Se retoman las principales críticas que recibe el pensamiento posmoderno.

1. ¿En qué consiste la muerte de los grandes relatos?

En este encuentro nos vamos a ocupar de las filosofías posmodernas, del baqueteado, manoseado, ultrajado posmodernismo.

Cualquiera cree saber qué es el posmodernismo, cualquiera le dice a uno mi película es posmoderna, yo respondo a una estética posmoderna, mi teatro es posmoderno, mi actuación es posmoderna, en esa galería exhibo mis cuadros posmodernos. Bueno, tienen suerte. Aquí les vamos a explicar qué es lo posmoderno.

La posmodernidad no tiene un punto de inicio. En principio, analicemos la palabra. La palabra acude a el prefijo post, o sea, que la posmodernidad es algo que viene después de la modernidad. ¿Qué era la modernidad? Definamos rápidamente la modernidad. La historia la hace el hombre. Es la etapa de la historia fuerte, de las acciones fuertes, de los imperativos fuertes, del hombre que hace la historia, que se compromete con ella.

Y cuando decimos de los imperativos fuertes, estamos hablando en serio de los imperativos fuertes. Por ejemplo, llevados al campo de América Latina e incluso de la Argentina, un imperativo fuerte sería: la patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas, o Perón o muerte, o patria o muerte. Ese es un imperativo fuerte. Bueno, esos imperativos han cambiado.

Ahora bien, la filosofía posmoderna se convierte en una moda, igual que el existencialismo, igual que el estructuralismo, y comienza a tener un auge muy potente después de la caída del muro de Berlín, que en realidad estas filosofías habían un poco prefigurado.

El libro esencial o iniciático de las filosofías posmodernas es un libro del fenomenólogo francés Jean-François Lyotard que se llama La condición posmoderna. La condición posmoderna, Lyotard empieza diciendo, este es un análisis sobre el saber en las sociedades desarrolladas. Y a breves páginas concluye que en realidad en las sociedades desarrolladas es donde se acumula más el saber. Al acumularse más el saber, se acumula más el poder.

Luego, Lyotard tiene otro libro que fue comprado por muchos en la década del 80 porque decían, aquí me aprendo la posmodernidad. Porque se llamaba, y en esto fue bastante maligno Lyotard, se llamaba La posmodernidad explicada a los niños. Y el libro era espantosamente difícil, la verdad. Entonces, muchos de los que lo compraron lo llevaron de nuevo a la librería o lo tiraron por algún lado.

En La posmodernidad explicada a los niños, Lyotard tiene un texto muy importante, axial, que se llama Misiva sobre la historia universal. Ahí va a enumerar los grandes relatos que se han impuesto hasta ese momento en la civilización occidental, y va a decretar la muerte de los grandes relatos. De aquí, apresuradamente, muchos artistas, muchos cineastas van a deducir: han muerto las historias, han muerto los relatos, han muerto las tramas, no narremos más. Apresuradamente.

Pero bueno, así ocurrió y nos hemos ligado bodrios, inaguantables, en los que no pasaba nada. Digamos, no tiene por qué pasar algo en una película, pero si pasa algo, mejor que pase, ¿no? Pero bueno, está bien, uno puede ver una película en la que no pasa nada, pero no puede ver diez, quizás. La cuestión es que, de postulaciones como la muerte de los grandes relatos, estéticamente se crea una estética posmoderna que dice que los relatos han muerto, las historias han muerto, no se puede narrar, las tramas han muerto.

Entonces, vamos a ver qué significa esto de la muerte de los grandes relatos en Lyotard. Lyotard dice que hay cuatro grandes relatos.

El relato cristiano, que es el relato en el cual Dios manda a su hijo a sufrir y a morir por la redención de los hombres. Esa muerte genera la promesa divina. La promesa divina expresa la promesa, justamente, de que todos los hombres se encontrarán en el reino de los cielos y habrá, entonces, un espacio de plenitud. Este espacio de plenitud lo prometen todos los grandes relatos.

El segundo gran relato es lo que Lyotard va a llamar el relato marxista, que es un relato que Lyotard tiene mucho interés en hacer picadillo. Vamos a ver si lo consigue.

2. La historia, ¿un decurso necesario?

El otro gran relato al que Lyotard va a criticar y a tratar de destruir, ya lo había hecho Michel Foucault. En realidad, voy a decirlo claro, yo creo que los posmodernos agregan muy poco a lo que ya había dicho Foucault, a lo que habían dicho Lévi-Strauss, los estructuralistas, Luis Althusser, etc. Pero bueno, adelante, vamos a ver que hay cosas muy interesantes que dicen.

