Si las ideas del liberalismo integrado pueden asociarse con Alberdi, las del liberalismo excluyente le pertenecen a Sarmiento. Comentarios sobre su obra principal, Facundo, y sobre lo que será la materia prima de una verdadera literatura nacional.

Domingo Faustino Sarmiento nace en febrero de 1811 en la ciudad de San Juan. A los 5 años inicia su escolaridad en la Escuela de la Patria, y en 1825 comienza a ejercer como maestro en San Luis.

En 1829 se integra al Ejército Unitario y combate contra las tropas de Facundo Quiroga. Frente a las sucesivas victorias del caudillo riojano, Sarmiento se exilia en Chile y regresa en 1836. Enfrentado con el gobierno de su provincia y con el régimen rosista, en 1840 vuelve a confinarse en Chile.

En 1845 empieza a publicarse el Facundo, en el diario chileno El Progreso. En octubre, enviado por el gobierno chileno, inicia un viaje a Europa, Estados Unidos, y otros países de América, para estudiar los diferentes sistemas educativos. Regresa a Argentina en 1851. En los años siguientes se desempeña como senador, ministro de Relaciones Exteriores y gobernador de San Juan.

En 1868 asume la presidencia de la República. Finalizado su mandato, se desempeña en diferentes cargos vinculados a la educación. En 1888 se instala en Paraguay. Muere en Asunción el 11 de septiembre de ese mismo año.

1. Las ideas no se matan

Nos vamos a ocupar hoy de la figura de Sarmiento y de un momento muy trascendente en su vida, porque lo llevó a la escritura del Facundo.

Sarmiento va hacia Chile huyendo de San Juan. Se va de San Juan porque es perseguido por las tropas del caudillo federal Nazario Benavídez. Nazario Benavídez era un caudillo federal que estaba a las órdenes de don Juan Manuel de Rosas. Estamos hablando del año 1840, más o menos. Y en este sentido, Sarmiento lo incomodaba mucho. Y Sarmiento tiene una reunión con Nazario Benavídez y Nazario le dice que mejor se vaya, porque si no lo va a tener que matar.

Efectivamente Sarmiento se va y su ida de San Juan es célebre, porque cuando pasa por los baños de Zonda, escribe una leyenda en francés, es decir, la escribe para que los gauchos no la entiendan, la escribe para que los gauchos sientan que son bárbaros, brutos, incivilizados. O sea, esta leyenda que está dirigida a los gauchos, a la vez, está dirigida en francés para que no la entiendan.

Entonces, lo que Sarmiento escribe es On ne tue pas les idées. O sea, esto ha sido traducido de muchas maneras, pero textualmente es: las ideas no se matan. El mismo Sarmiento, en el libro, lo traduce de un modo muy especial: a los hombres se los degüella, a las ideas no. En realidad, el hecho de degollar a los hombres ha sido muy efectivo para eliminar las ideas. Convengamos que esto de que Sarmiento diga a las ideas no se las degüella, cualquier degollador le diría: yo no quiero degollar las ideas, con degollar a los hombres, los hombres que son los que tienen ideas, si yo los degüello, ya no tienen ideas. O sea que es un acto, el de Sarmiento, de tener una enorme confianza en las ideas. Es decir, que las ideas continúan aunque los hombres sean degollados. Pero, además, en otras traducciones aparece la palabra bárbaros. A los hombres se degüella, a las ideas no.

Bueno, Sarmiento cruza a Chile donde reina la libertad y donde cree que se va a sentir muy bien, y efectivamente se siente muy bien en Chile, y publica una biografía del fraile Félix Aldao. El fraile Félix Aldao es un personaje célebre porque es el que en El poema conjetural derrota a Narciso Laprida en la batalla en la cual Narciso Laprida es ultimado por eso que Borges llama el íntimo puñal, que le entrega la certeza a Laprida de su destino sudamericano. La biografía de Aldao es muy buena y revela a la vez algo muy importante. Ustedes observen la pasión de Sarmiento por estos tipos azarosos, violentos, sanguíneos.

Sarmiento escribe las biografías de Aldao, Quiroga y el Chacho. Después escribe alguna biografía de Horace Mann, pero no escribe las biografías ni de Echeverría, ni de Rivadavia, ni de Mariano Moreno, ni de Castelli. No escribe las biografías de los porteños ilustrados, escribe las biografías de aquellos que para él son bárbaros, salvajes, porque sabe que esa es la materia prima de una verdadera literatura nacional. Porque lo que Sarmiento advierte como escritor latinoamericano, que él quiere ser, es que, por ejemplo en Aldao y en Quiroga, a quien califica como la figura más americana de la revolución, en esas vidas azarosas, en esas vidas tremendamente violentas y originales, está la materia de una literatura nacional.

