El triunfo electoral de Perón en 1946 puso en el margen el pensamiento de aquellos que habían dominado el poder desde la Revolución de Mayo en adelante. El conocido cuento de Cortázar como una metáfora de esta situación. La relectura que hace Germán Rozenmacher de Casa tomada. El pensamiento de Evita.
Casa tomada, cuento de Julio Cortázar. Cuenta la historia de dos hermanos que viven en una mansión antigua y el momento en que unas presencias extrañas los obligan a abandonar paulatinamente diferentes espacios de la casa hasta llegar a dejarla por completo.
Este texto es editado primero por Jorge Luis Borges en la revista Anales de Buenos Aires en 1946. Cinco años después, se publica en Bestiario, el primer libro de cuentos de Cortázar. La metáfora de la casa tomada cobra su sentido a partir del contexto político en que el cuento aparece, el triunfo electoral de Juan Domingo Perón en 1946, y la creciente participación de las masas obreras y populares en la vida política del país.
Considerado uno de los autores más destacados de la literatura universal, Julio Cortázar nace en Bruselas en 1914. Cuatro años más tarde, su familia regresa a la Argentina para instalarse en Banfield. Cortázar se desempeña a lo largo de su vida como escritor de ficción y traductor. Su actividad permanece siempre ligada al compromiso social y a la renovación de la literatura latinoamericana. Su novela Rayuela, con la que alcanza el reconocimiento internacional, se publica en 1963 y constituye un hito de la literatura en español.
Cortázar muere en Francia en febrero de 1984 a causa de leucemia, y es enterrado en la misma tumba que su esposa, Carol Dunlop.
Este es nuestro encuentro número 12. Vamos a tratar uno de los ejes conceptuales más importantes para pensar este país.
Se trata de lo que yo llamo la metáfora de la casa tomada. ¿Qué es la casa? La casa es la casa de los dueños. ¿Quiénes son los dueños de la casa? Los dueños de la casa son las clases dirigentes. Para la oligarquía argentina, para la generación del 80, para el roquismo, para los dandis del Club del Progreso, para Miguel Cané, la casa es la casa de ellos. Ellos son los dueños de la casa y que no les vengan a sacar la casa. La casa se la ganaron, con la Revolución de Mayo centralizada en Buenos Aires, con Juan Manuel de Rosas que también centralizó la política e incluso su proteccionismo en Buenos Aires, y con el 80 que centraliza el poder en Buenos Aires. Esa es la casa que la oligarquía hace y que vimos festejar el centenario.
¿De dónde surge esta metáfora de la casa tomada? Bueno, no sé si surge de ahí, pero vamos a partir de un cuento de Julio Cortázar, que se llama justamente Casa tomada. Lo publica Jorge Luis Borges. Cortázar era un pibe joven, y le lleva este cuentito a Borges, que lo publica en una revista que se llama Anales. Cortázar está muy contento, etcétera, etcétera. Y bueno, como ustedes saben, Cortázar después se va de la Argentina en la década del 50, porque dice que los bombos peronistas no le permiten escuchar a Bartók.
Bueno, no vamos a hablar ahora de Cortázar, pero vamos a hablar de Casa tomada, de Cortázar, que es un cuento conceptual. Son dos hermanos de la oligarquía (porque viven de las rentas de la familia) que viven en una casa. De pronto empiezan a advertir que las distintas habitaciones de la casa comienzan a ser tomadas. No dicen por quién, solo dicen: las habitaciones están siendo tomadas. Y ellos se van trasladando a otras habitaciones, porque las que van dejando son las que han sido tomadas. Entonces dicen: bueno, vamos a tener que vivir de este lado de la casa, porque el otro lado de la casa fue tomado.
Cortázar no explicita a quien toma la casa, sólo explicita que estos dos hermanos, que son dos hermanos de estirpe oligárquica, y que también insinúa que hay ahí una relación incestuosa, tienen que ir abandonando cada vez más la casa en la cual dejan cosas. Tienen que dejar cosas, cosas que quieren, que hubieran querido retener con ellos, libros de literatura francesa, con lo cual Cortázar da el toque esencial para caracterizar a estos dos hermanos.
