Posibilidad de un pensamiento periférico. Un pensamiento situado. El centro saquea la periferia: 1492. El centro surge del saqueo de la periferia. Necesidad de un pensamiento universal anclado en la particularidad ontológica. Una ontología de la periferia: sus supuestos, sus fundamentos. Lo global anclado en lo local: la glocalización. ¿Por qué elegir a Juan Facundo Quiroga? Preferencia por los tipos americanos, los hombres de vida azarosa. Biografías de Aldao y de Ángel Vicente Peñaloza. Análisis del Facundo. "On ne tue point les idées". La "sombra" de Facundo. La invocación. Rasgos de la campaña. El gaucho cantor. El gaucho malo. Vida de Juan Facundo Quiroga. Qué fue la Revolución de Mayo.

1. ¿Desde qué punto de partida podemos pensar la filosofía latinoamericana?

Nos vamos a empezar a ocupar de la filosofía latinoamericana. Aquí ya está el primer problema. ¿Hay filosofía en Latinoamérica?

Voy a contar una pequeña anécdota. Cuando yo cursé Historia del pensamiento argentino, no era Historia de la filosofía argentina. No había una filosofía argentina. Acá da pudor hablar de una filosofía latinoamericana. Filosofía hacen los europeos, nosotros, a lo sumo, pensamos. Entonces, habría que decir, nos vamos a empezar a ocupar del pensamiento latinoamericano, pero bueno lo importante es pensar, después vamos a ocuparnos de esas exquisiteces, si filosofía o pensamiento.

Vamos a ver desde qué punto, desde qué punto pensamos nosotros o hacemos filosofía latinoamericana o pensamiento argentino. Materias de las que aclaro fui profesor durante largo tiempo hasta el 74, cuando vino un señor que se llamaba Alberto Ottalagano y me echó de la facultad, porque era el gobierno de Isabel Martínez y lo puso a Alberto Ottalagano, que era, digamos, nazi tirando a la derecha.

El punto de partida de la filosofía latinoamericana tiene que ser Latinoamérica. Es una filosofía en situación. Nosotros tenemos que pensar desde nosotros mismos. Y esa va a ser ya una tremenda originalidad de la filosofía latinoamericana. Porque nosotros, los latinoamericanos, hemos sido pensados más de lo que pensamos. Y cuando nos hemos pensado, pensamos a partir de categorías europeas. Nos pensamos a nosotros mismos a partir de categorías europeas. Raramente hemos elaborado categorías propias que surgieran de la realidad, de la realidad social, política, humana, existencial del continente latinoamericano.

En este sentido, plantear un pensamiento latinoamericano es ya un desafío, porque vamos a partir de una situación distinta a la del pensamiento europeo. Para decirlo claro, la filosofía europea es la filosofía del occidente europeo, es la filosofía del occidente europeo. El occidente europeo tuvo la gran habilidad de identificar a la razón, al progreso, a la civilización, y a la filosofía, con occidente, olvidando desde ya todo el mundo islámico, y olvidando por supuesto al continente latinoamericano.

Pero el continente latinoamericano puede pensarse a sí mismo, y ya nos estamos pensando a nosotros mismos, porque esto que acabo de decir es uno de los puntos de partida del pensamiento latinoamericano. Señalar, señalar pero claramente, terminantemente, vamos a tratar de grabarlo y esto le va a molestar a muchos: la filosofía tal como se la entiende es la filosofía del occidente europeo, que nace en los griegos en el mediterráneo (siglo quinto antes de Cristo) y llega hasta Derrida, hasta Jacques Derrida, hasta Foucault, hasta los estructuralistas, posestructuralistas que ahora triunfan en la academia norteamericana, que los asume y tienen un poder enorme.

En cambio, nosotros tenemos que pensarnos a partir de nosotros mismos, de Latinoamérica; pensar como Latinoamérica, como latinoamericanos. Eso quiere decir, y esta es la pregunta del desafío, que quizás no somos parte de la historia de Occidente, o que quizás somos una particularidad de la historia universalizadora de Occidente, o que quizás hemos sido arrasados por el poder de Occidente.