El objetivo del libro que va a escribir, que es el Facundo, consiste en demostrar la barbarie del régimen de Juan Manuel de Rosas a través de la barbarie de Juan Facundo Quiroga, el caudillo federal.

2. Civilización y progreso

El concepto fundamental que va a manejar Sarmiento en el Facundo, libro que comienza a publicar en forma de folletín en el diario El Progreso de Chile a partir de 1845, va a ser el de civilización y barbarie. Este era el concepto con que se manejaba el colonialismo del siglo XIX.

¿Cuál es la característica del colonialismo capitalista? El colonialismo capitalista se desarrolla en base a valores. Por ejemplo, el imperio romano, cuando conquistaba un territorio, no decía que llevaba con su conquista la racionalidad del progreso, el avance de la historia, no. Le estaba diciendo a la gente de ese territorio que tenía la distinción, el honor, la gloria de pertenecer a justamente la grandeza de Roma. Pero desde el descubrimiento de América, con Cristóbal Colón en 1492, cuando comienza el sistema capitalista que comienza a globalizarse, ya ahí el desembarco de los españoles en América viene con el valor de la evangelización. Ese es el gran valor. Les traemos el alma, les dicen a los indios, si ustedes aceptan que nosotros los evangelicemos, ustedes van a tener un alma. Si no lo aceptan, los vamos a matar. Y bueno, efectivamente parece que hubo entre 30 millones y 50 millones de indios de América que no aceptaron ser evangelizados, ya saben el destino que tuvieron.

Pero lo que quiero marcar es que el colonialismo capitalista a partir de ahí siempre se presenta con la idea de progreso. Donde entra el colonialismo capitalista, entra el progreso, entra la civilización, entra la razón, entra la cultura. Entonces, Sarmiento toma esto.

Lo excepcional que tiene el Facundo de Sarmiento es que se trata de un libro con la ideología del conquistador, pero escrito por un hombre de la élite del país colonizado.

La cuestión es que lo que se desarrolla es la civilización occidental. La civilización occidental tiene que ocupar el mundo, porque al ocupar el mundo lo civiliza, lo hace entrar en la senda del progreso, de la cultura. Ahí donde entra el poder occidental, por ejemplo, los ingleses en China, los ingleses en la India, los ingleses en Irlanda, sobre todo los ingleses, que Inglaterra fue la gran potencia que casi delineó todos los países del siglo XIX, pero también los franceses en Argelia, con un general Bugeaud que hace su presentación en Argelia quemando vivos a 500 argelinos para demostrar cómo funcionaba la racionalidad francesa si se oponían a ella.

Entonces, lo que hace Sarmiento es incorporar este concepto de civilización. Donde entra Europa, entra la civilización. Nosotros, los hombres de Buenos Aires, los hombres cultos, los hombres que nos hemos formado con las ideas europeas, somos la civilización. Los hombres del interior, los gauchos, los hombres de las campañas, los hombres que no conocen las ideas europeas, son la barbarie.

¿Qué es la barbarie? La barbarie es lo otro. La barbarie es lo inintegrable por la civilización. El antagonismo civilización y barbarie nunca se resuelve en la historia argentina. Está planteado por Sarmiento en el Facundo y no se resuelve más. Hoy no está resuelto, hoy no está resuelto. Hoy la opulenta ciudad de Buenos Aires es la que se asume como la civilización y todo el conurbano es lo que es considerado barbárico.

Y también en París, cuando se teme la invasión de los expulsados por el sistema, los musulmanes que no tienen trabajo y que han incendiado París en una oportunidad, y vaya a saber cuántas veces lo van a hacer. Porque la civilización occidental cada vez tiene que levantar más muros, más muros, para seguir manteniéndose. Cayó el muro de Berlín pero se levantaron montones de muros. Estos muros son los que levantan los civilizados para que los bárbaros no entren en los dominios de la civilización.

Entonces, el libro de Sarmiento se llama Civilización y barbarie, o sea, dos conceptos totalmente antinómicos. Antinómicos. Una cosa es la civilización, que es la cultura, es la racionalidad, son las ideas, es el progreso, es eso que se llama el tren del progreso. Y otra cosa es la barbarie, que es la campaña, que es el atraso, que son las viejas costumbres del federalismo precapitalista, precapitalista, esto incluso lo va a decir el propio Marx, y a la barbarie hay que combatirla y hay que liquidarla y hay que derrotarla. No hay comprensión con la barbarie, no hay arreglo posible con la barbarie en el siglo XIX. Sarmiento se conoce con el general Bugeaud en Argelia, y el general Bugeaud le dice: a la barbarie hay que combatirla con la barbarie, y Sarmiento le hace caso.

