Los primeros 100 años del país se recibieron en estado de sitio y en un clima que no pudo disimular el conflicto social. La prosperidad de la clase dirigente, la ola inmigratoria, la resistencia de los sectores populares, el diseño de una identidad nacional a medida y el ejercicio de la exclusión como política sistemática.
En 1910, la República Argentina festeja el primer centenario de la Revolución de Mayo.
Consolidados el modelo agroexportador y la centralidad de Buenos Aires, el granero del mundo celebra su riqueza y su inserción en la economía mundial como país productor de materia prima. Para los festejos se organizan desfiles, ferias y exposiciones. La ciudad de Buenos Aires se prepara para recibir visitas ilustres de todo el mundo. Se remodelan las plazas, se levantan monumentos, se embellecen los edificios públicos y se iluminan las avenidas.
Sin embargo, los conflictos sociales atraviesan los festejos. El asesinato de Ramón Falcón en 1909 a manos del anarquista Simón Radowitzky, la huelga general declarada por la FORA en mayo de 1910, el atentado en el Teatro Colón en junio de 1910, indican que no todo es orden y prosperidad en la París del Plata.
Este es nuestro encuentro número 10. Es decir, llegamos a nuestra decena. En este encuentro número 10 nos vamos a ocupar del primer centenario de la República Argentina, que coherentemente se festeja en 1910.
En 1910, las clases dirigentes de la Argentina gozaban de una enorme prosperidad y sobre todo de una enorme fe en el destino del país. La Argentina estaba destinada a ser el granero del mundo. Ustedes habrán escuchado mucho esta frase, el granero del mundo, porque Inglaterra iba a ser el taller del mundo.
Hay una frase célebre de José Hernández en Instrucción del estanciero que dice: un vellón de oveja vale tanto como una locomotora. Es decir, que es igual la producción primaria que la producción fabril. El país se va a dedicar entonces a la producción primaria. La producción primaria es fácil. La producción primaria solo hay que recogerla del suelo. Porque la producción primaria es el trigo, o sea, las actividades agrarias y las actividades ganaderiles.
Es así que el centenario es la fiesta, el jolgorio jubiloso de la oligarquía agroganadera. Pero hay problemas en la Argentina, hay problemas. Porque ha llegado la chusma inmigratoria, tal como hemos visto que la llama la oligarquía. La oligarquía argentina ya había derrotado a los gauchos, ya había derrotado a los indios, pero al hacerlo el territorio queda despoblado. Y Alberdi larga la consigna, gobernar es poblar. Y nunca se casó, pero larga esa consigna, gobernar es poblar.
Y como gobernar es poblar, lo que se hace es traer a todos los inmigrantes posibles del viejo mundo con la esperanza, la certeza de que van a venir los mejores, los sajones, los de la colonia escocesa que Sarmiento describe en el Facundo. Pero no vienen, no vienen esos, vienen los que la oligarquía argentina, las clases que dominan en la Argentina, van a llamar la chusma ultramarina, que son los italianos, los gallegos, los polacos, los judíos, los rusos, y en fin, todo eso que hizo la Argentina contemporánea.
Miguel Cané es uno de los que más se preocupa por esta invasión chusmática ultramarina, porque Miguel Cané teme que el grupo patrio, el grupo patricio, el grupo original, se pierda. Y dice: los argentinos cada vez somos menos, tenemos que velar sobre nuestro círculo. Y dice, en una carta a un amigo, dice: cualquier sacasuelas democrático, es decir, cualquier tipo de la chusma ultramarina que se haya enriquecido con el negocio de las suelas, es decir, un zapatero, va a poder entrar en uno de nuestros salones, dice horrorizado Cané, tropezando con los muebles, y va a posar su mirada impúdica sobre una de nuestras inocentes vírgenes, y esa inocente virgen, en su inocencia, quizás se le entregue, debemos impedirlo.
Ustedes verán la paranoia sexual de Cané, que estaba, digamos, para un tratamiento psiquiátrico inmediato, pero bueno, en ese momento no lo había y la Argentina todavía no se había acostumbrado tanto al diván, pero Cané lo merecía de inmediato. También es muy posible que esa inocente criatura de los salones oligárquicos estuviera muy aburrida de los tipos como Cané, y cuando entrara un tosco, bruto, sacasuelas, se fascinara ante la brutalidad de este tipo, porque quizás la niña inocente no fuera tan inocente como creía Cané. Esto es lo más probable.
Pero digamos que, aparte del apetito sexual que Cané supone que traen estas clases ultramarinas, lo peligroso es que traen las llamadas ideologías foráneas. Ustedes estarán hartos, bueno, la Argentina se ha construido denunciando a las ideologías foráneas. Esta vez las ideologías foráneas son el anarcosindicalismo que traen de Europa justamente quienes profesan esta ideología anarquista.