La teoría que yo voy a sostener es que América, como los territorios asiáticos y África, la India, China, fueron colonizadas por las potencias europeas. No bien llega Colón en 1492 a América, comienza el despegue del capitalismo burgués. Cuando llegan esas tres carabelas, ahí despega el capitalismo burgués. ¿Cómo? ¿Cómo despega? Despojando las riquezas de América. Esto es lo que Marx, en un capítulo célebre de El capital, que es el capítulo 24 de El capital, que se llama A propósito de la llamada acumulación originaria, Marx se pregunta: ¿cómo el capitalista consiguió su capital? Porque el capitalista no viene al mundo con el capital. El capitalista tiene que conseguir el capital. O sea, la civilización burguesa tuvo que hacerse poderosa. ¿Cómo se hizo poderosa? Saqueando a su periferia. Saqueando a su periferia. La conquista de América es para llevarse el oro de América hacia los países centrales, y ese fue el fundamento de la acumulación originaria del capital europeo y su posible despegue.

2. ¿Hay un pensamiento latinoamericano?

¿Hay un pensamiento latinoamericano? Bueno, esto tiene una respuesta inmediata y fácil. También un poco orgullosa, digamos. Nosotros estamos aquí. Estamos haciendo un curso de filosofía por televisión y desde la República Argentina, que no es Europa. Aunque lo intentó ser, digamos, en algún momento estuvo muy orgullosa de ser Europa, digamos, a comienzos del siglo pasado, pero ese es otro tema.

¿Hay un pensamiento latinoamericano? Sí, nosotros aquí pensamos en situación, pensamos como argentinos, no podemos pensar como otra cosa, aunque quisiéramos pensar como un europeo no podríamos porque no somos europeos, porque los únicos que pueden pensar como europeos son los europeos. O sea que esto que nosotros estamos haciendo aquí, que estamos tratando de pensar, de pensarnos es filosofía latinoamericana.

Ahora, lo que que potenció el pensamiento europeo, lo que lo hizo y lo hace posible, lo que hizo de Europa una potencia central, ubicada en la centralidad del mundo, fue el genocidio americano. Es decir, cuando llega nuestro amigo Colón, en ese día que llamamos absurdamente de la raza, ahí se inicia el despegue del capitalismo europeo, ahí comienzan las naves, los galeones españoles se llevan todo el oro a España... Como España en esa época, no sé ahora, era una nación un tanto indolente, no hacía nada con el oro, entonces aparecen los piratas, ¿y qué hacen los piratas ingleses? Le roban el oro a los galeones españoles, le roban el oro a los galeones españoles y se lo llevan a Gran Bretaña. Gran Bretaña es una nación industrialista, pujante, y hace el capitalismo. Entonces, cada vez más ese capitalismo se va concentrando en Europa.

Ahora sí, ese capitalismo responde a un genocidio latinoamericano que se calcula entre 30, 50 o 70 millones de muertos. Cuando muere una persona, nos horrorizamos. Cuando nos dicen que mataron 50 millones, es una estadística. Este es el horror de las grandes cifras. Son una estadística, no nos emocionan. Si vemos morir a alguien en la calle, que lo atropella un coche, por ahí nos da un infarto. Pero cuando nos dicen que mataron 50 millones de habitantes originarios en América Latina, y bueno, es una estadística. El pensamiento acerca del holocausto, de lo que nos vamos a ocupar acerca de Auschwitz, dice: no mataron seis millones de judíos, mataron uno y después lo mataron seis millones de veces más. Esto es para recalcar el valor de cada vida singular humana.

Entonces, con este genocidio que Europa no reconoce, ustedes vieron que España festejó los 500 años de la conquista de América como un gran acontecimiento festivo, fue un festival. Ese festival para América Latina representó el despojo, no solo de vidas humanas, de todas sus riquezas, que fueron llevadas al centro de Europa, y en Inglaterra esto toma el despegue del capital, y ahí se produce la centralidad de la civilización en Europa. Europa pasa a representar la civilización.

Lo que tiene el capitalismo de la burguesía, que es una clase poderosa, históricamente poderosa, y Marx lo reconoce mucho esto en El manifiesto comunista. Marx es un hombre enamorado de la burguesía en El manifiesto comunista porque ve que la burguesía es una clase tremendamente poderosa para hacer la historia. Entonces, la burguesía concentra las industrias en Manchester y Liverpool. Inglaterra es una nación industrialista, y todos los otros territorios periféricos quedan condenados a ser proveedores de materias primas del taller del mundo, que es Inglaterra.

