Las ideas de Alberdi representan las bases del primer liberalismo argentino. Un liberalismo integracionista, muy diferente al que propone Sarmiento y que provoca desagrado entre los sucesivos gobernantes del país. Cuál fue la severa crítica de este intelectual tucumano a la Revolución de Mayo, por qué hablaba de democracia bárbara y cómo era su enfoque federalista.
Juan Bautista Alberdi nace en Tucumán en agosto de 1810. A los 14 años llega a Buenos Aires para estudiar en el Colegio de Ciencias Morales, y continúa sus estudios en la Universidad de Buenos Aires y en Córdoba.
A partir de 1835, junto con otros intelectuales como Esteban Echeverría, Juan María Gutiérrez, y Vicente Fidel López, participa del Salón Literario en donde se intenta un abordaje intelectual de la situación del país. En 1837, a los 26 años, escribe el Fragmento preliminar al estudio del derecho, un intento de colaboración con el gobierno de Rosas que no tiene éxito. En 1838, perseguido por el régimen rosista, Alberdi se exilia en Montevideo, desde donde realiza fuertes críticas al gobierno de Rosas. A partir de 1855 reside en Europa como diplomático de la Confederación urquicista.
Crítico de la Guerra del Paraguay y de las políticas de Buenos Aires, regresa a la Argentina en 1879. Sin embargo, en medio de fuertes enemistades, a los pocos años decide regresar a Europa. Muere en Neuilly-sur-Seine, Francia, en junio de 1884.
Estamos en el tercer ciclo de Filosofía aquí y ahora. Este es justamente nuestro tercer programa en el cual nos vamos a ocupar de una relación, de una interpretación, que tiene Alberdi sobre la Revolución de Mayo.
Esta interpretación que hace Alberdi está en un libro suyo que pertenece a los Escritos póstumos de Alberdi, que son 16 tomos que se editaron más o menos en 1895 y han sido reeditados. El tomo quinto, el tomo quinto de esos 16 tomos se llama Belgrano y su historiador, y en ese tomo Juan Bautista Alberdi hace una crítica muy severa a la Revolución de Mayo.
La crítica de Alberdi implica (atención), implica un enfoque federalista. Alberdi mira a la Revolución de Mayo desde el punto de vista de las provincias, no desde el punto de vista de Buenos Aires, que es el punto de vista desde el cual la miraron y la hicieron Moreno, Castelli, Paso, Belgrano, es decir, la elite ilustrada de Buenos Aires.
El punto de vista de Alberdi es el del federalismo, es el de las provincias y Alberdi va a concluir diciendo: la Revolución de Mayo se hizo (atención) se hizo en beneficio de Buenos Aires, fue una revolución que hizo Buenos Aires contra España para sojuzgar a las provincias. Se reemplazó el coloniaje español sobre Buenos Aires por el coloniaje de Buenos Aires sobre las provincias.
Con este pensamiento, Juan Bautista Alberdi, que fue un hombre inteligentísimo, y que vivió la mayoría de su vida exiliado como muchos de los hombres inteligentes de la Argentina que tienen que vivir afuera del país porque este país no tolera demasiado la inteligencia, Alberdi es un permanente exiliado. Y desde el exilio, escribe este tomo quinto, en el cual, y a partir del cual, nosotros podemos trazar dos líneas de interpretación en la historia argentina.
Usted está habituado a conocer una sola. El revisionismo histórico, a partir del 30, intentó hacer conocer otra, que fue una visión alternativa, pero que en verdad cambió un panteón de héroes por otro panteón de héroes. Nosotros tratamos de ver una historia argentina que no tiene héroes, sino que tiene seres humanos de carne y hueso, con virtudes, defectos, y con toda la complejidad que tiene la historia. La complejidad de la historia viene porque la hacen los hombres, y los hombres son seres realmente complejos.