Entonces, lo que siente la clase oligárquica que Cané representa es que la identidad nacional se está perdiendo. Como la identidad nacional se está perdiendo (atención aquí, porque esto es pensar nuestro país), como la identidad nacional se está perdiendo, ¿qué hace la oligarquía? Toma al gaucho, al que eliminó, al que liquidó, toma al gaucho, y lo pone en la centralidad de la mitología nacional como la figura esencial de la patria. Esto lo hace Lugones en su libro El payador.
La maniobra que se hace con el gaucho es una maniobra ideológica que hacen las clases dominantes ante la invasión ultramarina.
Es decir, vienen todos los gringos de afuera y la oligarquía argentina dice: caramba, con todos estos anarquistas, todos estos gringos que se vienen, vamos a perder, vamos a perder nuestra propia identidad, porque además vienen con los sindicatos, fundan la FORA, son peligrosísimos. Tenemos que tener una identidad, tenemos que tener una figura en la cual se encarne la identidad nacional.
Y eligen fabricar al gaucho. Pero no al gaucho de las montoneras argentinas, no al gaucho que comandaba Juan Facundo Quiroga en el Facundo de Sarmiento, no. Al gaucho manso, al gaucho obediente, al gaucho bueno, al gaucho de la gauchada, al gaucho que toca la guitarra, al gaucho, digamos, del Santos Vega.
Entonces, lo que hace Lugones en El payador es justamente esta maniobra ideológica. No, miren, ustedes son inmigrantes, vienen de otros países, pero nosotros tenemos una tradición nacional y esa tradición nacional se encarna en un ser generoso, libre, porque atraviesa la pampa. Entonces es libre porque atraviesa toda la pampa y Ricardo Güiraldes escribe Don Segundo Sombra. Y Don Segundo Sombra es un tropero, es decir, es un gaucho que trabaja bajo patrón. Pero Güiraldes dice: Don Segundo es libre porque su oficio de tropero lo lleva de un lado a otro. Entonces, dice: el gaucho es ante todo la imagen de la libertad.
Entonces esta es la maniobra que se hace. Se odia a los inmigrantes en nombre del gaucho y al gaucho se lo liquidó, se lo exterminó, pero ahora el peligro son los inmigrantes. ¿Qué se hace con estos inmigrantes? Estos inmigrantes son muy peligrosos. ¿Por qué? Son muy peligrosos porque traen estas ideologías libertarias, y como va a decir Viñas, y lo decimos todos los que estamos de acuerdo en esta posición, el estado liberal nace en la Argentina basado en la violencia que las clases, o la clase que ejerce el dominio político desde ese estado liberal, la violencia que ejerce sobre todos los otros grupos restantes que hay en el país.
Así se consolida el país. Esta es la realización de las utopías de Sarmiento, quien, sin embargo, Sarmiento, Alberdi, se desilusionan mucho de la Argentina del 80. Para Sarmiento, dice: esta oligarquía con olor a bosta de vaca, esta oligarquía que no sabe otra cosa más que criar reses. Entonces, Sarmiento muere desilusionado de la clase que él ayudó a llevar al poder.
Entretanto, Miguel Cané, que era un muy, muy, muy grave paranoico, está viendo el avance de la ola roja. La ola roja es lo que también llaman la Hidra Internacional. La hidra es un monstruo de muchas cabezas y cada cabeza que se le corta la hidra vuelve a crecer. Esta es la expresión que tienen del socialismo los sectores dominantes.
Entonces, no van a ser concesiones al socialismo, porque todas las que han hecho son vanas. Al contrario, viene la ley de residencia y viene la represión. La ley de residencia de Cané de 1902, y por esa ley de residencia se va a expulsar del país a todo aquel que sostenga ideologías contrarias al ser nacional.
La ley de residencia fue muy temida por muchos de los inmigrantes que habían llegado al país, porque eran expulsados inmediatamente. Entonces, estos anarquistas que vienen a este país llegan belicosamente, ¿no? Porque los que tienen una ideología realmente anarquista hacen huelgas. Y hay una huelga terrible, que es terriblemente reprimida por el policía Ramón Falcón. A su vez, a Ramón Falcón lo revienta con una bomba Simón Radowitzky, y Radowitzky es enviado a Ushuaia, pero es ya un atentado muy sanguinario, Juan Lartigau también, que era el secretario de Ramón Falcón, muere, y el primer centenario en la Argentina, la oligarquía lo festeja en estado de sitio.
O sea, que no lo puede festejar tranquila. Su triunfo requiere el control absoluto de todo el resto de la sociedad. Así no se puede festejar nada. Así el festejo es muy pequeño. Festejar bajo estado de sitio es festejar bajo el miedo.
Entre los más importantes hombres de la generación del 80 está uno muy conocido por nosotros, que es Miguel Cané, del cual hemos hablado.
