Análisis del Fragmento Preliminar al estudio del Derecho. Influencias de Hegel a través de Victor Cousin. La razón universal. Realización particular de la razón universal. La juventud del Salón Literario. Dialéctica entre lo universal y lo particular. La condición nacional. La filosofía como madre de toda emancipación. Qué es una nación. Mayo: la espada. Rosas: el orden. Alberdi: la hora del pensamiento, de la inteligencia. El pensamiento se basa sobre el orden. Entramos en el reinado del pensamiento. Valoración positiva de Rosas: la persona grande y poderosa que preside nuestros destinos públicos. Unidad con Europa. La lógica de la historia. Una nueva era para los pueblos de Sudamérica. La cuestión del lenguaje. Armonía de nuestra lengua con la francesa. La tutela intelectual de Europa.
Continuamos en este encuentro con nuestro estudio de la filosofía latinoamericana.
Como gran texto de la filosofía latinoamericana, en la Argentina hemos hecho un aporte invalorable. Se hizo en el siglo XIX y lo hizo, yo creo que es el más grande pensador que dio este país, y es una de sus figuras más puras, más conmovedoras, más fascinantes, Juan Bautista Alberdi.
Alberdi, en 1837, publica su Fragmento preliminar al estudio del derecho. El Fragmento preliminar al estudio del derecho es un intento de Alberdi por acercarse a Rosas. ¿Qué tenemos aquí? Tenemos otra vez un intelectual que quiere acercarse a un gran caudillo político. Esto nosotros lo hemos estudiado en los intentos de Martin Heidegger por aproximarse a Adolf Hitler, el Führer de Alemania, y Heidegger intentando ser el Führer filosófico de Alemania. Digamos que Juan Bautista Alberdi quería darle a Rosas una ideología, un pensamiento.
Él lo va a decir: La Argentina, hasta ahora, ha tenido tres etapas, la etapa de la espada, la etapa que es mayo (mayo, San Martín, la revolución), la etapa del orden (que es don Juan Manuel de Rosas)... Y ahora viene la etapa de la inteligencia, que era la etapa de Alberdi.
Bueno, ¿cómo llega Rosas al poder? Vamos a analizar esto. En 1828, el 13 de diciembre, Juan Lavalle fusila a Manuel Dorrego en la localidad de Navarro. Lavalle había derrocado al legítimo gobernador Manuel Dorrego por sus tendencias federalistas, y entonces lo derrota en una batalla y los sicarios Acha y Escribano entregan a Dorrego a Lavalle, y Lavalle lo fusila, como dije, en la localidad de Navarro. Si ustedes me preguntan qué fue eso, yo diría, francamente, que fue un asesinato, porque Lavalle mató al gobernador legítimo, legítimo de Buenos Aires, al federalista Dorrego. Lo mató en el silencio de las leyes, como va a decir Rosas. De modo que fue uno de los crímenes más atroces de nuestra historia.
Este crimen va a tener tal poder disolutorio en nuestra historia, tal poder disolvente, que va a llevar, por fin, a la necesidad del orden. Tengamos en cuenta entonces, siempre que las sociedades entran en una gran convulsión anárquica, se exige el orden. Entonces asume en 1830 don Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires y representante de las relaciones exteriores de la Confederación Nacional. Gobierna Rosas.
Entre tanto, una serie de jóvenes intelectuales comienzan a reunirse, según sabemos esto, en el salón del librero Marcos Sastre, y forman lo que se llama el Salón Literario. El Salón Literario comienza a funcionar en 1837. Ahí cada uno de ellos dice sus distintos discursos, y ahí Alberdi hace saber que ha publicado su Fragmento preliminar al estudio del derecho.
¿En qué consiste? ¿Para qué escribe Alberdi este Fragmento preliminar al estudio del derecho? Alberdi tenía 26 años. Escuchen muchos, ¿eh? 26 años tenía, y escribe este fragmento. En realidad el fragmento está escrito dirigido a Rosas, y Alberdi le entrega a Rosas algunos elogios muy grandes, como el grande hombre que dirige nuestros destinos. Luego esto le va a costar caro porque los unitarios en Montevideo se lo van a hacer pagar caro.