Y yo le voy a explicar muy, muy simplemente, muy simplemente por qué un producto industrial vale más que una, digamos, una parva de trigo. Porque a la parva de trigo no hay que agregarle nada, entonces una clase ociosa agarra la parva de trigo y la exporta. En cambio, el producto industrializado requiere que se le agregue valor. Valor. No es un pedazo de fierro, no es un caño de fierro, es un fierro trabajado, es el trabajo del acero, el trabajo de la industria, el trabajo del hierro. Entonces el producto industrializado siempre vale más que la materia prima.

Nosotros quedamos condenados a ser productores de materias primas. Europa es el taller del mundo, y sobre todo Inglaterra, el taller de todas las manufacturas que luego exporta a América Latina, que importa esas manufacturas. Como importa el pensamiento europeo. Porque esto es lo doblemente trágico: no solo América Latina se dedica a no producir una industria autónoma, sino que no produce un pensamiento autónomo. Porque el pensamiento latinoamericano comienza a ser, y comienza su despegue, como reflejo del pensamiento europeo, y no podía ser no podía ser de otro modo porque para ser culto en el siglo XIX había que leer los textos de los teóricos europeos.

Porque en verdad, por ejemplo en la Argentina, los que no eran cultos, digamos los caudillos federales, Facundo Quiroga, Ángel Vicente Peñaloza, Francisco Ramírez, Felipe Varela, López Jordán y todos los caudillos no eran cultos, no eran cultos, no podían ser cultos, eran hombres del pueblo, eran ignorantes. En cambio, la clase cultivada de Buenos Aires lee todos los libros europeos (que venían en los barcos) y con esos libros europeos intentan comprender nuestro país. Trágica contradicción, trágica contradicción.

3. ¿Poscolonialismo o neocolonialismo?

Hay una corriente filosófica que se estudia todavía en las academias, y que tuvo mucho desarrollo, que es la llamada teoría poscolonial.

El representante que a mí más me interesa, y ustedes quizás oyeron hablar de él por lo que hizo, ahora murió, pero es Edward Said. Edward Said estaba asociado con el pianista y conductor de orquesta Daniel Barenboim, porque habían hecho una orquesta mitad palestina mitad israelí que dirigía Barenboim, y Edward Said le daba a Barenboim digamos el fundamento teórico. Edward Said se llama así mismo un teórico poscolonial palestino.

Después está Gayatri Spivak, de la India, y está Homi Bhabha, pero ellos están equivocados. La situación que ellos describen no es poscolonial. Digamos, nadie puede decir que la India es un territorio que ha dejado de ser una colonia definitivamente, o Palestina, o Argelia, digamos, son territorios neocoloniales.

Esta es una definición que le corresponde a Tulio Halperín Donghi, que lo cito porque es un historiador muy prestigioso, que se fue de la argentina en 1966 e hizo una gran carrera académica en los Estados Unidos, entonces si uno lo cita Tulio Halperín Donghi queda bien, queda bien. Entonces Tulio Halperín Donghi habla del pacto neocolonial. Vamos a hablar del pacto neocolonial.

¿Qué es la Revolución de Mayo? La Revolución de Mayo es el pacto neocolonial que Buenos Aires hace con las potencias europeas hegemónicas de ese momento, Inglaterra y Francia, sobre todo Inglaterra en lo económico y Francia en lo cultural, y reniegan de España. Es salir de España para entrar en la órbita de Inglaterra y Francia. Ese es el pacto neocolonial.

Ahora, Spivak, Edward Said, Homi Bhabha, dicen que ellos escriben teoría poscolonial. No hay poscolonialismo, porque el colonialismo no terminó. No hay poscolonialismo, lo que hay son nuevas formas de colonialismo, así que estos teóricos parten de un punto de vista equivocado. Pero ellos, entonces, el error que tienen es que para estudiar los textos coloniales estudian la literatura europea; en efecto en la literatura europea hay una enorme presencia del colonialismo. Por ejemplo, estudian Jane Austen, estudian El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, y ahí descubren los elementos colonialistas que hay en esa literatura.