Miguel Cané escribe el texto este Juvenilia. Todos hemos leído Juvenilia. ¿Por qué tuvimos que leer Juvenilia de un tipo tan detestable? ¿Por qué nos obligaron durante toda nuestra vida y a todas las generaciones a leer obligatoriamente el texto de un señor que lanzó la Ley de residencia, que escribió ese texto sobre los inmigrantes, en fin, un señor poco agradable.
Hay un texto de Werner Pertot que se llama La otra Juvenilia y que habla también de la generación del Colegio Nacional de Buenos Aires que fue reprimida bajo la dictadura militar. Así como la generación de Cané se educó entre 1863 y 1870, sus descendientes, que fueron todos señores de las clases altas, sus descendientes tuvieron un ejército terriblemente impiadoso que efectivamente entró en el Colegio Nacional Buenos Aires en la década del 70, 76, a reprimir, y los jóvenes desaparecidos del Colegio Nacional Buenos Aires suman 112 jóvenes estudiantes que han desaparecido del Colegio Nacional Buenos Aires. Edades, 14 años, 16 años, 17 años más no podían tener. Esa es la otra Juvenilia.
Cané termina el texto este en el cual visualiza al salvaje inmigrante que va a violar a la inocente niña, clamando honor y respeto a los restos de nuestro grupo patrio. Él representa al grupo patrio. El grupo patrio siente que cada día los argentinos disminuyen, porque los argentinos son sólo los argentinos patricios, los del grupo patrio.
Los inmigrantes que han venido... A esos se les ha prestado la casa, pero la casa tiene dueño, la casa tiene como dueños a los del grupo patrio, a los patricios. Dice Cané: salvemos nuestro predominio legítimo. Este tema de la casa tomada es muy importante, porque lo que va a tratar siempre las clases hegemónicas, las clases oligárquicas, es de que no le tomen la casa. El momento más terrible de tomar la casa es con el peronismo, cuando vienen todos los migrantes, Y luego, un momento terrible es el del 25 de mayo de 1973 con el gobierno de Cámpora, pero esa es otra historia.
Entretanto, Cané pide: cerremos el círculo, cerremos el círculo patrio y velemos sobre él. Es decir, que no entren donde estamos nosotros. ¿Qué pasa con el texto de Cané? La culta Buenos Aires se siente amenazada. Se siente amenazada ahora por la barbárica inmigración. En realidad, la barbarie ha tomado distintos rostros para la civilización en la Argentina.
Primero fueron los gauchos federales, después fue la inmigración (la chusma inmigratoria), después fueron los migrantes internos del peronismo (los cabecitas negras), después fueron los jóvenes de la juventud peronista de los años 70, masacrados en los campos de concentración. Y ahora, ahora es difícil saber quiénes son, pero se le tiene mucho miedo a algo que se le llama la delincuencia y que en realidad hay que llamar, más que delincuencia, son los excluidos, los marginados, son los pobres que la ambición del capitalismo salvaje de los 90 creó. Es la vieja clase obrera que ya no tiene trabajo, y como no tiene trabajo se transforma en delincuencia. Entonces, en lugar de darles trabajo, piden que se los reprima, y a eso le llaman seguridad.
La oligarquía argentina no era ni siquiera burguesa, no era ni siquiera patricia ni aristocrática. La oligarquía argentina era una clase que había surgido al calor de la abundancia de sus campos. Carecía del dinamismo y la agresividad de la burguesía. La burguesía europea es el ejemplo de una burguesía. La burguesía europea se entrega a la fabricación de máquinas, es el taller del mundo. Es decir, la burguesía europea construye máquinas. La oligarquía argentina no construye nada, incorpora algunas máquinas al agro, pero el 10% (ustedes escuchen esto, por favor escuchen esto), el 10% de las exportaciones lo dedica a viajar, es decir, al goce improductivo.
Entonces, tenemos una clase que vive de la abundancia de sus campos. Y se llama a sí misma el granero del mundo, pero el granero del mundo, como no tiene valor agregado, va a ser derrotado por completo por las mercancías en la década del 30. Y el granero del mundo se va a destruir. Entonces, esta clase ociosa, dispendiosa, dedicada al goce fácil y a construir palacetes franceses, va a entender que construir un país es una cosa y construir una ciudad es otra.
Construyó solamente una ciudad para su propio goce, pero no supo construir un país.
Se festeja entonces el primer centenario.
El primer centenario es tirar la casa por la ventana, porque esta gente tiene mucho dinero. Ha ganado mucho dinero porque ha vendido mucho trigo, ha vendido mucho ganado, y se lo han apropiado unos muy pocos personajes, familias. Son muy pocos los que se apropian de la gran riqueza argentina que se vende al exterior.
