El pensamiento argentino se revela en el tango como un retrato que condensa la tristeza o la deseperación frente al fracaso, en una década titulada infame. Si algunos cantan la desdicha, otros eligen la denuncia. ¿Existió una corriente de tango anarquista? Los autores más destacados y su relación.

La década de los años 30 se conoce popularmente como la década infame y se caracteriza por la ausencia de participación popular y por la persecución a opositores políticos. En este momento de escepticismo e incertidumbre, el tango interpela a los argentinos con historias profundas, letras espesas y una constante sensación de pesar.

Enrique Santos Discépolo es uno de los más destacados compositores de este género musical. Discepolín nace en 1901 en el barrio de Once y llega al tango luego de intentos no del todo felices en el mundo actoral. Una de sus primeras composiciones, Que vachaché, se estrena en un teatro de Montevideo en 1926 y es recibida con silbidos y abucheos. En 1928, cambia el rumbo de su suerte y logra su primer éxito gracias a la interpretación de Azucena Maizani del tango Esta noche me emborracho. A partir de entonces, su música es conocida en todo el país y así se convierte en el dueño de un estilo único.

El tango, género popular y bailable, logra así, gracias a sus geniales compositores, expresar los temas más profundos de la condición humana: la muerte, el paso del tiempo, la ausencia de Dios.

1. La crisis del 29 y la década infame

En este encuentro número 11 nos vamos a ocupar de algo fantástico, fantástico. El tango.

El tango, una de las mejores cosas que se hicieron en este país. A veces me asombra que el tango se haya hecho en este país. A veces me parece lógico. Depende de que lo quiera o no lo quiera. En general me parece de todos modos estupendo, estupendo que la Argentina haya producido una música melodramática, densa, brahmsiana, digna del genio de Brahms, como es el tango.

Este es nuestro encuentro número 11 y nos vamos a ocupar de la década del 30 y la metafísica del tango.

Hay pocas canciones populares de las que uno pueda tener, decir, que contienen una metafísica. Por ejemplo, hay grandes canciones norteamericanas, grandes canciones norteamericanas de grandes autores, yo que sé, My Funny Valentine, de Richard Rodgers, hasta El hombre que amo, del gran Gershwin, pero no tienen una metafísica, no tienen un pensamiento filosófico.

Aquí está el pensamiento argentino. Si usted lo quería encontrar, si usted creyó que lo estuvimos eludiendo, que no lo encontramos por ninguna parte, no me diga que no lo encontramos en el Martín Fierro, en el Facundo, no me diga que no lo encontramos en Mansilla. Lo estamos encontrando ahora en el tango. El tango es metafísica que se baila. Como dijo Enrique Santos Discépolo, que es el gran poeta tanguero: el tango es un pensamiento triste que se baila. ¿Quiere que se lo repita? Porque es maravillosa la frase. El tango es un pensamiento triste que se baila.

El tango tuvo su esplendor durante la década del 30. ¿Por qué durante la década del 30? La década del 30 fue una década que un ensayista nacionalista, José Luis Torres, llamó década infame. ¿Qué pasó en esa década? Bueno, todo se vino abajo. ¿Se acuerdan del granero del mundo? ¿Se acuerdan del primer centenario? ¿Se acuerdan de la oligarquía ganadera y de su desaforada alegría, de su despilfarro, de viajar a Europa, de construir palacetes franceses, el Teatro Colón y, mientras tanto, una pobreza desoladora rodeando todo ese esplendor, ese despilfarro? Un 10% de la producción se gastaba en viajes a Europa.

Esa leyenda del granero del mundo de nuestros padres y nuestros abuelos que hicieron la gran Argentina que perdimos es una mentira infame. Nunca existió la gran Argentina que perdimos. Esa gran Argentina que era el granero del mundo la disfrutaban unos pocos y muchos se morían de hambre. Además, edificaron una economía del monocultivo, no una economía industrial que es lo que permanece.