La angustia que les produce que la casa sea cada vez menos de ellos, les impide pensar. Les impide pensar porque en realidad tienen cada vez más miedo y cuando se tiene miedo no se piensa. Entonces comienzan cada vez más a retirarse, hasta que por fin abandonan la casa, y la frase final es así porque no podíamos quedarnos en la casa porque estaba totalmente tomada.
Bueno, ¿cuál es la conclusión, cuál es la metáfora de esto? La metáfora es que lo que no puede tolerar la oligarquía, las clases hegemónicas, las clases dominantes, las clases patricias, es que les tomen la casa. ¿Quiénes les toman la casa? Les toman la casa los que vienen de afuera. La casa estuvo en peligro de ser tomada por lo que la oligarquía llamó la chusma ultramarina, que llegó a principios del siglo, y luego muy gravemente con los migrantes internos a los cuales el general Perón da cobertura política.
Ahí sienten más que nunca que la casa les está por ser tomada, hasta tal punto que bombardean la Plaza de Mayo. Bombardear la Plaza de Mayo es un hecho gravísimo. Yo no sé si lo hemos pensado bien, pero es un hecho gravísimo. Bombardear una ciudad abierta, indefensa, es un hecho gravísimo. Luego hay un momento terrible también de la casa tomada, que es el 25 de mayo de 1973, con el camporismo.
Hay una relectura del cuento de Cortázar que hace Germán Rozenmacher en 1962 en un libro muy exitoso que se llamó Cabecita negra.
El cuento trata acerca de un señor, Lanari, de alta clase media, que ha luchado mucho en la vida, ha hecho dinero, tiene un hermoso departamento, y es verano, hace calor, y mandó a su familia a veranear en Mar del Plata. Él está solo en su casa, toma un whisky, hace calor, las ventanas están abiertas, no puede dormir porque ese es un problema para él. Ahí nos señala Rozenmacher que un poquito hacer dinero trae ciertos problemas, y ciertas neurosis, y que los ricos no son tan felices, pero de todos modos el señor Lanari disfruta de su casa porque su casa es su refugio. Su casa es su casa.
Esto es lo fundamental de la metáfora de la casa tomada. La casa de la burguesía es la casa de la burguesía, y que nadie se la venga a quitar. La casa de los patricios es la de los patricios, y la casa de los patricios es el país, y que ese país nadie se lo venga a quitar.
Bueno, entonces, el señor Lanari escucha que una mujer grita en la noche, un poco absurdamente, pero también tengamos en cuenta que no eran los tiempos actuales, sino que era la década del 60, el señor Lanari sale a la calle. Quizás comete un error, o quizás es una posibilidad de la época. Se acerca y hay una mujer tirada en el suelo, y el señor Lanari la desprecia, digamos, y ahí Rozenmacher tiene una frase feliz. Rozenmacher no era un muy buen prosista, pero era un escritor voluntarioso, y murió muy joven y realmente lamentamos que haya muerto tan joven, porque murió en un accidente absurdo en Mar del Plata por dejar abierto el gas, y con uno de sus hijos pequeños.
Y Rozenmacher dice que el señor Lanari mira a esa negrita con un lento desprecio. La despreció lentamente, dice. Bueno, entonces él está mirando a ver si la ayuda, y aparece un policía. Y el policía le dice: bueno, ¿qué hace usted aquí con esta mujer? Queda arrestado. Dice, un momento, le dice, caramba, un momento, señor. Lo que pasa es que, bueno, esta mujer estaba acá tirada, usted sabe cómo son estos negros, se pasan la vida en curda, y yo, en fin, salí a ayudarla porque gritaba, borracha, no dejan dormir a la gente de bien, entonces mírela, mire lo que es, es una pobre negra.
