La posibilidad más propia. La posibilidad intransferible: nadie puede morir por mí. La posibilidad aisladora. La posibilidad extrema. La muerte es la posibilidad que habita todas mis posibilidades. La muerte existe porque existe el Dasein. La muerte es siempre la posible imposibilidad de todos los proyectos del Dasein. Pero son los proyectos de Dasein (su poder-ser, su estado de arrojo, su pro-yecto) los que tornan posible a la muerte. El ser-para-la-muerte como rasgo esencial de la existencia auténtica.
Venimos hablando de Heidegger y vamos a repasar algunas cosas. En verdad, Heidegger lo hace muy habitualmente e incluso cuando incursiona en repeticiones en sus libros dice: aquello que se repite se piensa dos veces. Así que vamos a pensar dos veces algunas de las cosas que dijimos.
El repaso fundamental es que el Dasein es el ser ahí, es ese ser que está ahí, arrojado en el mundo. Es decir, no hay como en el idealismo filosófico un sujeto por un lado y un objeto por otro lado. Hay un ser ahí, aquí la cosa cognoscitiva, conciencial, subjetiva, no tiene ninguna importancia, es existencial. El Dasein es un ente existencial que está arrojado al mundo.
¿Por qué está arrojado al mundo? Porque está arrojado hacia sus posibles. El Dasein, entonces, no es realidad como es realidad un árbol, una piedra, un volcán. El Dasein es posibilidad. No es realidad, es posibilidad. Está arrojado hacia sus posibles.
Dentro de estos posibles habíamos visto que hay un posible que le es posible a todos los posibles. Bueno, estas son cosas de la jerga filosófica que ya paso a aclarar. Nosotros tenemos muchos, muchos posibles, pero hay un posible que habita todos los posibles y es la posibilidad de morir. En cada una de mis posibilidades yo puedo morir.
Es cierto que algunos de ustedes, y con mucha razón, dirán: bueno, pero el hombre no es solo ser para la muerte, es ser para la vida, porque empezó viviendo. Pero eso no es lo que analiza Heidegger. Que el hombre empiece viviendo, efectivamente... El hombre cae en un mundo, cae en un mundo, todos hemos caído en un mundo, nos lo encontramos ya bastante constituido, y hemos caído en este mundo. Hemos caído viviendo, pero no bien hemos caído en este mundo, hemos sido seres ahí, Dasein, ser ahí, hemos estado arrojados a este mundo.
Ahora, este ente que es el Dasein, el ser ahí, tiene una especial particularidad que lo diferencia de todos los otros entes. Este ente es el que se pregunta por el ser. Ser y tiempo es un libro que se presenta a sí mismo diciendo: este libro se va a preguntar por el ser. El paso siguiente que hace Heidegger es decir: ¿cuál es el ente que se pregunta por el ser? O al menos, ¿dónde está la pregunta por el ser? Y aquí encuentra al ser ahí, al hombre, pero no al hombre universal, a eso que decimos el hombre, no, no, no, a cada uno de nosotros, al hombre individual, al hombre irrepetible que se angustia él, que sólo puede morir por sí mismo. Este hombre es el que se pregunta por el ser.
Entonces el ser ahí, dice Heidegger, es el ahí del ser, porque ahí, en el ser ahí, la pregunta por el ser viene al mundo, es decir, si hay pregunta por el ser es porque hay Dasein, no es porque hay vacas, terneros, langostas, o cigüeñas, lo que quieran. Es porque hay hombres en el mundo que la pregunta por el ser existe, porque son los hombres los que se preguntan qué es esto, qué es todo esto.
Bueno, si Heidegger habla tanto de la muerte y de la muerte y de la muerte, porque revela el momento en el cual fue escrito Ser y tiempo. Ser y tiempo se publica en 1927, es un momento muy sombrío en Alemania, un momento pleno de presagios. Gobierna la socialdemocracia con la constitución de la República de Weimar, está el anciano mariscal Hindenburg, que no se sabe muy bien para qué lado va a tomar, hay un poder muy grande comunista que aterroriza mucho a la pequeña burguesía alemana, y está este poder de la ola roja al que los alemanes temen mucho, y hay un partido (y un personaje al frente de este partido) que ha venido en un ascenso vertiginoso, pero al que Heidegger en ser y tiempo pareciera ignorar.
Es un un momento oscuro en el cual el cine del expresionismo lo expresa muy plenamente. Por ejemplo, hay películas, formidables películas como El gabinete del doctor Caligari, como M el vampiro negro, como Metrópolis (seguramente me olvido alguna), que están expresando este momento sombrío del expresionismo. Si ustedes han visto una película de Woody Allen, muy poco vista, que se llama Sombras y niebla, ahí Woody Allen recrea la estética del expresionismo e incluso si han visto las películas del cine negro norteamericano, ahí genialmente está recreada la estética del expresionismo. Son sombras, cine negro, nada de color, sombras, luces, pedazos de sombras, luces.