Se festeja el centenario bajo estado de sitio, pero bueno, esta clase está totalmente acostumbrada a reprimir, que no la joroben. Además, desde el cielo, el cometa Halley ilumina la escena argentina, como si fuera un gran cenital que dice: aquí está, este es el gran país del sur que se presenta ante el mundo y festeja su primer centenario. Vienen las visitas ilustres, viene la infanta Isabel, viene Blasco Ibáñez, viene Rubén Darío, y Rubén Darío escribe un canto (o himno) a la Argentina.
A Rubén Darío le decían el divino Rubén, ignoro por qué, ¿qué trato tendría Darío con la divinidad como para que le dijeran el divino Rubén? Salvo que alguna diva nacional le dijera: ay, sos divino Rubén. Pero no creo que eso hubiera ocurrido en ese momento. Pero bueno, le decían el divino Rubén. Y escribe un himno a la Argentina que dice: hay en la tierra una Argentina. Empieza optimista. He aquí la región del dorado. ¿Cuánto le habrán pagado para que escribiera esto? He aquí el paraíso terrestre. Esto es maravilloso. No me digan que no es maravilloso. He aquí el paraíso terrestre. ¿Se dan cuenta? Díganme, díganme con sinceridad, ¿ustedes qué piensan? ¿Estamos en el paraíso terrestre? ¿Hemos vivido en el paraíso terrestre? Bueno, Darío lo dice. Este es el paraíso terrestre.
Lugones, por otra parte, Leopoldo Lugones, escribe una oda a los ganados y las mieses. Ustedes observen que la oda es precisa, exactísima: a los ganados y las mieses. Es decir, a lo que se considera lo fundamental de la riqueza argentina, la producción primaria, los ganados y las mieses. Y Leopoldo Lugones escribe lo siguiente:
Si anda, parece que en su marcha pende el talego del rico. Si reposa su aspecto familiar de cofre tosco, es la seguridad del pobre, la honda paz de los campos en su ser vegeta.
Allá la vaca fértil como el campo
Su substancia elabora
En el músculo, en la ubre y en la pella,
Con una grave plenitud geórgica.
Si anda, parece que en su marcha pende
El talego del rico; si reposa,
Su aspecto familiar de cofre tosco
Es la seguridad del pobre. La honda
Paz de los campos en su ser vegeta
Bueno, no se rían, pero esto lo escribió en serio Leopoldo Lugones.
Yo siempre suelo decir que hay un filósofo, Martín Heidegger, que se pasó su vida preguntándose por el ser. Heidegger dijo que la filosofía debía volver a la pregunta por el ser. Así empieza Ser y tiempo, su obra fundamental de 1927. Lo que no sabía Heidegger es que ya Lugones había descubierto que el ser vegetaba en el interior de la vaca.
En el centenario sigue vigente la ley de residencia, estalla una bomba en el Colón. Gravísimo, ¿eh? ¿Cómo poner una bomba en el Colón? ¿Cómo poner una bomba en la centralidad de la cultura argentina? Entonces, hay diputados que le echan la culpa a los anarquistas. Sobre todo, Manuel Carlés, que es el jefe de la Liga Patriótica Argentina, formada por bandas de chicos bien de la oligarquía, por supuesto, los chicos bien, que piden castigo y expulsión de los anarquistas.
En 1919 hay una huelga obrera y estos chicos de la Liga Patriótica hacen un pogrom. Atención, señores de la colectividad judía. El primer pogrom, el único pogrom de la Argentina, lo hicieron los niños bien de la oligarquía. Bueno, así eran los muchachos de Manuel Carlés: fascistas, racistas, desdeñables. Era una triple A, digamos, oligárquica.
Después de la bomba en el Colón las clases hegemónicas de la Argentina demuestran tanto coraje que hacen una función al día siguiente. O sea, la oligarquía tiene coraje, tiene pelotas, hace una función al día siguiente. A nosotros no nos van a asustar esos anarquistas. Nosotros somos un país de machos, ya lo hemos demostrado, liquidamos a todos los que había que liquidar, y si hay que seguir liquidando, vamos a seguir liquidando. Así que hacemos una función en el Colón. Somos los dueños del país, señores, somos los dueños del país.
Esto lo dijo muy claramente un señor muy, muy, muy, muy, un hombre muy, muy del agro, muy, muy de campo, dijo, a mí, mi maestra de historia me enseñó que a este país lo hicieron la iglesia, el ejército, y el campo. Bueno, eso te lo habrá enseñado tu maestra, pero no es así.
A este país lo hicieron sobre todo los gauchos, los pobres, los indios desplazados, los anarquistas, los inmigrantes, los negritos peronistas, y muchos, muchos más, y somos muchos más los que lo estamos haciendo con esfuerzo, con pasión, con dolor, con imaginación, haciendo este país doloroso, pero tal vez espléndido también, porque pese a todo lo queremos mucho.
Hasta luego.