Y cuando lo mira el policía, se da cuenta que el policía es bastante negro, es preocupantemente negro. Entonces el policía le dice: ¿cómo se llama usted? Lanari. Bueno, vamos a su casa, le dice. ¿Por qué? Bueno, porque tenemos que ir a su casa. Bueno, van a la casa del señor Lanari, los dos morochos, digamos, y el señor Lanari. Entran, ella se tira en la cama matrimonial, se revuelca por ahí como una gata en celo, y cuando el señor Lanari se enoja un poco con el policía, ¿cómo se atreve? El policía le da una piña que lo sienta, y el señor Lanari queda atónito, ¿cómo se atrevió? ¿Cómo se atrevió ese negro, aunque sea policía, a darle una trompada a él? Un propietario, un blanco, un burgués de jerarquía... Pero así ha ocurrido.
Están en su casa, ella duerme en la cama de su honorable mujer, y este le empieza a tomar las bebidas, le dio una trompada, y aquí Rozenmacher marca indudablemente ya lo que su cuento cuenta, lo que su cuento intenta narrar, y dice: el señor Lanari se acordó de esa jornada en la cual los negros se habían lavado las patas en las fuentes. Con lo cual queda señalada la ideología peronista del cuento, porque el día en que los negros se lavaron las patas en las fuentes fue el 17 de octubre de 1945.
Entonces el señor Lanari piensa horrorizado: todo lo que conseguí en la vida está en peligro, está en peligro. El policía le dice que esa mujer a la que usted llama así, negra, es mi hermana, y por eso nomás le doy otra piña. Y finalmente se van por las suyas, pero la casa ha sido devastada. Entonces, el señor Lanari se da cuenta, se da cuenta de esa intrusión. Entraron en su casa, tomaron su casa, devastaron su casa, violaron su casa. Eso no puede ocurrir. Todo este mundo está organizado para que eso no ocurra, para que los negros no entren en la casa de las buenas gentes, de los buenos burgueses, de los señores que tienen propiedades, piel blanca, familias dignas, hijos, esposas a las cuales mandan a veranear. Eso no puede ocurrir, piensa Lanari, entonces dice, hay que hacer algo, se dice así mismo en su locura, dice, hay que hacer algo, hay que llamar a la policía, hay que llamar a la gendarmería y finalmente dice, no, no, no, no, hay que llamar al ejército.
Y sí, en efecto, llamaron al ejército.
Esta invasión que implica entrar en las casas en las que no se debe entrar porque tienen propietarios, es lo que un opositor al primer peronismo llamó el aluvión zoológico.
¿Qué era el aluvión zoológico? El aluvión zoológico eran los migrantes internos que venían del interior y que tenían en la piel la injuria para la oligarquía. Es decir, tenían la piel oscura, eran los negros, con lo cual es muy interesante ver que si hubo una clase racista en los años 40 fue la oligarquía, y que si uno piensa que la base esencial del nazismo (y les aseguro que sé mucho de esto) es el racismo, los nazis entonces estuvieron del lado oligárquico, porque Perón no fue racista nunca, al contrario, les dio cobertura política a esos negros. Bueno, pero esto es una cosa lateral para que ustedes la piensen, que las cosas no son tal como se dicen.
Un personaje de grandes ambiciones literarias que no pudo cumplirlas, porque quizás a veces se tienen grandes ambiciones literarias pero no se tienen tan grandes talentos como las ambiciones literarias que se tienen, fue Ezequiel Martínez Estrada. Ezequiel Martínez Estrada, hombre contradictorio, escribió un libro muy ambicioso, Radiografía de La Pampa, que pretendía ser claramente el Facundo del siglo XX. No lo fue.
Después, cuando adviene el peronismo, don Martínez Estrada se siente tan incómodo, tan incómodo, que se enferma. Le surge una especie de erupción en la piel, y prácticamente está enfermo los diez años que dura el peronismo. En realidad es una buena manera de pasarse una dictadura, es decir, uno, digamos, llega la dictadura, se enferma, se mete en la cama y cuando se va la dictadura se cura y sale de nuevo a la calle.