Bueno, nosotros no necesitamos de ningún texto europeo. Fue nuestra propia burguesía porteña, burguesía de Buenos Aires, la burguesía ilustrada, la que escribió los textos neocoloniales. A ver si está claro esto: no tuvimos que ir a buscar las teorías colonialistas en los europeos, fueron escritas por nuestra ilustrada burguesía de Buenos Aires. Por supuesto, se basaron en libros europeos, pero las escribieron ellos mismos, y brillantemente, con gran talento, con gran talento y el más talentoso de todos, el que escribe un libro desmedido, desmesurado, genial, contradictorio, digamos que uno lo odia, lo detesta, lo ama, lo admira, que es una mezcla de novela, ensayo, psicología de los personajes, estudio geográfico, todo, es el Facundo de Sarmiento, de Domingo Faustino Sarmiento: Facundo, civilización y barbarie. Civilización o barbarie también, porque es una opción de hierro la que da Sarmiento.

Entonces, nosotros tenemos lo siguiente. Nuestro gran texto neocolonial es el que Sarmiento comienza a publicar en el diario El Progreso de Chile, donde Sarmiento estaba en efecto exiliado. Entonces, en ese exilio de Sarmiento... Sarmiento era un hombre muy... Sarmiento era un titán, digamos. No hubo otro como Sarmiento. Fue un gran escritor, fue un gran viajero, fue un gran mujeriego, fue presidente de la República, fue militar, fue asesino, como él mismo lo dice. Van a conocer ahora al militar, al asesino, y pensar las estupideces rosas que se escriben sobre Sarmiento en los libros de historia de los colegios argentinos, es un insulto, un insulto a la personalidad gigantesca de Sarmiento. Él mismo, en mi defensa, hay un capítulo en el que dice, ahora van a conocer al militar, coma, al asesino. Este personaje tan contradictorio merece un mejor tratamiento, y vamos a tratar de dárselo.

Sarmiento escribe en Chile, donde estaba exiliado por el gobierno de don Juan Manuel de Rosas, escribe Facundo, y lo publica en El Progreso como folletín, es un folletín. Escribe descontroladamente, y vamos a ver qué es lo que nos dice en este texto fundamental de nuestra literatura.

4. Facundo, ¿un gran libro latinoamericano?

La pregunta es: ¿es Facundo un libro americano? ¿Es un libro que responde a la esencia profunda de nuestro país, de la Argentina? Por supuesto, por supuesto, más allá de todos los teóricos que encuentren en Facundo la teorización del pacto neocolonial, la exaltación de la unidad con Europa, la necesidad de europeificar el país, e incluso la necesidad de exterminar a los gauchos y a sus caudillos, Facundo es un libro profundamente argentino y americano.

¿Por qué? Ustedes observen lo siguiente, Sarmiento no escribe la biografía de Rivadavia. Sarmiento no escribe la biografía, ni siquiera la de San Martín, como hace Mitre, digamos, que escribe la biografía de los grandes hombres de la historia argentina, ¿no? San Martín, Belgrano. No, no, Sarmiento se mete con lo que yo llamo el barro de la historia. Sarmiento escribe la biografía de Juan Facundo Quiroga. No escribe la biografía del General Paz. No escribe la biografía del General Paz, que para Sarmiento era la esencia del militar a la europea.

Escribe la de Juan Facundo Quiroga, porque Juan Facundo Quiroga es para Sarmiento un personaje argentino, americano. Es un caudillo detrás del cual van las masas, un caudillo que tiene una vida azarosa, un caudillo bárbaro para Sarmiento. Representa a la barbarie, es decir, lo otro de la civilización, pero ese otro de la civilización lo fascina tanto a Sarmiento que escribe sobre eso e incluso llega a decir de Quiroga: nuestras sangres son afines. Y describe tanto a la montonera de Quiroga, que en algún texto que habré escrito yo que sé en el pasado, yo lo llamaba a Sarmiento el poeta épico de la montonera, porque (esto es muy lindo, eh, piénsenlo) en Martín Fierro no hay montoneras. En Martín Fierro, que es tomado como el canto al gaucho, lo que hay es el gaucho derrotado, el gaucho llorón, el gaucho que se va a la frontera con el Sargento Cruz, se queda entre los indios, y cuando vuelve vuelve manso vuelve a trabajar. El que obedeciendo vive nunca tiene suerte blanda, mas con su soberbia agranda el rigor en que padece. Escuchen: obedezca el que obedece y será bueno el que manda.