Entonces, estamos hablando de dos líneas en la historia argentina desde el pensamiento de Alberdi. Alberdi representa a la línea del liberalismo integracionista. Alberdi representa el intento de hacer un país integral, no centrado en el poder de Buenos Aires, sino que ese poder de Buenos Aires integre también a las provincias. Alberdi va a hablar, y más adelante lo vamos a ver, de una democracia culta y de una democracia bárbara.
La democracia bárbara estaría en las provincias. Pero Alberdi va a decir: sin esa democracia bárbara no hay país. No se puede hacer un país excluyendo los cultos a los bárbaros. No hay país así. Lo que hay es una élite, una ciudad poderosa que domina a todo el resto del país. Y esto es lo que surgió de la otra línea del liberalismo, que es la línea del liberalismo excluyente, la línea del liberalismo que expresan Sarmiento en el Facundo y que luego va a expresar Mitre en su política, sobre todo en la política que Mitre realiza después de la batalla de Pavón de 1861, en la cual Urquiza le entrega la batalla, pero eso ya lo vamos a ver.
La cuestión es que en el liberalismo excluyente lo que se excluye es todo el país menos Buenos Aires. El liberalismo excluyente se centra en Buenos Aires. En Buenos Aires está la élite y el resto del país tiene que someterse a los intereses de Buenos Aires. Eso para Alberdi es la Revolución de Mayo.
Ahora bien, vamos a pensar en Moreno, porque Moreno es el disparador de la Revolución de Mayo junto con las milicias de Saavedra y junto con su grupo de amigos, su grupo de amigos, Castelli fundamentalmente, Juan José Castelli, que en una extraordinaria novela, Andrés Rivera, en una novela que se llama La revolución es un sueño eterno, Rivera retrata a Juan José Castelli.
Para desdicha de muchos admiradores de Moreno, de Castelli, y de Belgrano, mi interpretación de la Revolución de Mayo va a consistir en afirmar que no fue una revolución. Así que, queridos amigos míos de la izquierda moreniana, están ustedes avisados, no fue una revolución. Fue algo muy interesante, pero no una revolución.
La Revolución de Mayo es exactamente la incorporación de Buenos Aires, Buenos Aires en tanto representante de la República Argentina, o sea, es la incorporación de la Argentina a la modernidad capitalista.
Tengo que explicar qué es la modernidad capitalista. No era España. España era el atraso, no la modernidad. Lo que advierten los llamados próceres de mayo es que para que el país inicie su definitivo despegue y salga del atraso que significa estar ligado a la España monárquica, feudal, que no ha hecho su Revolución Francesa, el país tiene que unirse a ese tren de la historia que se encarna en Gran Bretaña, y Francia en lo cultural.
Para esto, lo que ven los revolucionarios de mayo es que en realidad esa es la revolución y esa era la única revolución que se podía hacer. A ver si lo entienden mis buenos amigos, no se podía hacer otra revolución, y además no la hicieron, no la hicieron, Moreno no expropió la tierra, Moreno no expropió a los comerciantes, Moreno todavía hablaba en nombre de Fernando VII, pero el verdadero movimiento revolucionario que hace Moreno es salir de la esfera arcaica, feudal, monárquica, atrasada, española, para entrar en la esfera de la modernidad capitalista, de la razón, del progreso, de la civilización.
Esto es realmente un cambio importante, y este es el cambio que se hizo en todas las revoluciones de América Latina a comienzos del siglo XIX. Y ese cambio es el cambio cuyo bicentenario vamos a festejar ahora: haber entrado en la modernidad capitalista, en la racionalidad, civilización, progreso, tren de la historia, como quieran llamarlo, y también en el libre cambio, porque lo que quiere Moreno es salir del monopolio español. Ustedes piensan que la Argentina, en tanto colonia española, solo podía comerciar con Cádiz, con España. Y esto era terrible. No lo quieren para nada, ni los comerciantes del puerto, ni la élite ilustrada. No lo quieren, digamos, los que están ligados a las esferas de poder.