Bueno, lo iba a visitar una señora muy combativa de la oligarquía, que era Victoria Ocampo. Victoria Ocampo era muy amiga de Martínez Estrada, y bueno, entre ellos tendrían sus conversaciones. Después Martínez Estrada viajó a Cuba, donde encontró socialistas menos negros y algunos totalmente blancos como Ernesto Che Guevara de la Serna.
Bien, el señor Martínez Estrada, el querido Ezequiel Martínez Estrada, escribe un libro, supongo que en la cama porque lo escribe durante el peronismo y un poquito apenas termina el peronismo, que se llama: ¿Qué es esto? El título es excepcional, porque expresa la infinita sorpresa de un tipo que no tiene la menor idea de lo que está ocurriendo en el país, entonces cuando llegan cientos de miles de negrazos del interior y se ponen a a votar por un coronel que para Martínez Estrada es un nazi, lógico, el libro que tiene que escribir se tiene que llamar ¿Qué es esto? Porque él no entendía nada de lo que era eso.
El libro es tremendamente agresivo, despreciativo, etcétera, etcétera. Ezequiel Martínez Estrada acuña algunos conceptos de raigambre nietzscheana, pero uno no, uno tiene... Acuña conceptos acerca de la guaranguería, la guaranguería que, bueno, obviamente sabemos quién es el guarango para un hombre tan culto y nietzscheano como Martínez Estrada. Este concepto de la guaranguería, hoy quizás, seguramente, Martínez Estrada se lo aplicaría a un personaje como, digamos, Diego Armando Maradona, que le caería muy mal.
Esto que para Martínez Estrada le produce urticaria, esto que a Martínez Estrada lo brota y le hace decir qué es esto, a otro personaje de la misma época, mujer, mujer, la lleva en su último mes de existencia a escribir un texto jacobino, desolador, dramático, mortal, porque se muere, son las últimas palabras, y es la mujer que más amó a esos que Martínez Estrada tanto odió.
Esa mujer que amó a los migrantes, al aluvión zoológico, a los negritos que venían del interior, a los peronchos, a los cabecitas negras, fue Eva Perón.
Durante los últimos días de su existencia, Eva Perón dicta un texto que se llama Mi mensaje, que es la antítesis de La razón de mi vida.
En principio, La razón de mi vida no la escribió ella, la escribió un señor español que Perón hizo traer, y escribió una especie de mamarracho edulcorado que era indigno de de Eva Perón. Pero Eva Perón escribe su verdadero texto, su verdadero texto al pie de la muerte, ese texto se recupera recién en los años 80 y yo vi, yo lo vi porque me lo mostró Fermín Chávez, página por página, firmados por Eva Perón. Serán 32 páginas.
Ahí Evita a calzón quitado, dice: yo llegué muy alto porque nadie fue capaz de seguir la farsa como la seguí yo; ahora que seguí la farsa, conozco mejor que nunca todas las verdades y todas las mentiras de este mundo. O sea, lo que nos está diciendo es que la evita Dior, la evita que usaba vestidos Christian Dior, los usaba para hacer la farsa para entrar en los salones de la oligarquía y jugar la farsa y conocerlos internamente.
Ahí se da el gusto de insultarlos de frente, lo dice: Yo me di el gusto de insultarlos de frente. Y dice: y ahora, como seguí la farsa, como estuve en las fiestas de ellos, los voy a denunciar. Y empieza a denunciarlos. ¿Desde dónde? ¿Desde la calma, desde la inteligencia, desde la sensibilidad, desde el corazón? No, desde el fanatismo. Evita estaba orgullosa de ser fanática.