Bueno, ese que digamos no es una consigna muy combativa, ¿no? Pero, ¿por qué? Porque el gaucho Martín Fierro es el gaucho derrotado que está pidiendo permiso para formar parte del sistema que ya hegemoniza Buenos Aires. Facundo Quiroga no, el gaucho que pinta Sarmiento es el gaucho de la montonera guerrera, el gaucho del gran caudillo de La Rioja, Facundo Quiroga, que guerrea contra el General Paz en Oncativo, en La Tablada, que llega a Buenos Aires, que cambia cartas con Rosas, que Rosas lo manda en esa misión al interior, que lo matan en Barranca Yaco, es una vida llena de acontecimientos, no es la vida del señor Rivadavia, no es la vida del señor Rivadavia que hacía digamos negocios con la Baring Brothers.

Y ojo, eh, esto no es revisionismo, yo no hago revisionismo, y el que crea que yo hago revisionismo le aviso lo siguiente, a los que crean que yo hago revisionismo histórico: yo lo olvidé al revisionismo histórico, yo estudio la historia argentina desde el libro de Theodor Adorno y Max Horkheimer, Dialéctica del iluminismo y desde el Heidegger II, los cuales demuestran que la acción del colonialismo y del imperialismo en los países periféricos fue nefasta.

Y ustedes díganme si nosotros podemos hablar del progreso como hablaban Mitre, Sarmiento, la generación del 80. ¿Dónde está el progreso? ¿Dónde está el progreso de la periferia? O sea, ¿de qué sirvió la colonización de la burguesía europea? No sirvió. Las naciones siguen atrasadas, tan atrasadas como estaban antes de que fueran las burguesías europeas, o más, porque de haber podido seguir su desarrollo, habrían quizás tenido una autonomía y una dignidad nacional mayor.

Pero Sarmiento es entonces, este gran escritor argentino. Lo que escribe Sarmiento es la vida de Quiroga, la vida del fray Félix Aldao, que era un montonero, la vida del Chacho, escribe la vida del Chacho, de Ángel Vicente Peñaloza, a quien la burguesía de Buenos Aires, dirigida por Mitre y por Sarmiento, lo matan en Olta, y le cortan la cabeza y la clavan en una pica. En la plaza de Olta, y Sarmiento dice: muy bien, así es como se hace.

Entonces, este tipo sanguíneo, este tipo talentosísimo, escribe en un lenguaje profundamente argentino. Cuando Sarmiento le manda su libro al gramático cubano Mantilla, aquel no lo puede creer, alguien que en América escribe en un lenguaje americano, que se ocupa de temas americanos, de personajes americanos. Entonces, a diferencia del Martín Fierro, Facundo agarra al gaucho en su momento más combativo, cuando el gaucho se está enfrentando a Buenos Aires, cuando todavía está peleando por su autonomía, cuando todavía no lo derrotaron.

El gaucho antes de la batalla de Pavón de 1861, donde Urquiza se retira y le deja la batalla y el triunfo a Mitre, traiciona al federalismo, y ahí el federalismo pierde, pierde la batalla además con la guerra del Paraguay. Ese gaucho derrotado es el que toma Hernández en el Martín Fierro.

Esto que yo estoy diciendo es pensamiento argentino. Esto es filosofía nacional. Estamos pensando sobre nuestra historia, sobre nuestros libros, sobre lo que nos pasó a nosotros. Estamos tratando de entender lo que nos pasó a nosotros. Entonces lo que nos pasó a nosotros es lo siguiente: ganó la burguesía de Buenos Aires y ganó la oligarquía terrateniente. Hicieron no un país, hicieron una ciudad, una ciudad le ganó a un país, se construyó una ciudad en lugar de un país, todo el resto quedó condenado a la pobreza, y más o menos ahí sigue todavía.

Ahora estos titanes como Sarmiento, que construyeron este país, a la vez escribieron una genuina literatura latinoamericana, por el lenguaje, por los tipos latinoamericanos que eligieron.

Todo esto es muy muy denso, muy apasionante, nosotros vamos a volver sobre eso. Bueno, a mí me gusta mucho todo esto, si yo se los puedo transmitir, voy a ser muy feliz.

Bueno, hasta luego.