3. Vida del Chacho

La actitud de Buenos Aires con el interior fue de exterminio, no fue ni de negociación, no intentó ser de integración. El que intentó una interpretación integradora de la relación entre Buenos Aires y las provincias fue Juan Bautista Alberdi cuando era ministro de Relaciones Exteriores de Urquiza.

Pero Urquiza, he aquí el personaje esencial de la derrota del federalismo en la Argentina, de la frustración del sentido lateral que los caudillos federales pudieron haberle dado a nuestra historia, que careció de ese sentido lateral, empobreciéndose terriblemente por no contar con todo lo que ese caudillaje del interior podía entregarle a la vitalidad y a la riqueza de este país.

Pero no es así como ocurren las cosas porque Urquiza en la batalla de Pavón, que es una batalla decisiva, se retira cuando tenían la batalla ganada. Entonces, Felipe Varela, López Jordán, le dicen: general, tenemos 500 jinetes que si atacan en el flanco de Mitre, los derrotamos. No, no, no, dice Urquiza, nos volvemos. Y le deja la batalla a Mitre.

Al dejarle la batalla a Mitre, Mitre, controlado Urquiza, se siente dueño de todo el país, y desde Buenos Aires decide iniciar lo que él llama una guerra de policía. ¿Qué es una guerra de policía? Una guerra de policía consiste en no considerar al enemigo como parte de las leyes de la guerra. Ustedes saben que la guerra tiene ciertas leyes que intentan tornarla más humanitaria. Esas leyes, en general, no han servido para nada, porque el gran teórico de la guerra, que es von Clausewitz, ha dicho que cualquier sentimiento de humanidad o de piedad os hará más débil frente a un enemigo que no lo tenga.

Entonces, Mitre dice: guerra de policía. O sea, vamos a considerar salteadores a todas las montoneras federales que encontremos en el interior. ¿Qué es lo que pasa? Hay un arrasamiento total de las montoneras gauchas que tiene su expresión principal cuando el mayor Irrazábal le clava una lanza a Ángel Vicente Peñaloza, le cortan la cabeza, y la clavan en una pica en la Plaza de Olta. La Plaza de Olta es hoy llamada la Plaza del Federalismo, y Ángel Vicente Peñaloza es uno de los caudillos que el interior de la Argentina, desconocido por los porteños, es uno de los caudillos más queridos en el interior del país, que ha sido un territorio derrotado.

Mitre escribe frases terribles, por ejemplo, si Sandes mata gente, Ambrosio Sandes, si Sandes mata gente, déjenlo, es un mal necesario. Esta es una frase que Mariano Grondona va a escribir en un texto que se llama Meditación del elegido, en diciembre de 1974, en su revista Carta Política, a propósito de López Rega, donde dice: López Rega está haciendo lo que hay que hacer, déjenlo, alguien tiene que hacer esa tarea. Lo mismo dice Mitre de Ambrosio Sandes. Si Sandes mata gente, déjenlo, es un mal necesario.

Entonces Sarmiento, cuando el Chacho es derrotado, escribe una Vida del Chacho. En esa Vida del Chacho, Sarmiento explicita toda su teoría del aniquilamiento de las montoneras gauchas, considerándolas fuera de las leyes de la guerra. A esta Vida del Chacho le responde el federal José Hernández con un texto que también se llama Vida del Chacho y que comienza diciendo: los salvajes unitarios están de fiesta. Ustedes observen lo interesante, es que el lenguaje que utiliza José Hernández es el mismo lenguaje con que los de Buenos Aires se dirigen a los federales, porque los trata como bárbaros. Es decir, el concepto con que Hernández trata a los porteños es el de barbarie. Los porteños son bárbaros, son bárbaros porque han matado al más grande de los caudillos del interior. Es decir, el partido que evoca la civilización y el progreso es un partido de asesinos, dice Hernández, porque han matado cobardemente a este hombre ya casi viejo, le han cortado la cabeza, etcétera, etcétera.

Entonces, Hernández, José Hernández, en el texto, en su texto sobre la Vida del Chacho, José Hernández, el autor del Martín Fierro, el que va a escribir el Martín Fierro, pero aquí es un federal que está del lado de Ricardo López Jordán, escribe: maldito, maldito, mil veces maldito sea el partido envenenado con crímenes que hace de la República Argentina el teatro de sus sangrientos horrores. Es una prosa violenta, es una prosa agresiva, es una prosa que es como una bofetada en la cara de la ciudad puerto, orgullosa, que se cree depositaria de la cultura.

