El hombre está condenado a ser libre. El hombre está condenado a perder su libertad. Dialéctica del grupo. El "grupo en fusión". El juramento en tanto cosa. La traslucidez de la praxis. La nada es el fundamento del ser. El "Prólogo" a "Los condenados de la tierra". Europa ya no es sujeto, es objeto. Sartre le quita a Europa el sujeto y lo pone en el Tercer Mundo. El colonizador y el colonizado. Qué ocurre cuando un colonizado mata a un colonizador. La descolonización y los mercenarios franceses. Sartre, Fanon y su influencia en la militancia argentina de los años 70.
Seguimos con Sartre. Después de El ser y la nada, Sartre comienza, en efecto, a polemizar mucho con los marxistas.
Los marxistas esencialmente le cuestionan algo cuestionable, es decir, esa existencia que Sartre plantea como que llega al mundo y después se da la esencia, los marxistas dicen que esa existencia ya viene a un mundo que la determina, en el cual está la historia, la lucha de clases, la injusticia, la tortura, la historicidad, los bloques, la guerra fría, en fin, muchas cosas.
Nosotros, desde América Latina, podríamos decir que eso de la existencia precede a la esencia, o sea que uno comienza por existir porque no tiene esencia y la esencia se la va dando en la medida en que elige, es muy distinto en un niño de una escuela en Jujuy totalmente empobrecida, que pasa hambre, que se desmaya en el aula, que en un niño que nace en la calle Arroyo, Ahí el que nace en el interior despoblado y pobre está condenado a perder, no está condenado a ser libre, está condenado a perder. Vean una gran película de Buñuel, Los olvidados.
O sea que esta falta de estructuración material que presenta la filosofía de Sartre le fue muy bien señalada, y él se propuso solucionarla uniendo el marxismo y el existencialismo, en uno de los proyectos más fascinantes de la historia de la filosofía, que es La crítica de la razón dialéctica.
Sartre sigue partiendo de la conciencia, pero ahora incorpora la materialidad, el mundo material, los condicionamientos del mundo material. Y la fórmula que dice es: partir de la conciencia no impide definir al hombre por su materialidad. Entonces va a partir de la conciencia y va a llegar a todas las más altas totalizaciones de lo material.
La crítica de la razón dialéctica presenta en uno de sus más grandes desarrollos, de sus más fascinantes desarrollos... Yo no puedo seguir todo el texto aquí, porque es enorme, es un texto, digamos, de mil quinientas páginas. Yo recuerdo haberlo leído en 1967, leía dieciocho horas por día y hacía setenta páginas por día, dieciocho horas para leer setenta páginas. Es muy difícil el libro.
Pero vamos a tomar uno de sus fragmentos, que es el del grupo. La dialéctica del grupo está genialmente analizada por Sartre. ¿Qué es un grupo? Un grupo son una serie de libertades que se unen, una serie de sujetos libres que deciden formar un grupo. Al formar el grupo, lo fundamental es el juramento. El juramento es aquello a lo que todos dicen que van a ser fieles. Juro ser fiel a tal y tal cosa. Es decir, el grupo establece una serie de condiciones que todos juran cumplir. El juramento, dice Sartre, es una coseidad dentro del grupo, porque en ese juramento cada uno pone su libertad. En realidad, acepto no ser libre, delego mi libertad en el juramento, pero al juramentarme formo parte del grupo.
Pero sin embargo, dice Sartre, el grupo es imposible, porque el hombre no puede dejar de ser libre. Y voy a tomar un ejemplo de Las manos sucias. Por ejemplo, digamos que el grupo le pide a uno de sus integrantes que vaya a matar a Pedro Liniers, digamos. ¿Quién va a matar a Pedro Liniers? Yo que sé quien es Pedro Liniers. Alguien a quien el grupo necesita que lo liquiden. Le dan la tarea a Juan. Juan, como ha jurado ser fiel al grupo, va a cumplir con la orden y, de pronto, confiesa: a las dos, tres cuadras, la orden me abandonó. A las dos, tres cuadras, la orden me abandonó y me encontré solo. Ya no tenía la orden. Ya no tenía la orden que hacía de mí un inocente. Tenía que decidir por sí mismo si lo mataba a Pedro Liniers. Cuando yo tenía la orden, era muy fácil, era la orden que me había dado el grupo. Pero como soy libre y estoy condenado a ser libre, la orden se me perdió (esto es genial, está en un pasaje de Las manos sucias), la orden se me perdió, no supe dónde estaba la orden, y entonces me encontré solo con mi libertad y ahí ya no supe si matar o no a Pedro Liniers, y supe también que si lo mataba, la responsabilidad era mía, porque ya no tenía la orden.