Entonces, en la crisis del 29, la crisis de Wall Street, los términos de intercambio se enfrentan. ¿Y qué ocurre? Lógico: que las manufacturas industriales valen mucho más que las manufacturas primarias. Porque yo, a una espiga de trigo, no tengo nada que agregarle. Agarro, la arranco y la vendo. Eso hizo nuestra oligarquía. Arrancó lo que había en el suelo y lo mandó a Europa. Y vivió bárbaramente bien. Y esos fueron nuestros señores de la generación del 80, elegantes, cultos algunos, pero sí cultos porque leían los libros que venían de Francia o iban a Francia y los compraban, pero no hacían otra cosa más que recoger la riqueza del suelo, y faenar las vacas, y mandarlas a Europa.

Entretanto, Europa nos mandaba las manufacturas. Esto ya estaba planeado en los grandes libros de los teóricos europeos. En Adam Smith, David Ricardo, Richard Cobden. Richard Cobden era un parlamentario inglés que tenía un agudo sentido del humor y un cinismo muy desarrollado, y decía: no tengamos colonias directamente, déjenles su orgullo, que tengan su bandera, que tengan su país, que festejen sus fechas patrias, que se crean libres. Nosotros, con el comercio, las vamos a someter. Y así ocurrió. Y en el 30, esto estalla.

Bien. Esto estalla, pero estalla políticamente también. Porque hasta ahí, había gobernado, digamos, la oligarquía. La oligarquía, entre Sáenz Peña e Yrigoyen, hacen un pacto. Digamos, la cosa es así, Sáenz Peña lo llama a don Hipólito Yrigoyen, y le dice: vea don Hipólito, vea don Hipólito, ya hay mucha gente de eso que nosotros llamamos la chusma ultramarina y esa gente lo quiere mucho a usted, de modo que vamos a tener que darle a esa gente una expresión política, eleccionaria, vamos a hacer el sufragio universal, no para las mujeres desde luego, como van a votar las mujeres si no tienen nada en la cabeza, las mujeres son amás de casa, cuidan a los niños, pero es hora de dar elecciones libres y que todos ustedes, los inmigrantes que vinieron de afuera, que no eran los que esperábamos, fueron una, ya sabemos, ustedes, una porquería, pero bueno, están con usted Yrigoyen, vinieron acá y ahora les vamos a dar la dádiva de que puedan votar.

2. El tango y la patria ausente

La crisis que se desata en 1929 determina que en la Argentina se produzca un golpe de Estado. Es el primer golpe de Estado del siglo XX, porque en el siglo XIX, ya sabemos, a Dorrego, gobernador electo de la provincia de Buenos Aires, Lavalle le hizo un flor de golpe de Estado y además lo fusiló.

Bien, Lugones es el ideólogo del general Uriburu, que era un señor más bien tirando a cuadrado mentalmente, por decirlo suave. Lugones no, Lugones presumía de ser un hombre tremendamente inteligente, era un ególatra desaforado y escribe, ya había escrito, ya había pronunciado en 1924 en Ayacucho, a los 100 años de la batalla de Ayacucho que termina con la liberación de América Latina del poder español para pasar al poder inglés, según hemos visto, pronuncia el discurso de Ayacucho, y ahí Leopoldo Lugones dice: ha llegado otra vez para bien del mundo la hora de la espada.

Esto consagra al general Uriburu como general duro, fachista, y el hijo de Lugones aplica y crea la picana eléctrica, fusilan a Severino Di Giovanni, etcétera, etcétera. Es decir, un gobierno de mano dura, como le gusta mucho a los sectores dominantes en la Argentina cuando las papas queman, ¿no? Un gobierno no ampliado, sino reducido.

Pero en realidad el fachismo no tenía futuro en la Argentina porque la Argentina es un país que nació a la sombra de Inglaterra y siguió a la sombra de Inglaterra, y en el 30 estaba todavía bajo la órbita inglesa. Entonces lo echan a Uriburu que era fachista, profachista, pro Mussolini, pro Hitler y viene el general Justo. El general Justo era un señor de la oligarquía, y pone a patricios, a los mejores apellidos patricios en su gabinete, y ahí comienza un gobierno realmente de unidad con Gran Bretaña, y el tango va a expresar la pérdida del país. El país se pierde. ¿Por qué se pierde el país? Porque Julito Roca, el hijo de Julio Argentino Roca, viaja a Inglaterra para negociar las carnes argentinas. ¿Saben por qué? Porque Inglaterra decidió no comprar más carnes argentinas. Así, lo decidió. Y la Argentina se hundió en la desesperación.