Lo que quieren es comerciar libremente con quienes se les antoje. Quieren quebrar el monopolio español y, en efecto, lo quiebran. Al quebrar el monopolio español comienzan a comerciar con Inglaterra, sobre todo, que es para ellos el taller del mundo (ya vamos a ver lo que es eso), y vienen los libros de Francia. Nosotros no podemos ni imaginar lo que era para Buenos Aires recibir libremente los libros de Francia que España impedía entrar en la Argentina. Y además, todo el comercio con Inglaterra se hacía a través del contrabando. O sea, que era blanquear una situación. La Revolución de Mayo era blanquear una situación.
El libre cambio. Vamos a preguntarnos qué es el libre cambio. El libre cambio nace en Inglaterra en el siglo XIX. El libre cambio es la doctrina esencial del sistema de producción capitalista. Pero en Inglaterra, en 1815, había una ley que se llamaba la ley de cereales. Esto es muy simple. ¿Por qué la ley de cereales? Porque la burguesía industrial, a raíz de esta ley de cereales, estaba obligada a comprar sus materias primas a la aristocracia cerealera británica. Pero la burguesía industrial se da cuenta que puede conseguir sus materias primas a precios mucho más reducidos si las compra en las colonias. Entonces, para eso necesita derogar la ley de cereales que protegía a la aristocracia cerealera británica.
En esta tarea se unen el proletariado y la burguesía británicas, y derogan la ley de cereales. Cuando derogan la ley de cereales, queda inaugurado el libre cambio. Entonces, la burguesía industrial británica puede importar todas las materias primas que quiera de todas las colonias que ha tomado. Y la aristocracia cerealera, bueno, se joroba. Está liquidada, no está liquidada, pero ya no le vende el trigo caro a los industriales.
Necesito explicar brevemente por qué los industriales de Manchester y Liverpool querían trigo barato: para hacer pan barato. ¿Ustedes saben cómo se calculaba el salario de un obrero? Por aquellos elementos necesarios para mantener su vida. En consecuencia, el pan era muy importante. En consecuencia, si la burguesía industrial conseguía el trigo mucho más barato en las colonias, ¿para qué se lo iba a comprar a la aristocracia cerealera británica?
Yo creo que este esquema está claro. El libre cambio empieza en los comienzos del siglo XIX, se deroga la ley de cereales, y los ingleses declaran el libre cambio. Importan las materias primas de las colonias, reducen lo que les cuesta mantener a un obrero, la aristocracia cerealera monocultivista es derrotada, como en todos los grandes países que tuvieron un gran desarrollo industrial, derrotaron a su sector monocultivista, y la burguesía industrial gana la batalla y efectivamente se inaugura el libre cambio.
La Revolución de Mayo no crea una nación independiente. Se puede decir que crea una nación independiente del poder español, y esta es la gran tarea de San Martín, digamos, liberar a América Latina del poder español, que como dije, era un poder arcaico.
Pero lo que hace Moreno y su grupo de élite es crear una nación que se incorpora a la modernidad que en ese momento están encarnando las naciones europeas. Se establece aquí algo que quiero decir a mis amigos morenistas que incorporen bien este concepto. Se inaugura con Moreno el pacto neocolonial.
El pacto con España era un pacto colonial, pacto colonial de absoluta dependencia. No teníamos bandera, no teníamos himno, no teníamos independencia, no teníamos Congreso de Tucumán. Bueno, los ingleses son muy inteligentes. George Canning, Richard Cobden, Adam Smith van a decir: pero déjenlos que tengan bandera, que tengan himno, que tengan todo lo que quieran, que sean independientes, pero que hagan negocios con nosotros. Ese es el pacto neocolonial. Reemplazar la dominación directa por la dominación económica, que comienza claramente con el empréstito Baring Brothers de Rivadavia. Entonces, lo que Moreno ve claro es que el país puede salir adelante si establece un nuevo pacto con las naciones más poderosas de Europa.