Entonces, la libertad de cada uno de los miembros va erosionando al grupo, porque el grupo no puede arrebatarle la libertad a nadie, aun cuando introduzca la figura del juramento. La libertad va a negar al juramento en el mismo momento en que a cada uno de los sujetos se le aparezca su libertad.
Lo que erosiona la cohesión del grupo es entonces la libertad de cada uno de aquellos que lo forman.
Pero la libertad, la libertad, le ha sido arrebatada a lo largo de la historia a muchos seres humanos. Y Sartre, un europeo, se encarga de decirle a los europeos cómo ellos (los europeos) han sido los que más han arrebatado las libertades de los otros. O sea, es el discurso de un europeo contra Europa, para pedirle a Europa que asuma un destino humanitario al lado de los libres. ¿Qué ha hecho Europa? ¿A quiénes les ha quitado la libertad?
Esto es lo que Sartre va a tratar en un prólogo célebre, absolutamente célebre, terrible, terrible, descarnado, genialmente escrito. Es quizás el texto, no sé, yo creo que es el texto mejor escrito del siglo XX. Con esto le digo lo que pienso. Es el famoso prólogo al libro de Frantz Fanon, Los condenados de la tierra. Frantz Fanon era un argelino que había nacido en Jamaica, y que escribe ese libro, Los condenados de la tierra, y que persigue a Sartre para que Sartre le haga un prólogo.
Fanon ya estaba enfermo de leucemia, se encuentra con Sartre, y le hace una serie de críticas a La crítica de la razón dialéctica, que Fanon tenía toda subrayada, y Sartre lo toma de buen grado, digamos, y le pide que le escriba el prólogo. El libro de Fanon lo que trata es la resistencia de Argelia al colonialismo francés. La situación es así. Argelia fue conquistada en 1830 por el general Bugeaud, que tiene una estatua en Francia. El general Bugeaud decía: para combatir a la barbarie (es decir, a los guerreros argelinos que se enfrentaban a los soldados franceses), hay que combatirla con una barbarie mayor.
Y el general Bugeaud pasa a la historia como el conquistador de Argelia. O sea, Argelia es un territorio colonial de Francia. En 1954, Ben Bella crea el Frente de liberación nacional argelino y ahí comienza la resistencia de Argelia contra el colonizador francés. Esta resistencia se expresa a través de atentados terroristas, a través de la guerrilla del Frente de liberación nacional y con un apoyo creciente del pueblo musulmán que habita el territorio de Argelia, conquistado por los franceses.
Sartre, entonces, escribe el memorable prólogo al libro de Fanon, que se publica en 1961. El prólogo comienza diciendo: miren europeos, qué cosa tan extraña, estos negros a los que tanto despreciábamos, estos negros que apenas se podían balbucear las palabras de la cultura occidental, que decían par-te-nón, de pronto, cuando conseguían decir partenón bien dicho, nosotros decíamos, miren, hablan, si hasta le enseñamos a hablar en francés a estos negros. Entonces, dice Sartre: se acabó. Se acabó. Ya no somos el sujeto de la historia los europeos, somos el objeto. Estos luchadores colonizados por nosotros, los franceses, son el nuevo sujeto de la historia. Nace aquí la teoría del tercer mundo, que fue una de las teorías revolucionarias de los años 60.
Sartre entonces va a caracterizar la situación del colonizador y la del colonizado. La situación del colonizador es la del colonizador francés, y es la de los países colonialistas en general: Francia, Inglaterra, Holanda, España, y en este momento Sartre se ocupa de Francia y de Europa. Habla de Europa y dice: Europa se ha hecho a sí misma fabricando esclavos y monstruos. Todo lo que tenemos lo hemos robado de las colonias. Usted que vive tan bien y que se cree un europeo refinado en su cultura, olvida que en las colonias se tortura en su nombre.
El efecto del prólogo es devastador porque está dirigido a los franceses, es un francés que se dirige a los franceses. En realidad, Sartre se está dirigiendo muy potentemente a Charles de Gaulle, que es un personaje totalmente distinto a Sartre. De Gaulle es alto, es militar, Sartre es chiquitito, filósofo... Pero el prólogo va a tener una potencia tremenda en las luchas de liberación del tercer mundo.