Fíjense la economía extraordinaria que habían hecho nuestros padres y abuelos: el día que Inglaterra decidió no comprar más carnes, tuvo que ir Julito Roca a rogarles, por favor, cómprennos carnes. Y ahí está el pacto Roca-Runciman, que es una vergüenza para el país. Y ahí, en ese clima en el cual la patria está ausente, la patria está ausente, y la patria ausente es la mina que se fue. ¿Esto está claro? Porque esto es fundamental en los tangos: la mina que se va en el tango es la patria ausente.

Entonces, Discépolo escribe uno de los tangos más excepcionales, no sólo de la tanguística, sino de la poética popular de todos los tiempos. Es Que vachaché, del año 1925, que ahora voy a leerles algunos pasajes que los van a sorprender. Enrique Santos Dicépolo dice:

Lo que hace falta es empacar mucha moneda
Vender el alma, rifar el corazón
Tirar la poca decencia que te queda
Plata, plata, plata, y plata otra vez
Así es posible que morfés todos los días
Tengas amigos, casa, nombre, lo que quieras vos
El verdadero amor se ahogó en la sopa
La panza es reina y el dinero Dios

Bueno, hay pocas letras, hay pocos escritores que en la historia de la literatura hayan condensado la desesperación en tan pocas líneas. No hay amor en medio de la miseria. La miseria viene para matar el amor, para matar la amistad, para matar la generosidad. Tampoco hay amor en medio de la ambición, porque donde hay miseria surgen los ambiciosos que vienen a lucrar por la miseria, con la miseria. Entonces, el dinero reemplaza a Dios.

Esta idea, yo no la puedo desarrollar mucho, pero esta idea estaba en Marx. Marx dice: el dinero es aquella mercancía a la cual remiten todas las mercancías. Y el dinero, en el capitalismo, reemplaza a Dios. Entonces, sigue el tango de Discépolo, que es un reproche que le hace la mina al tipo que va a dejar, porque es un gilito embanderado. Gilito embanderado quiere decir que es un tipo con esperanzas todavía y que se embandera en algunas creencias. Pero ella le dice: pero no ves, no ves gilito embanderado (atención, ¡eh!) que la razón la tiene el de más guita.

Acá podríamos hacer un análisis, entre razón y poder, impresionante. Como ustedes verán, como ustedes saben, el poder se consigue a través ¿de qué? De los medios que le permiten a las grandes empresas colonizarle la subjetividad a la gente. Entonces, la razón la tiene el de más guita, porque el que tiene más guita se compra los 20 canales de televisión, las 80 radios, se compra todo, se compra a todos los periodistas, les encarga libros, se compra todo, e impone su verdad como la verdad de todos.

Entonces, la razón la tiene el de más guita. Pensemos esto porque realmente no se puede decir nada mejor sobre el mundo, el mundo de hoy.

3. Los sueños y el fracaso

Durante esta década infame, hay otro tipo de tangos, no solo los de Discépolo. Los tangos de Discépolo son metafísicos, son filosóficos, pero también son sociales, porque no hay metafísica que no surja de una realidad social.

Pero también hay tangos como el de Celedonio Flores, Pan, o Hambre, en el cual un tipo, al estilo de Jean Valjean de Los Miserables, rompe una vidriera y se roba un pedazo de pan. Entonces, el tipo cuando rompe la vidriera dice: ya que no ayuda Jesús, que ayude Satán. Y es un desafío formidable, ustedes fíjense el grito de rebeldía teológico que hay aquí. Dios no ayuda, bueno, me entrego a Satán, porque yo tengo que vivir con Dios o con Satán, y si tengo que vivir con Satán voy a vivir con Satán.

Empiezan los tangos sobre el suicidio. Se habla mucho del suicidio en la década del 30 y son muchos los que se suicidan. Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, son muchos los que se suicidan. Pero el tango recoge esta temática del suicidio. En Tres esperanzas, por ejemplo, de Discépolo, que es de 1932, este poeta genial, dice lo siguiente:

Me he vuelto pa' mirar
Y el pasado me ha hecho reír

Escuchen esta frase.