Lyotard toma el gran relato marxista de la historia, que lo hemos visto, esquemáticamente es: la burguesía liquida al feudalismo, de la burguesía surge el proletariado, el proletariado derrota a la burguesía, y establece el estado de la plenitud. Al derrotar a la burguesía. Aquí vemos de nuevo que el gran relato de la historia lleva a un nivel de plenitud en el cual ya no hay padecimientos. Es una promesa el gran relato. Es una promesa acerca de un destino inexorable de la humanidad de llegar a determinado momento en que ya no va a haber injusticias ni padecimientos.

El otro gran relato que analiza Jean-François Lyotard es el relato del iluminismo, el relato de las luces. El relato del iluminismo, nosotros lo vimos también, y son filósofos de segunda categoría, en realidad. Pero bueno, sigamos adelante. El relato del iluminismo, dice Lyotard, es aquel que, con el surgimiento de la divinidad de la razón durante las filosofías de la Revolución Francesa, iniciadas por Kant, después por Voltaire, los enciclopedistas, pone a la razón como diosa de la historia.

Entonces, la divina razón va a ser la que va a llevar a todos los hombres a un mundo de profunda racionalidad en la cual ya no va a existir la irracionalidad. Este es un relato del triunfo del capitalismo, del racionalismo capitalista. Este racionalismo capitalista es el que anuncia la burguesía capitalista del iluminismo.

Hay un relato capitalista que está basado en la economía. Está basado en el avance incontenible de la economía, que implica una prosperidad para todos. El relato capitalista esencialmente dice, vamos a llegar a un momento de la historia en que la prosperidad va a ser para todos. Este es el gran relato capitalista.

En suma, tenemos los cuatro grandes relatos que Lyotard analiza. ¿Qué es lo común a todos ellos? Lo común a todos ellos es que expresan una visión teleológica de la historia. La palabra griega telos implica fin, finalidad. Teleología es el estudio de los fines, o sea, que tienen una característica teleológica, quiere decir que van hacia un fin. Estos grandes relatos de la historia marcan una teleología inevitable, algo que inevitablemente se va a cumplir. Esto es una teleología, algo que va hacia su fin y no puede sino cumplirse.

Estas son grandes interpretaciones de la historia para legitimar siempre algo. Digamos, el gran relato marxista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la revolución del proletariado: es esencial para llegar a la plenitud de la sociedad sin clases. El gran relato capitalista, ¿qué es lo que legitima? Legitima la economía capitalista, de mercado, libre mercado, que es lo esencial para llegar a un estado de plenitud en el que va a alcanzar para todos. El relato iluminista lo que legitima es la razón: vamos a llegar a un estadio racional en el cual todos vamos a ser plenamente felices.

Y estos son los grandes relatos y que están basados en lo siguiente, la historia tiene un devenir, un decurso necesario, la historia marcha necesariamente hacia un lugar de plenitud, entonces hay aquí una interpretación metafísica de la historia.

Metafísica quiere decir que dentro de los hechos históricos hay algo que se está expresando, que se está desarrollando internamente a los hechos históricos. Esto es una interpretación metafísica, porque lo que está dentro de un hecho no es físico, es metafísico, está más allá de lo físico. Entonces son interpretaciones metafísicas de la historia, contra las cuales Lyotard y todo el posmodernismo (y yo creo que en este sentido con gran sagacidad y con gran acierto) van a embestir.

3. ¿Cuál es el sentido de la exaltación de los pequeños relatos?

Esta muerte de los grandes relatos, ¿qué es lo que implica? Implica que hay pequeños relatos. Entonces, lo que va a postular la posmodernidad es, o el no relato, que es lo que en estética digamos, teatral, cinematográfica, narrativa, se ha utilizado, el no relato, y también se ha utilizado en música. Voy a dar un ejemplo muy atractivo de la música, del no relato que prefigura las estéticas posmodernas.

Si las estéticas posmodernas hablan de la muerte de los grandes relatos, de la exaltación de los pequeños relatos o, en última instancia, del no relato, hubo un músico norteamericano que hizo una pieza absolutamente memorable que todavía se sigue interpretando, o se la tiene como el epítome de la música contemporánea. El compositor John Cage compuso una obra llamada 4 minutos 33 segundos, que consiste en lo siguiente: está el teatro lleno, hay un piano y hay un reloj sobre el piano; el pianista viene, saluda, se sienta, no toca el piano, mira el reloj, y cuando pasan 4 minutos 33 segundos se levanta y saluda al público. El público aplaude y esa ha sido la sonata de John Cage en tres movimientos titulada 4 minutos 33 segundos. Bueno, la idea es absolutamente genial, como idea genial se agota en sí misma, pero es la idea del no relato, es lo absoluto del no relato.