Esta palabra hoy suena mal, pero el fanatismo de Evita no tiene nada que ver con el fanatismo islámico ni con el fanatismo norteamericano. El fanatismo de Evita tiene que ver con su amor desmesurado por los pobres, con su sensibilidad increíble para recibir en su corazón y captar la injusticia del sistema en que vivía.
Entonces, dice: creo en los fanáticos porque los fanáticos son los que se queman en su propia fe. Los fanáticos son los que se queman en su propia fe. Muchas veces Evita dice: es mi propia militancia la que me está matando, me estoy quemando a mí misma en la lucha en que estoy llevando. Y dice una frase también, escribe en este texto que es hermoso, algo fundamental, esto lo tienen que escuchar todos. Escuchen, a ver si escuchan esto. Evita dice: yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle.
¿Cuántos, cuántos malos tipos y malas minas que llegan a las alturas del poder, dejan de lado el alma que traían de la calle. No, para eso treparon, para olvidarse del alma que traían de la calle. Bueno, ella dice que no, que su mayor virtud es que jamás se dejó arrancar el alma que traía de la calle, y con el alma que traía de la calle, que la identifica con las víctimas y con los perdedores, porque para Evita la historia, la historia humana es la historia de la defensa de las víctimas y de los perdedores, y eso lo hace con el alma que trajo de la calle, empieza a reprocharle a las jerarquías eclesiásticas y militares todas las atrocidades de la patria.
Y dice frases como: los militares son carne de la oligarquía. Evita le pedía a Perón que lo fusilara a Menéndez en 1951 y Perón no lo hizo, en tanto Aramburu y Rojas fusilaron a Juan José Valle en 1956. En cuanto a los curas, no los quiere para nada. Los curas, dice: tienen una función esencial para conservar los bienes de la oligarquía. Consuelan a los pobres. Evita no quiere curas que consuelen a los pobres. Quiere curas que les revelen a los pobres la injusticia de su condición. Esos son los curas que quiere Evita.
Incluso, en el guión que yo escribí para la película Eva Perón, ella le pregunta a Hernán Benítez, que era su confesor: Padre, padre, ¿por qué me estoy muriendo? ¿Por qué Dios me aparta de mi lucha? ¿Por qué Dios me está apartando de mi lucha? ¿Por qué yo me muero? Y Hernán Benítez dice: no tengo respuesta, hija. Yo sí, dice Evita, porque Dios es contrera.
Después, ataca furiosamente a los dirigentes peronistas. Y no se equivocaba. No se equivocaba. Evita dijo, y lo dijo para siempre: yo le tengo más miedo a la oligarquía que nace día tras día en el corazón de los dirigentes peronistas que a la oligarquía que derrotamos el 17 de octubre. Y no se equivocó. Pensemos en la década menemista, en ese peronismo oligárquico que entregó el país, que lo sumió en la pobreza que todavía estamos afrontando y que vamos a seguir afrontando mucho tiempo.
Frente a Perón tenía una actitud de exigencia. Nadie le exigió más a Perón que Evita. Este es el pensamiento de Evita. Se equivocan los que creen que Evita lo alababa tanto a Perón. No hay nada peor que la mujer que tenés al lado diga todo el tiempo que sos un gran hombre, porque se lo tenés que demostrar. Y si no se lo demostrás, te va a dejar. Entonces, la táctica de Evita era decirle a Perón que era un gran hombre y marcarle: ojo, vos sos un milico, pero ante todo sos un líder popular, y el día que dejes de ser un líder popular y el milico te gane el corazón vas a perder, no vas a ser más Perón.
Dice además que sabe que se muere. Hay que tener un enorme respeto por esto, porque alguien que muere y sabe que muere, es alguien que está muriendo doblemente, muere físicamente y muere espiritualmente, porque sabe que muere. Entonces dice sus últimas palabras. Y yo creo que sus últimas palabras van a ser estas, para mí las más hermosas que dijo. Yo creo que podemos definir a Eva Perón como una mujer que no se dejó arrancar el alma que trajo de la calle.
Chau.