Por otra parte, nadie me va a negar que una revolución se hace con el pueblo. Si no se tiene pueblo, no se puede hacer una revolución. El pueblo estaba en el interior del país. Y el interior del país estaba poblado por gauchos, que para Moreno no eran el pueblo. Porque lo que Moreno estaba buscando y necesitando, ya que su modelo era la Revolución Francesa, era una burguesía revolucionaria, una burguesía revolucionaria tal como la que habían tenido Robespierre y Saint-Just.
En este sentido, y creo que voy a decir algo bastante nuevo, Moreno tiene el mismo problema que va a tener Lenin en Rusia. Moreno no tiene la clase social capaz de ponerse como base a su proyecto revolucionario, no tiene una burguesía revolucionaria, no hay burguesía. Hay estamentos del imperio español, hay comerciantes y hay, digamos, una campaña agrícola ganadera. No hay una burguesía revolucionaria. Moreno es un revolucionario sin burguesía.
Voy a hacer la comparación con Lenin. Ustedes observen el caso de Lenin como es exactamente parecido al de Moreno. ¿Qué hace Lenin? Lenin hace la revolución. ¿Pero qué tiene Lenin? Tiene un campesinado. No tiene un proletariado urbano como Lenin necesita, porque es un marxista. Para Marx la revolución se hace con el proletariado urbano, y el proletariado urbano surge del desarrollo del sistema capitalista.
Entonces Lenin se plantea el siguiente problema: para tener un proletariado urbano yo necesito un desarrollo capitalista en Rusia, y eso me va a llevar por lo menos medio siglo. Luego de medio siglo va a surgir un proletariado urbano. No puedo esperar tanto. Como no tengo proletariado urbano, voy a crear una ideología revolucionaria que voy a incluir, que voy a deslizar, que voy a meter verticalmente en las masas campesinas, para llevarlas a la revolución desde la ideología. O sea, Lenin quería hacer una revolución socialista, pero no tenía el proletariado.
Y Moreno quería hacer una revolución democrático-burguesa, pero no tenía a la burguesía. Tampoco tenía masas como para imponer los proyectos del Plan Revolucionario de Operaciones. Porque si yo me propongo, si yo me propongo, crear un estado intervencionista y confiscar las grandes fortunas... Yo me puedo proponer eso, digamos, esto es lo que hoy propone el Partido Obrero, lo propone cada rato: lo que hay que hacer es expropiar... Cuando sube Cámpora, el ERP le plantea a Cámpora que lo que tiene que hacer es expropiar a la oligarquía. Y bueno, le dice Cámpora, no sé cómo hacerlo porque no puedo.
Entonces, el problema que tiene Moreno es que el Plan de Operaciones es efectivamente revolucionario, pero no tiene con qué llevarlo a cabo. La pregunta que uno tiene que hacerle a todo aquel que le presente una teoría revolucionaria perfecta es ¿con qué elementos políticos sociales vas a llevar adelante esta revolución? Porque tu plan revolucionario es perfecto. Pero si no tenés un poder de movilización de masas, no lo vas a llevar adelante.
Y esto es lo que los sectores de izquierda nunca pudieron, no sólo entender, sino lograr en la Argentina. Nunca tuvieron un apoyo de masas para sus planes revolucionarios. Eso lo logró el irigoyenismo, el peronismo, pero que eran movimientos que no pertenecían a la izquierda. Esa era otra historia.
En el tomo quinto de los escritos póstumos, Juan Bautista Alberdi va a estudiar detenidamente qué era lo que había en el interior del país, eso que no le interesó a Moreno y a la élite ilustrada moreniana, que creían representar la civilización, el progreso, las luces de la razón.