Las cosas en que he creído
Me cache en dié
¡Qué gil!

Es maravilloso. Acá los compañeros se ríen porque todos ellos han creído en cosas. Todos creímos en cosas que nos han hecho decir a lo largo de los años. Me cache en dié. ¡Qué gil!

Entonces, ¿cómo se complementa esto? ¿Cómo se complementa una frase tan terrible que uno se dice en soledad, interiormente, que se confiesa a sí mismo y se dice: las cosas en que he creído me cache en dié, que gil? Entonces, después de esto se confiesa, somos la mueca de lo que soñamos ser. Yo no sé si usted soñó ser algo distinto de lo que hoy es, pero confronte ese sueño que tuvo con lo que hoy es, y pregúntese si hoy no es la mueca de ese sueño. Usted sabe que es una mueca. Una mueca es un gesto desdeñoso, entre gracioso y desdeñoso, pero expresa el patético fracaso de una vida.

No tenemos que ser la mueca de lo que soñamos ser, tenemos que insistir en ser lo que soñamos ser. No quiero parecer un pastor evangélico, no, no, no. No es fácil esto, pero hay que intentarlo, hay que intentarlo. Las cosas en que creí me caché en dié que gil, por ahí, por ahí, por ahí las puedo volver a creer, y por ahí dentro de 20 años si estoy vivo vuelvo a decir me caché en dié que gil, pero mientras tanto durante 10 años más creí, viví creyendo, tuve esperanzas.

Hay otro tango de Discépolo formidable, Tormenta, voy a leer algunos pasajes porque son irreemplazables, no los puedo comentar. Escuchen este texto porque tiene un desmadre, un descomedimiento, una desmesura increíble:

¡Aullando entre relámpagos,
perdido en la tormenta
de mi noche interminable,
¡Dios! Busco tu nombre.
Lo que aprendí de tu mano
no sirve para vivir.
Yo siento que mi fe se tambalea,
que la gente mala, vive
¡Dios! Mejor que yo...
Si la vida es el infierno
y el honrao vive entre lágrimas,
¿cuál es el bien?

Bueno, es impresionante. Dios, Discépolo le hablo a Dios. Y después va a decir: el creer en vos es dar ventaja. ¿Por qué? Porque los ladrones, los que no tienen moral, los vivillos, los pragmáticos, los aventureros. Esos no creen en Dios, no creen que haya un Dios que los está mirando y los va a juzgar. Nah, les importa un pito eso. La panza es reina y el dinero... Y hay otra cosa que dice Discépolo... Escuchen, escuchen, esta cosa, esta frase es fundamental:

No hay verdad que se resista
frente a dos pesos, moneda nacional.

Entonces viene un tipo y te dice, digamos, en una mesa, política, empresarial, mi verdad es esta. A ver, mire, acá le pongo a usted dos pesos moneda nacional, o más, diez millones de dólares, digamos. Ah, no, tengo otras verdades también, como decía Groucho Marx: estos son mis principios, pero tengo otros.

4. La fiera venganza del tiempo

Uno de los tangos más desesperados de Discépolo, uno de sus tangos más metafísicos, más amargos, que es el paso terrible de los años, es el de 1928: Esta noche me emborracho.

En Esta noche me emborracho, un tipo va por una calle del Bajo y ve salir a la que fue su mina diez años atrás de un cabarute. Entonces, le dice: la vi salir y no pude creer que era ella, porque estaba terriblemente deteriorada. No puedo creer lo que el tiempo hizo con ella. No puedo creer lo que el tiempo hizo con ella. Pero a la vez, a la vez que ve lo que el tiempo hizo con ella... Vamos a ver la cita, vamos a ver la cita. Lo que él dice es, cuando la ve:

Miren si no es pa' suicidarse
Que por ese cachivache sea lo que soy
Fiera venganza la del tiempo
Que nos hace ver deshecho lo que uno amó

Un poeta que escribe fiera venganza la del tiempo es un gran poeta. Lo estudien o no lo estudien en el departamento de letras de la academia yo que sé cuánto. Yo a ese poeta me saco el sombrero. Entonces, fiera venganza la del tiempo que nos hace ver deshecho lo que uno amó. Pero acá, acá hay un movimiento de retorno, porque él que ve a esa mujer deteriorada, erosionada por los años, se ve a sí mismo también. Porque lo que no explicita el tango es qué hace ese tipo a esa altura de la noche en la calle de los cabarutes. Él también, él también está deteriorado por el tiempo.