La primera pregunta que se hace Alberdi en el Fragmento preliminar al estudio del derecho, es cuál es la relación entre las leyes universales y las leyes individuales de nuestra condición nacional. Alberdi dice que hay una ley universal que está expresada por todos los códigos del mundo. Todos los códigos del mundo expresan una ley universal, pero cada país tiene que expresar su ley individual, su ley particular, y con ella incluirse en la ley universal, en el código universal.
Alberdi se va a preguntar qué es una nación, y va a unir la idea de nación con la filosofía, con el pensamiento. Va a decir, una nación es ese territorio que puede pensarse a sí mismo, que puede darse a sí mismo una filosofía. De aquí que los conceptos de filosofía y nación sean fundamentales en Alberdi. Y bueno, el primer libro de ensayos que yo publiqué justamente se llama Filosofía y nación, en homenaje a Juan Bautista Alberdi.
¿Qué va a decir Alberdi? El rostro particular, único, de una nación, surge cuando esa nación se conoce a sí misma. Y una nación se conoce a sí misma a través de la filosofía. ¿Pero cómo? ¿Qué es la filosofía para Alberdi? Alberdi es un intelectual argentino que se ha formado en los grandes maestros del derecho europeos: Savigny, Lerminier, Jouffroy, Victor Cousin, por ejemplo. Alberdi conoce a Hegel a través de Victor Cousin. Vamos a tomar ya este elemento: ser culto en la Argentina de 1837 era ser culto a la europea. No había otra manera de ser culto. Llegaban los libros de Europa y los intelectuales de aquí se morían por devorárselos.
Todo el resto del federalismo del interior no producía libros, por supuesto, ni leía los libros que llegaban al puerto de Buenos Aires. Al puerto de Buenos Aires llegaban las novedades de Europa, y junto con las novedades en distintos artículos (ya sea vestidos, porcelanas) llegaban los libros. Entonces Alberdi se forma con la cultura europea, y con esa formación quiere descubrir la cultura nacional.
Aquí tenemos una Una contradicción muy fascinante, vamos a ver cómo la resuelve Alberdi. Alberdi va a pensar muy bien esto y va a establecer una relación entre lo universal y lo particular. ¿Qué es lo universal? Lo universal es la razón universal. La razón universal es la razón occidental para Alberdi. Si ustedes me lo preguntan, les voy a decir categóricamente qué fue la Revolución de Mayo, en mi humilde opinión, que está en contra de la de muchos.
La Revolución de Mayo no fue una revolución, fue el pasaje de la hegemonía dominante de España a la libertad de comercio con Inglaterra y a la libertad de relación cultural con Francia. Es decir, a la globalización, por usar esta palabra española, arcaica, godista, monárquica, vieja, atrasada... Sarmiento escribe en Recuerdos de provincia, se teme, se teme que cinco años de Inquisición hayan achicado el cerebro español, así que imagínense ustedes el respeto que le tenían los liberales del Plata a España. En cambio, en cambio, la nueva globalización tienen que ser Gran Bretaña y Francia.
El 25 de mayo las naves ancladas en el río de la Plata festejan a cañonazos. Ya no va a ser más necesario el contrabando, ahora el comercio es directo. Ya no va a ser más necesario invadir las provincias del Río de la Plata como en la primera y en la segunda invasión de Inglesa. Y George Canning, primer ministro inglés, dice una frase notable: ya no entraremos como guerreros, vamos a entrar como mercaderes.
Bueno, así los quieren aquí, así entran como mercaderes, pero al entrar como mercaderes lo que entra es la racionalidad de occidente, la razón universal. Entonces dice Alberdi, a esa razón universal nosotros tenemos que unirnos, porque esa razón universal es el alma del derecho, pero tenemos que unirnos conservando nuestras particularidades. Conservando nuestras particularidades, o sea, conservando nuestra propia identidad.
Ahora, quiero llevar a la consideración de ustedes que la propuesta de Alberdi es unirse a una universalidad en tanto particularidad. O sea, nosotros seríamos la particularidad que se une a la universalidad expresada por las grandes potencias metropolitanas. Es como si nosotros en ese momento le hubiéramos dicho desde El Plata a Francia e Inglaterra, miren, nosotros somos la razón universal y ustedes son la particularidad que tienen que unirse en tanto particularidad a nuestra universalidad. Se hubieran reído. Se hubieran reído y habrían dicho, no, por favor, nosotros somos occidente, nosotros somos las naciones metropolitanas, ustedes son los países adyacentes, los países que una teórica del poscolonialismo, Gayatri Spivak, llama países subalternos.
