema.

4. La distribución de la riqueza

El problema de la distribución de la riqueza es que los que tienen la riqueza no quieren distribuirla. Y no quieren distribuir pero ni siquiera un peso, pero no lo quieren distribuir ni siquiera por el simple criterio de autoprotección, de conseguir que no haya tantos desesperados. Porque cuanto más desesperados haya, más inseguridad vamos a tener en este país, más muros va a haber que hacer, más rejas va a haber que construir, y pronto va a haber que construir rejas electricizadas y muros de 40 metros. Entonces como esta clase es una clase golosa, es como el amo hegeliano que sólo sabe gozar, esta clase no quiere distribuir la riqueza. Para distribuir la riqueza hay que enfrentarse a ella, pero para enfrentarse a ella hay que enfrentarse a un poder realmente muy poderoso, porque no es sólo el poder de acá, es el poder del capitalismo internacional.

Entonces, ¿cómo podemos pensar el segundo centenario? Bueno, lo que podemos decir es lo que nosotros pensamos hacer para el segundo centenario. No sabemos si lo que pensamos hacer se va a realizar en el segundo centenario, pero nadie sabe si lo que va a hacer se va a realizar, porque la vida es azarosa. El principio fundamental de la historia es el azar. Puede ocurrir una cosa, puede ocurrir otra.

Nosotros creemos que es fundamental que la Argentina llegue al segundo centenario diferenciándose claramente de la Argentina del primer centenario. Que no sea una fiesta de las clases hegemónicas, que no sea una fiesta de las clases poseedoras, que no sea una fiesta de los que están satisfechos por completo, que sea una fiesta de todos, al menos que puedan ser integrados a la mesa familiar del país, siempre atravesada por miles de contradicciones, todos aquellos que padecen hambre.

En realidad, nosotros no queremos un país injusto, no queremos un país desigual, no queremos un país con hambrientos. América Latina tiene que estar preparada para que no haya más golpes de Estado en este continente. No puede haber golpes de Estado. La democracia tiene que seguir, pero la democracia, si no alimenta, si no da de comer, como decía un político, y que no dio de comer, y que no da de comer, porque hay mil millones de hambrientos en este mundo, en este momento... La democracia si no consigue satisfacer las necesidades inmediatas, esenciales, de la gente que habita este país, la democracia no sirve para nada, y nosotros queremos que sirva, porque queremos vivir en democracia. Vivir en democracia es que la vida se respeta, la democracia consiste en que la vida del otro para mí es sagrada, porque yo necesito del otro para ser yo, no puedo ser yo si el otro no existe para mí.

Entonces esa democracia hay que sostenerla, hay que defenderla. Si es contra los medios, contra los medios, si es contra el campo, contra el campo, si es contra la sociedad donde se juntan los dueños de las vacas, lo que sea. Si es contra los corruptos, contra los corruptos también, no hay que admitir corruptos, nada de corrupción en la Argentina, no puede haber en el gobierno un solo corrupto, y si lo hay, a ese hay que echarlo, porque nosotros no podemos tolerar estar defendiendo (porque lo defendemos por convicción, porque lo otro es horrible), pero estar defendiendo algo que no se defiende a sí mismo.

Entonces, por favor, si ustedes quieren que nosotros estemos ahí y luchando contra lo horrible que está del otro lado, nos tienen que dar una mano, y la basura que tienen dentro la echan. Y ahí nos van a tener con más entusiasmo, con más esperanzas, del lado de las buenas causas que pueden hacer de este país un lugar más digno para vivir y para morir.

Chau.