Ahora, lo que van a hacer los posmodernos es que a la muerte de los grandes relatos le van a oponer la exaltación de los pequeños relatos. Bueno, vamos a los pequeños relatos. Entonces surge una fragmentación de la historia. Un caleidoscopismo. Y a esto Gianni Vattimo, un filósofo italiano que hace poco estuvo en la Argentina, y que viene con cierta habitualidad a hablar de distintos temas filosóficos y de algunos temas personales que a nosotros, a mí por lo menos, me importan un pito. Pero bueno, a él le gusta mucho hablar de eso. Prefiero que hable de temas filosóficos.

Pero bueno, Gianni Vattimo va a proponer una filosofía del dialecto. Como es un buen italiano... Italia, que es una hermosísima tierra, está caracterizada por una serie de pueblos y en los distintos pueblos hablan distintos dialectos. Entonces, lo que dice Vattimo, la historia es como el dialecto. Son distintos dialectos que tienen que comunicarse entre sí, pero no hay (aquí está la cosa), no hay un gran dialecto como había en el gran relato. No hay un gran relato, hay dialectos, hay montones de dialectos que establecen comunicación. A veces se entienden, a veces no se entienden, pero bueno, esa especie de fragmentación, de caleidoscopismo, de multiplicidad dionisíaca es la historia, porque la historia para los posmodernos como para Foucault y para Nietzsche, es una multiplicidad de hechos. No es una historia única que se desarrolla dialécticamente como en Hegel y en Marx, es una multiplicidad de hechos que cada uno tiene su centro en sí.

Esto es muy importante y es muy valioso, porque todo esto va a dar lugar al multiculturalismo, al respeto por los géneros diversos, al respeto por las etnias diversas, al respeto por todas las minorías, las minorías sexuales, las minorías raciales. Es por esto que Vattimo efectivamente viene a la Argentina y como el posmodernismo tiene un enorme respeto por la particularidad, la singularidad que él expresa, que es la de su condición gay, habla (para mí excesivamente) de su condición gay, pero él tiene todo el derecho del mundo de hablar de eso que para él debe ser muy constitutivo.

Pero efectivamente esta multiplicidad da lugar al multiculturalismo. Digamos, respetemos al feminismo, respetemos a las mujeres, respetemos a los negros, respetemos a los gays, a las lesbianas, a todo lo que sea distinto. Hay una estética de la diferencia, hay un respeto, una exaltación de lo diferente. Y esto también está expresando la democracia liberal de mercado. No es casual que estos filósofos surjan y tengan un éxito poderosísimo luego de la caída del muro de Berlín, y también antes, como preanunciando el triunfo del neoliberalismo.

Nosotros tenemos que el mercado es una pluralidad de intentos dentro del campo económico del mercado. El mercado se ordena a sí mismo, y la democracia es la pluralidad por excelencia en la cual todos los sujetos políticos de la democracia valen lo mismo, y deben ser todos tratados con el mismo valor. Todo esto, como vemos, es un amplio movimiento, un amplio movimiento que tiene que ver con la economía, con la historia, con el feminismo, con el respeto a los modos de sexualidad diferenciadas, y con el multiculturalismo, que en este momento reina en las academias norteamericanas.

4. ¿Cuáles son las principales críticas que recibe el posmodernismo?

En verdad no estamos diciendo todas las cosas que querríamos decir, pero vamos a profundizar y desarrollar muchos de los temas que hemos tratado más adelante.

Por ahora estamos dando lo que consideramos esencial, lo que no puede no ser dicho de entrada, pero hay análisis que vamos a hacer más adelante, como el análisis que hace Foucault de Las Meninas, por ejemplo, que es fundamental, y otros, bueno, que el que hace es Baudrillard, que ahora vamos a entrar en él, pero hay otros que ha hecho Vattimo y que queremos entrar en ellos, pero tenemos tiempo porque esto no va a terminar aquí.

¿Qué es la crítica que se le puede hacer al posmodernismo? Las críticas más contundentes que se le han hecho es la de una excesiva deconstrucción de la historia. El posmodernismo deconstruye la historia porque también se hermana con Jacques Derrida, el campeón de la deconstrucción. Y Jacques Derrida es un discípulo directo de Heidegger. Y en Heidegger está el concepto de destrucción. Todo esto viene de Heidegger. Por eso Heidegger es el filósofo más importante de la filosofía contemporánea, porque los ha marcado a todos, porque le han robado todo a Heidegger.