Sartre va a decir que para eso sirvió la razón europea, sirvió para fabricar esclavos y monstruos en las colonias. El sujeto europeo se hizo a sí mismo expropiando a los esclavos coloniales, al mundo colonial.
En consecuencia, en Argelia, donde ya comienza la sublevación contra el dominador colonial francés, lo que va a decir Sartre es: nosotros ya no somos más los sujetos de la historia, los sujetos de la historia son ellos, porque ellos están haciendo la historia, nosotros la estamos frenando.
Y dice una frase que voy a analizar ahora. Dice: lo más que pueden hacer nuestros mercenarios es demorar este proceso, demorar este proceso, impedirlo jamás. Gran error de Sartre, gran error de Sartre, basado en la esperanza de la revolución cubana y de un momento que en América Latina comenzaban a darse los movimientos de la guerrilla de izquierda. Los mercenarios, pueden hacer mucho más que demorar los procesos de libertad de los colonizados. Pueden aniquilarlos, pueden alquilarlos. Lo que pasa es que Sartre creía también aquí que la historia tenía un devenir necesario. En esa época se decía mucho la frase, la historia marcha hacia el socialismo, que era una certeza que nadie sabía de dónde había salido, pero todos la decían: la historia marcha hacia el socialismo. En realidad no marchó hacia ahí, como todos sabemos.
Ahora, Sartre dice: esta libertad de los colonizados, nuestros mercenarios lo único que van a poder hacer es demorarla, porque es indetenible, ellos luchan por la libertad, y al luchar por la libertad están luchando por el hombre, por el concepto del hombre, están luchando por la dignidad del hombre. Sartre, con este concepto de la libertad, es el único pensador que todavía puede fundar una moral, porque una moral sólo puede fundarse sobre la libertad del sujeto. Si no somos libres, no podemos ser éticamente responsables. Incluso Roland Barthes, que es un enemigo de Sartre, dijo: el día que queramos volver a pensar en la posibilidad de una moral, vamos a tener que recordar a Sartre.
Entonces, lo que Sartre dice es que los que están luchando por la libertad del hombre son los colonizados. Los colonizadores lo que están tratando es de aniquilarlos, de mantener el dominio de Europa en Argelia. Ahora, aquí dice una de sus frases más terribles, porque el tema del libro de Fanon es la violencia, es la violencia, y Sartre dice: cuando un colonizado recibe su fusil, recibe su humanidad. Cuando un colonizado mata a un colonizador, nace un hombre libre y queda un hombre muerto.
El estilo brillante de Sartre le da más potencia a estas frases que enfervorizaron a toda una generación. Acá el prólogo de Sartre al libro de Fanon fue ardorosamente, masivamente leído. Digamos, la libertad nace del fusil. Toda la militancia de los 70, fusiles y machetes por otro 17, etcétera, etcétera. Pero, bueno, en este texto efectivamente Sartre valida aquí la lucha armada.
Lo que ocurre, en verdad, es que la lucha armada es a veces una consecuencia indeseada de los regímenes totalitarios, de los regímenes dictatoriales. Entonces, si Argelia estaba sometida por Francia, Argelia, caramba, estaba sofocada, estaba sometida, su territorio no era libre. Entonces Sartre se atreve a decir: cuando un colonizado mata a un colonizador nace un hombre libre, porque lo único que le ha quedado al colonizado es la violencia. Eso es lo que no tiene que pasar.
Aquí, aquí, por ejemplo, un problema tremendo que tenemos con la muerte del general Aramburu es, ¿por qué? ¿por qué murió? ¿por qué lo mataron? Bueno, atención, ese acto ocurrió después de 15 años de proscripción del peronismo, de 15 años de proscripción de las mayorías peronistas y del líder al cual esas mayorías querían. Si las mayorías eran peronistas, si esa era su identidad política y si el líder al que adherían era Perón, todo lo que hizo el estado antiperonista desde 1955 hasta el 70 fue ilegal, fue ilegal, se vivía en estado de ilegalidad: o gobernaban los militares o gobernaban gobiernos radicales digitados por los militares. Eso genera violencia, lo que no genera violencia es una democracia abierta a la inclusión social. Eso no genera violencia o en todo caso ahí la violencia no se justifica en absoluto.
Los guerrilleros argelinos, en verdad, luchaban por su territorio ocupado por el colonialismo francés.