Entonces, Alberdi, en tanto intelectual de un país subalterno, se propone como necesario para entrar en eso que se llama el tren de la historia unirse al devenir universal de la razón de occidente, y a esa razón de occidente unir nuestra particularidad, nuestro rostro particular.
La propuesta de Alberdi es la de integrarnos, en tanto particularidad, en el desarrollo universal de la razón occidental o europea. O sea, nosotros somos una particularidad y lo universal es la cultura europea; lo universal, la civilización, el progreso, las luces de la razón, todo eso es lo que representa Europa.
Nosotros tenemos que descubrir nuestro rostro particular, pero nuestro rostro particular sólo va a tener significatividad si se integra en tanto particularidad a ese momento, a ese desarrollo universal de la razón de occidente. Si no nos integramos a eso, quedamos fuera de la historia. O sea, lo que Alberdi va a decir es que hay dos niveles. Un nivel es el que llama humanidad, el nivel de la humanidad, y otro es el que se llama el de la nación. La humanidad está dada por el desarrollo de las potencias europeas.
Una de las cosas geniales que tuvo el imperialismo o el colonialismo europeo fue presentar sus conquistas con valores. El imperio romano, por ejemplo, cuando conquistaba territorios, los conquistaba en nombre de la grandeza de Roma. Pero los imperios de la burguesía capitalista del siglo XIX conquistaban los territorios coloniales en nombre del progreso, de la civilización, de las luces de la razón. Estas eran las banderas ideológicas, la civilización era lo que Europa llevaba a los países periféricos.
Entonces, Alberdi llama a esa civilización encarnada por los grandes países centrales de la Europa capitalista, la llama humanidad. Esa es la humanidad. Hay aquí una equiparación entre Europa y la humanidad. Esa humanidad implica un nivel, un nivel fundante. Esa es la humanidad, ese es el desarrollo de la humanidad, y a ese desarrollo de la humanidad tenemos que integrar nuestra nación, integrarla con sus características propias, integrarlas en la modalidad de lo más auténtico que podamos conservar de nosotros. Una de las cosas más auténticas que Alberdi cree que puede conservar nuestra nación es la figura de don Juan Manuel de Rosas, que para él representa lo que para un europeo sería el color local, es decir, representa una figura muy romántica, como efectivamente lo era Rosas, y representa el orden que el pensamiento necesita para desarrollarse.
Entonces, ¿cuál es el propósito del Fragmento preliminar al estudio del derecho? El Fragmento preliminar al estudio del derecho es dar a nuestra forma particular de ser una nación, darle un objetivo. Ser nosotros mismos, pero participar del desarrollo necesario de la humanidad, porque ese desarrollo es el del progreso. Si no nos incorporamos a ese desarrollo, vamos a estar fuera del progreso.
Llevado a términos de hoy, esto ha sido expresado con una dualidad que era países desarrollados y países en vías de desarrollo. Ustedes observen que interesante es ver la falacia que hay en esto, porque cuando se dice países desarrollados y países en vías de desarrollo, pareciera que hay una sola vía. Y que los países desarrollados y los países subdesarrollados van por la misma vía, y los países en vías de desarrollo van a alcanzar en algún momento, en esa misma vía, a los países desarrollados. No, no, no. Lo que ocurre es que los países desarrollados van por una vía y los países subdesarrollados van por otra vía, y los países subdesarrollados lo único que han hecho hasta el día de hoy es profundizar su atraso, su fracaso, al haber sometido su soberanía a los dictámenes de los países hegemónicos de la economía, de la historia mundial. Entonces esta hegemonía de lo universal que marca Alberdi es la de los países en estado de desarrollo, como se dirá después.
Para Alberdi entonces lo fundamental es una consigna que larga, que es muy conocida y es gobernar es poblar. Ignacio Anzoátegui, un hombre que solía empezar sus artículos diciendo, seamos claros, soy nazi; Ignacio Anzoátegui tiene un libro que se llama Vidas de muertos y el capítulo dedicado Alberdi empieza diciendo: dijo gobernar es poblar y nunca se casó.