Lo que había en el interior del país, Alberdi lo va a llamar democracia bárbara. Es un concepto genial de Alberdi. Democracia bárbara porque claramente para Alberdi, ese pueblo de las provincias, eran las bases reales del país. Esos pueblos que la Revolución de Mayo va a acusar, a acusar de contrarrevolucionarios, godistas, españolistas, que va a fusilar a Liniers por afirmar que está del lado de las provincias... Ese pueblo, esas masas del interior, que efectivamente no son las de Buenos Aires, son incultos, no tienen la cultura de la élite, pero el pueblo es así, sobre todo si se lo abandona a una especie de vida pastoril como llevaba el gaucho en el interior de Buenos Aires, las masas de Buenos Aires.
Pero Alberdi le da la estatura constitucional, filosófico-política, de democracia bárbara. Democracia bárbara significa que esos a quienes Buenos Aires llama los bárbaros, esos son la expresión de la democracia, porque son la mayoría, la plebe, aquellos que merecen ser representados, que merecen la dignidad de ser representados.
¿Por quiénes son representados? Son representados habitualmente por caudillos. Estos caudillos surgen de la masa, surgen del pueblo, son líderes que el pueblo del interior se va dando a sí mismo. Es así como los pueblos del interior comienzan a tener sus propios jefes. Esta era la reacción del federalismo surgente en las provincias contra la prepotencia de Buenos Aires, que en verdad invade las provincias para afirmar su poder económico-político sobre ellas. Finalmente lo va a lograr a través de la aduana y el puerto, pero luego de casi un siglo de guerras civiles.
Entretanto, ahí surge el federalismo del interior. El federalismo del interior surge porque los pueblos del interior no ven en la Revolución de Mayo una revolución nacional para todos, sino una revolución local para Buenos Aires. Ahí aparece lo que se va a dar en llamar las montoneras federales. La palabra montonera surge de una expresión que quiere decir gauchos que andan en montón. Estas montoneras van a tener sus jefes, sus caudillos, van a ser una de las expresiones más genuinas, más coloridas, más vibrantes, más sudorosas, ardientes, estruendosas, de la política argentina.
Van a ser derrotadas a lo largo de todo el siglo XIX, pero recién en 1874, el último caudillo, Ricardo López Jordán, es asesinado. Mientras tanto, Buenos Aires ha tenido que luchar casi un siglo contra el federalismo y estuvo a punto de perder. Estuvimos a punto de tener un país integrado. Ya esto lo vamos a ver.
Pero la Argentina debió ser, entonces, esta es nuestra tesis, debió ser civilización y barbarie. Las dos cosas. Pero Buenos Aires se obstina en su dominio sobre el interior, y a ese interior lo califica de bárbaro. Bárbaro, ¿qué quiere decir bárbaro? Bárbaro quiere decir el que no es como nosotros. Bárbaro quiere decir el otro, el extranjero, el que no es de aquí. Entonces, Si la barbarie está en el interior, el interior no es parte de la Argentina. Buenos Aires es la Argentina y el interior es la barbarie. En este sentido, la Revolución de Mayo fue soberbia. Fue fruto de la soberbia de Buenos Aires porque se hizo, como dice Alberdi, ignorando a la democracia bárbara.
La solución que hubiera debido tener este país y que todavía no tiene, al contrario, que está cada vez más agravada porque cada vez más Buenos Aires sigue siendo una ciudad opulenta que pronto va a levantar muros para protegerse, y el resto del país o el conurbano está habitado por excluidos, marginados, por antiguos seres que alguna vez fueron obreros, y ahora esta nueva clase obrera es la delincuencia, que es, en lugar de ser integrada, comprendida, es perseguida.
¿Por qué? Porque esta gente es la democracia bárbara de hoy. Y lo que decía Alberdi es: si queremos tener un país, tenemos que unir la democracia de la civilización de Buenos Aires con la democracia bárbara del interior del país.
Hasta luego. Chau.