Si los colonialistas franceses no hubieran ocupado el territorio argelino no hubiera existido la violencia del Frente de liberación nacional. Lo que ocurre es que cuando un territorio o una sociedad es sofocada por una dictadura es muy posible que surja la lucha armada como resultado del sofocamiento de las instituciones, de los canales de diálogo que deben existir en una democracia.
Esto es lo que pasó con la guerrilla en la Argentina, y la influencia del texto de Sartre, hasta que llega el gobierno democrático de Cámpora. A partir de ahí, en la medida en que ese gobierno es democrático, la violencia no tiene justificación. Menos todavía cuando Perón, en 1973, gana con el 64% de los votos. A los dos días, la organización Montoneros, dirigida por Mario Eduardo Firmenich, a quien yo llamo el nefasto, mata al sindicalista Rucci, que era fundamental en el esquema de Perón.
¿Cómo es posible que a dos días de un pronunciamiento popular del 64% alguien crea que tiene el derecho a cometer un asesinato? Esto sí es un asesinato. O sea, la violencia dentro de una democracia, como digo, inclusiva, que no margine, que no cree hambre, no tiene ningún sentido. Ahora, también es cierto que la democracia tiene responsabilidades profundas con aquellos que habitan en ella, y su mayor responsabilidad, por supuesto, es la educación, la distribución del ingreso, que nadie pase hambre, que nadie sea un analfabeto, y posibilidades de trabajo para todos. Si la democracia no puede dar esto, está fallando algo.
Volviendo a Sartre, digamos que Sartre es el filósofo de la libertad, y que la filosofía debe estar buscando siempre la posibilidad del acto libre. Porque cuando estudiemos Foucault, vamos a ver que Foucault analiza el poder, es un brillante analista del poder, e incluso larga una frase que es: donde hay poder siempre hay resistencia al poder. Pero Foucault se pasa casi toda su vida analizando el poder y la resistencia al poder no la analiza nunca. Entonces incluso sus alumnos le dicen, Michel, ¿dónde está la resistencia al poder? ¿Cuándo nos dice algo, maestro, de la resistencia al poder?
Lo que pasa es que Foucault es el filósofo del poder, pero Sartre es el filósofo de la libertad. ¿Por qué no, entonces, combinarlos? Foucault describe magistralmente el poder, pero Sartre siempre habla de la posibilidad del acto libre, de la conciencia crítica, porque si no existe la posibilidad de nuestra propia crítica, de que en algún punto pese a todas las determinaciones a las que estamos sujetos, pese a todos los condicionamientos, los medios de comunicación, los gobiernos, la propaganda, la manipulación, Internet, las clases sociales, el hambre, todo eso lleva al sujeto a un acorralamiento del sujeto en el cual pareciera que no queda margen para su libertad. Sin embargo, siempre tenemos que tener la esperanza de que la libertad sea posible, que en algún punto ese sujeto se vuelva un sujeto crítico y diga: no, no quiero ser lo que están haciendo de mí, quiero ser algo distinto, yo no acepto más lo que están haciendo de mí.
Y entonces, ¿qué es lo que va a hacer? Se va a unir con otros, muy pocos que piensan esto, porque hay que tener mucha valentía para estar solo. Va a buscar a los otros que piensan esto, y al hacer esto va a estar ejercitando la filosofía sartreana, porque la filosofía sartreana, al ser una filosofía de la libertad, es la filosofía que recupera y fundamenta la posibilidad del acto libre del sujeto.
Entonces cuando saca el sujeto de Europa y lo lleva a Argelia, lo lleva porque ve en Argelia una lucha por la libertad. Esa gente está luchando por su humanidad, y al luchar por su humanidad está luchando por lo mejor que podemos darle al hombre. El hombre o es libre o es esclavo de sus cadenas. O el hombre acepta sus cadenas, o lucha por librarse de sus cadenas, por librarse de todo aquello que hace de él una cosa, una simple cosa que refleja el mundo de lo anónimo (como diría Heidegger), y su conciencia crítica lo lleva a, por ejemplo, apagar el televisor.
Estos actos son ejemplificadores de la filosofía sartreana, que es una filosofía de la libertad. El sujeto es libre, y en consecuencia, el sujeto no acepta la enajenación, no acepta la esclavitud.
Si hay algo que nos permite reivindicar a Sartre y traerlo hacia hoy es justamente esta consideración de la praxis liberadora del sujeto libre, de la conciencia crítica frente a lo establecido, de la lucha contra la alienación y de la libertad entendida como libertad del sujeto que se elige a sí mismo y elige también el mundo en el que quiere vivir.
Hasta luego.