El concepto de deconstrucción viene del concepto de destrucción heideggeriano. Y como verán, lo que hacen los posmodernos es deconstruir la historia, porque si yo tomo la totalización de la historia que hay en Marx, que hay en Hegel, e incluso que hay en La crítica de la razón dialéctica de Sartre, que es un monumento genial a la destotalización de las totalizaciones, o sea que habría evitado la necesidad de la deconstrucción, pero la deconstrucción viene para mostrar que la historia está tremendamente, absolutamente fragmentada. La historia es como un caleidoscopio, la historia es una multiplicidad.

Entonces nos preguntamos, ¿cómo vamos a transformar la historia si la historia es un caos vertiginoso de multiplicidades? (que no podemos comprender porque esas multiplicidades terminan por marearnos). Entonces, lo que uno le dice a los posmodernos es: bueno, chicos, un momento, paren la pelota, acá hay que hacer, aunque sea, síntesis parciales, acá hay persistencias históricas, no hay una linealidad histórica pero evidentemente hay persistencias históricas, hay conexiones históricas, hay síntesis históricas, y como diría Sartre, como diría Sartre, hay totalizaciones históricas que se destotalizan y que dan lugar a otras totalizaciones que también se destotalizan, y la historia es un juego constante de totalización, destotalización, retotalización. Es muy compleja la historia. Por supuesto, la historia está ocurriendo en América Latina, en Estados Unidos, en Europa, en el Islam.

Bueno, y el golpe al posmodernismo se lo da justamente el imperio que ampara a las academias en las cuales el posmodernismo triunfa, el imperio norteamericano, con la idea de la globalización. De pronto, un día, los teóricos del Pentágono amanecen y dicen: muchachos, el imperio necesita globalizarse. Y alguno, digamos, dirá: pero los posmodernos se van a enojar porque los posmodernos están hablando constantemente contra la idea de una totalización, están exaltando lo fragmentario, y de ahí deducen el mercado, de ahí deducen la democracia liberal de mercado y todo eso nos conviene. No, no, no, no, no, hay que globalizar, esto es un imperio y necesitamos globalizar.

Pero lo peor es que hace su aparición en la escena el hasta ahora malo de la película: el Oriente. Hegel había dicho, el Oriente va a dormir siempre, eternamente, su siesta, porque está fuera de la historia. Sin embargo, de ahí, de ese territorio negado, desconocido por Occidente, llega el atentado a las Torres Gemelas. El atentado a las Torres Gemelas barre con la fragmentación posmoderna porque establece un acontecimiento universal. Un acontecimiento universal porque expresa que hay hechos que son universales. Ahí la multiplicidad, la fragmentación, la caleidoscopización murió. Hay un hecho universal.

Entonces, los posmodernos ahí comienzan un eclipse ya sin retorno, salvo en algunos que más o menos quizás duren, pero el siglo XXI acaba con ellos porque el siglo XXI lo que está mostrando es que el belicismo necesita totalizar. Y que la lucha es lucha de civilizaciones, tal como lo dice Samuel Huntington en su libro El choque de las civilizaciones. Si hay choque de las civilizaciones, nosotros tenemos, en principio, las dos civilizaciones que Huntington plantea, ¿no? El Islam y el Occidente.

Lo uno y lo uno, y aparecen los fundamentalismos. Los fundamentalismos son la negación de los pluralismos. Todo fundamentalismo es la exaltación de una verdad. El fundamentalismo islámico es la exaltación de la palabra de Alá, y el fundamentalismo occidental es la fundamentación del cristianismo occidental, de Dios, y Bush en una de sus frases más excepcionales dice: Dios no es neutral, Dios está con nosotros.

Hay un exceso de religión bélica en el siglo XXI. Murieron todas las pluralidades. Hay fundamentalismos religiosos por todas partes. Todos están armados con bombas atómicas. Resurge China, resurgen Rusia, Pakistán, Corea. Tienen bombas atómicas. Hay una multipolaridad nuclear pre-apocalíptica. Así yo califico a este momento de la historia. Lamento que no sea una visión muy optimista, pero tampoco podemos regalar caramelos.

Este momento es un momento en el cual cualquiera puede apretar un botón. Ya no es la guerra fría, la bipolaridad, la Unión Soviética, Estados Unidos. No, hay un montón, un montón de irracionales, imprudentes, armados hasta los dientes con ojivas nucleares.

Vamos a profundizar todo esto, sobre todo la entrada en el siglo XXI, este choque de civilizaciones y el terrorismo. El terrorismo es un tremendo totalizador.