Entonces, es tal la verdad, es tan enorme la verdad que descubrió esa noche, es tan enorme la verdad del paso del tiempo que lleva inexorablemente a la muerte, porque, y perdón por esta frase, cada día nos parecemos más al cadáver que vamos a ser. Entonces, él ve en ella lo que él es, y termina diciendo una frase monumental, monumental de Discépolo:

Esta noche me emborracho bien
Me mamo bien mamao pa' no pensar

Porque el peligro es pensar. Entonces, la solución es mamarse, pero no solo mamarse, mamarse bien mamado, para no pensar.

Hay otro poeta que es Homero Manzi, poeta sutil, que estuvo en Forja, que luego convergió hacia el peronismo, que escribió un tango que muchos de ustedes deben conocer y que es el bellísimo tango Sur. Sur es el tango de la melancolía del barrio que se fue. Entonces, Homero Manzi dice:

Sur
Ya nunca me verás como me vieras
Recostado en la vidriera
Y esperándote
Todo ha muerto, ya lo sé

Dice: todo ha muerto, ya lo sé. ¿Te acordás, dice, esas noches tibias junto a la vereda? Miren, yo soy bastante veterano, y vivía en Belgrano R, que era un barrio hermoso, y sacábamos las sillas a la calle a la noche. Y el farol, que estaba ahí, le tirábamos piedras al farolito, los pibes, era muy chiquito, a ver quién lo rompía, y estaba el vigilante de la esquina, que era un amigo de la familia.

Todo ha muerto, ya lo sé.

Ese es Homero Manzi, el cantor de las cosas que se fueron. Y las cosas que se fueron es la vida que se fue. Entonces, es la melancolía ante el destino irrevocable del devenir de la vida que termina mal, pero que hay que vivirla bien a pesar de eso.

Brevemente, el tango llega a un momento muy especial con un señor muy especial que se llamó Alberto Castillo. Alberto Castillo es el cantor de tangos del peronismo, y se presentaba con unos trajes ofensivos para la oligarquía. Se decía que era doctor y usaba unas corbatas enormes, y unas solapas enormes, y cantaba unos tangos agresivos. Qué saben los pitucos, cantaba, así se baila el tango, miren qué clase pa' bailar.

Y cantaba otros tangos un poquito conformistas, ¿no?

Yo llegué a mi Argentina
En una noche divina del 54
...
En Buenos Aires
Todo el mundo se divierte
Todo el mundo se divierte
Porque aquí la gente sólo sabe amar

Epa, 1954, ¿todo es amor? ¿y estaban preparando la revolución del 55? Me parece que el muchacho se estaba equivocando un poco.

Discépolo se hace peronista, y en el 51 crea un personaje que se llama Mordisquito, que es un contrera. Entonces a ese personaje le habla Discépolo y Discépolo dice cosas muy hermosas. El problema es que no tenía quien le respondiera porque Perón se había apropiado de todas las radios en un gesto de tremendo autoritarismo.

Claro, lo que pasa es que si no se hubiera apropiado de todas las radios, todas las radios hubieran hablado contra él, en fin, la cosa es compleja. Pero bueno, uno no está de acuerdo con eso. Pero Discépolo, a Mordisquito le dice, ¿vos ves mendigos en las calles? ¿vos ves mendigos en las calles ahora? Le dice. El portland reemplazó al viejo barrio de tango lleno de barro. Yo, que fui tanguero, no quiero más barro, me gusta el portland. Ahora los umbrales no son para los mendigos, son para los novios. Y la música que se escucha es el chamamé de la buena digestión.

Chau.