¿Por qué fracasa este proyecto? ¿Por qué Alberdi escribe un texto tan brillante que ni llega a manos de Rosas? ¿Lo habrá bloqueado Pedro de Angelis, que era el escribiente de Rosas, o a Rosas no le habrá interesado?
Pero hay un drama para el joven Alberdi, hay un drama para el joven Alberdi, que estaba tramado él intelectualmente por lecturas europeas. En 1838 un almirante francés bloquea a Rosas. O sea, la particularidad y la universalidad entran en conflicto. Alberdi no sabe qué hacer. ¿Por qué? ¿Qué es lo que va a elegir? Si para él lo particular que debía unirse al universal era Rosas, y lo universal que debía recoger lo particular, y llevarlo hacia el progreso, eran las luces de la Francia.
Y aquí tenemos que viene una escuadra francesa, una serie de barcos franceses, con este almirante Leblanc, y bloquea el estuario del Río de la Plata y Rosas, como era realmente un cabeza dura, por supuesto, no transa, no arregla nada. Entonces, Alberdi dice, pero caramba, qué complicada es esta situación, yo siempre creí que la Francia iba a hacer bien las cosas, y que don Juan Manuel, que era nuestra particularidad, porque don Juan Manuel es nuestra particularidad... Pero aquí está la cuestión: Don Juan Manuel no quería ser una particularidad, don Juan Manuel de Rosas quería ser un universal. Un universal no puede someterse a ninguna otra universalidad. Es decir, si una nación se considera a sí misma un universal, una totalidad autónoma, no puede ser la parte subalterna de otra.
Esto era en realidad lo que Alberdi pretendía: integrar nuestra particularidad nacional al desarrollo universal de la racionalidad europea. Rosas no, Rosas no lo acepta al almirante Leblanc porque lo que dice Rosas es: nosotros somos una nación y tenemos una identidad nacional, y esa identidad nacional nos hace universales. Es decir, somos tan universales como los europeos, porque tenemos una identidad propia.
Quizás de ningún modo lo hubiera dicho en estos términos, porque por supuesto no tenía la formación dialéctica que Alberdi sí tenía, pero esto es lo que Rosas pensaba, y realmente lo explicita en una carta a Juan Facundo Quiroga, que es la famosa Carta de la hacienda de Figueroa.
Rosas es distinto de Alberdi. Rosas, digamos, es un gobernante que se mezcla con el pueblo, que va a los candombes de los negros, que conoce las costumbres de los indios, que (como dice Sarmiento) en cualquier lugar de La Pampa se baja del caballo, se come un poco de pasto, y es capaz de decir en qué estancia está. Alberdi no, Alberdi no tiene nada que ver con eso, es incapaz de saber en qué estancia está, apenas podría saber que estaba en la ciudad de Buenos Aires, digamos.
Alberdi es un muchacho culto, muy culto, endeble, vivió exiliado casi toda su vida, quizás hasta se podría decir que era físicamente cobarde, porque cuando vuelve al país en el 80, Sarmiento se le acerca y Sarmiento, ampuloso, un titán, le dice: a mis brazos, doctor Alberdi! Y Alberdi se apichona, se achica y muy pronto se va de nuevo del país y muere en el exterior.
Entonces Alberdi se va a Montevideo, y para irse a Montevideo se pone una divisa punzó para poder llegar al puerto y que nadie lo moleste, lo intercepte, que crean que es un verdadero federal. Y en medio del río tira la divisa punzó, llega a Montevideo y comienza a conspirar contra Rosas del lado de los unitarios que estaban aliados a la flota del almirante Leblanc. Los unitarios de Uruguay estaban aliados a los franceses.
Es decir, entonces, que el joven intelectual Alberdi, que había escrito El fragmento preliminar del estudio del derecho para Rosas, termina conspirando contra Rosas de mano de los unitarios que están en Uruguay, y a favor de los intereses de los unitarios y de Francia, que coincidían.
Esto era inevitable, porque para Alberdi, como dijimos, ser culto era ser culto a la europea, y si bien Alberdi valoraba la figura de Rosas, más valoraba la cultura de Francia. Por eso este proyecto lamentablemente fracasa. Era imposible, hubiera sido deseable un gran caudillo político y un gran intelectual unidos en conquistar la modernización de la Argentina sin perder su soberanía. Eso no fue.
Vamos a seguir hablando de todos estos temas y mucho más de historia del pensamiento argentino, porque esto continúa.