No, dice José Hernández, malditos sean, mil veces malditos, porque ustedes, ustedes son asesinos. Durísimo, durísimo.

4. Buenos Aires y la razón occidental

Todo esto que estamos diciendo puede ser resumido en ideas fundamentales. Acá hay pensamiento. Este es el pensamiento nacional.

¿Cuál es el pensamiento de Buenos Aires? El pensamiento de Buenos Aires es el pensamiento de la razón ilustrada europea. Europa considera que expandiéndose, expande los valores de la civilización occidental. Buenos Aires considera que ella, en tanto ciudad ilustrada, expresa esos valores de la civilización occidental, expresa la cultura, expresa la filosofía occidental, es decir, aquella que hace de la cultura el ser del hombre.

El hombre es hombre porque se hace a través de la cultura. Pero los que no se hacen a través de la cultura son los bárbaros, porque los bárbaros son la negación de la cultura. Y para matar a otro hay que considerarlo ajeno a la cultura. Y ajeno a la cultura es ajeno a la condición humana. De aquí que Mitre haya llamado guerra de policía al exterminio de los gauchos.

Pero aquí, aunque Mitre no lo supiera, se estaba basando en los grandes publicistas franceses, y aún se estaba basando en la crítica que hace Heidegger a partir de su análisis de Descartes, del tecnocapitalismo. Heidegger dice: el hombre ha olvidado al ser para entregarse al dominio de los entes. Entonces, ¿qué hace Buenos Aires? Lo que hace Buenos Aires es entregarse al dominio de los entes. Y hay un discurso de Mitre excepcional sobre el capital británico, y lo dice en inglés, y termina diciendo: brindo, brindo por la fecunda unión entre el capital británico y el esfuerzo argentino.

Entonces, esta unión entre esa Inglaterra, taller del mundo, Francia, centro cultural del mundo, y Buenos Aires, centro cultural y económico que incorpora a nuestro país las ideas europeas, es todo un gran movimiento de una misma razón, que es la razón occidental que se va expandiendo y en la medida que se expande incorpora a los pueblos bárbaros a la civilización. Esta es la filosofía que late detrás de todo esto.

También en un texto como Amalia, de José Mármol, de 1851, que es un texto muy interesante, hay toda una concepción filosófica que Mármol toma, sobre todo, de Sarmiento. Mármol había leído muy atentamente a Sarmiento, pero Amalia es una novela muy apasionante. Si uno la lee como una novela, realmente se entretiene mucho, porque están los malos, que son los mazorqueros, y están los buenos, que son los unitarios, finos, delicados, de tez blanca, según, como dice Mármol, el ideal romántico del siglo. Amalia es una novela que muestra el enfrentamiento entre las clases altas y la persecución a que Rosas somete a estas clases privilegiadas.

¿Cómo las somete Rosas? Las somete por medio de dar la importancia a clases como los gauchos, los negros, e incluso los indios, pese a que Rosas hizo una excursión punitiva contra los indios. Pero lo que no toleran las clases altas es la importancia que los negros cobran dentro del esquema político rosista. Y los negros eran los sirvientes, sirvientes así, sin vueltas, los sirvientes que estaban en las casas de las familias adineradas. Y estos sirvientes eran delatores, eran delatores. Entonces, las clases adineradas, las clases altas, le tenían miedo a estos negros, porque eran los negros del restaurador de las leyes y fácilmente delataban a las familias de bien, a las familias de alcurnia, a las familias patricias, a las familias que representaban el avance de la civilización en la Argentina.

Pero Rosas, Rosas, para esta gente era un populista, un populista. Ustedes saben que las clases altas odian a los populistas. Porque, claro, odian al pueblo. Y lo que hacen los populistas es mezclarse con el pueblo. Pero contra Rosas, por supuesto, se subleva la gente del Partido Unitario, que son los que habían hecho el Salón Literario y emigran hacia Montevideo. Caído Rosas, cuando Urquiza derrota a Rosas en la batalla de Caseros y Rosas huye... Qué notable esto, ¿no? Los dos grandes caudillos populistas de la Argentina huyeron de la batalla final. Rosas huye de Caseros hacia Inglaterra y Perón huye, en la famosa cañonera, hacia el Paraguay.

Bueno, después de la caída de Rosas, los unitarios se adueñan de Buenos Aires y se inicia el período que se llama de la organización nacional. En ese periodo, Buenos Aires va a tratar de parecerse a Europa todo lo que pueda, porque Europa es el camino de la civilización, el tren de la historia.