Bueno, en El gabinete del doctor Caligari, Caligari es un personaje bizarro, digamos, por usar esta palabra, un poco excéntrico, que tiene una especie de zombi siniestro que se llama Cesare. Vamos a ver quién le pregunta algo a Cesare y qué responde terroríficamente Cesare.
Usted conoce a Cesare. Cesare lo hace el gran actor alemán Conrad Veidt. Conrad Veidt es el que hace el nazi de Casablanca, el que Humphrey Bogart mata en el aeropuerto. De modo que acá, como el nazi de Casablanca, seguramente lo vamos a identificar.
Alguien le pregunta a Cesare, porque el doctor Caligari dice háganle preguntas a Cesare. Alguien, digamos, que ha tomado unas cuantas cervezas, lo cual es habitual entre los alemanes (digamos, una costumbre nacional), alguien le pregunta, medio en broma, ¿no? ¿Hasta cuándo viviré así? Y Cesare le responde, hasta mañana a la mañana.
Bueno, el terror de este hombre es inenarrable, porque todos piensan que alguna vez van a morir. Todos dicen: sí, el hombre muere, y yo alguna vez voy a morir. Pero piensa, están los médicos, los hospitales, yo qué sé. Además, aún no, dicen, aún no. O sea, la idea de la muerte es una idea que se posterga, que se posterga constantemente. Aún no, falta.
El sopapo existencial que le da Cesare es ponerle una fecha: vas a morir mañana a la mañana. Hasta ese momento, para este hombre que incurrió en esa fatal pregunta, los que morían eran los otros. La muerte era el espectáculo de ver morir a los otros. Uno, y aquí vemos la importancia de lo individual en Ser y tiempo, uno siente que no es mortal, o sí, siente que es mortal, pero que la muerte está tan adelante que aún no se va a ocupar de ella. Y que mueren los otros porque, bueno, tienen mala suerte.
Por ejemplo, voy a dar un ejemplo contundente. Cuando a usted o a mí nos dicen, ¿de qué murió? decimos. Y, de cáncer de pulmón, nos dicen. ¿Fumaba? Preguntamos enseguida. ¿Fumaba? Y de pronto, si nos dicen que sí: decimos, bueno, ¿qué querés? Lógico. Y si nos dicen que no, no nos gusta nada. ¿Cómo? ¿No fumaba y murió de cáncer de pulmón? Claro, bueno, entonces pensamos, estoy liquidado, yo que no fumo también puedo morir de cáncer de pulmón.
Entonces, el Dasein, por otro lado, es el único ente que muere. Porque es cierto que una vaca muere, que un cocodrilo muere, pero no saben que mueren. El Dasein sabe que entre sus posibilidades está la de morir. Está el aún no, y está el lo que falta, dice Heidegger. Esto es fantástico porque es un juego intelectual muy brillante. Vivimos en la modalidad del aún no, aún no, aún no. Y lo otro, lo que completa a esta modalidad, es lo que falta. Lo que falta es mucho, mucho, tanto que ni voy a pensar en eso.
Ahora, ¿por qué existe la muerte para el Dasein? Porque el Dasein, dijimos, es posibilidad, porque usted y yo estamos arrojados hacia nuestros posibles, proyectamos constantemente, imaginamos proyectos, siempre estamos proyectando, siempre estamos en estado como escupitados hacia el futuro. Mañana voy a ir al Tigre, mañana voy a empezar a arreglar la casa, mañana voy a Mar del Plata, mañana le rompo la cara a mi jefe. Miles, miles de posibilidades. En cada una de esas posibilidades está morir. Raramente digo mañana puedo morir. Eso está dentro del mundo existencial del Dasein.
Ahora ustedes observen por qué Heidegger está considerado el maestro del existencialismo, porque aquí no vemos relaciones de conocimiento como en Kant, como en tantos otros filósofos, pero tomemos Kant. Lo que aquí estamos viendo son relaciones existenciales. Esta clase, es muy posible que a usted lo angustie. Y bueno, y a mí también me angustia y a todos los muchachos y chicas que están en el estudio tienen una cara que mejor no la voy a describir, pero están angustiados porque el Dasein, en efecto, muere por su característica más propia, muere porque es arrojo hacia el futuro. Ahora, al arrojarme hacia el futuro porque soy posibilidad en ese futuro, inevitablemente está que deje de ser posibilidad. Entonces, esta posibilidad de muerte constituye al Dasein. El Dasein es ese ser que es para la muerte.
La existencia auténtica y la existencia inauténtica, que son las dos que va a describir Heidegger, se diferencian esencialmente en que la existencia inauténtica vive para negar que va a morir. Entonces, se atosiga de cosas, de novedades, de habladurías, de escribidurías, para sofocar en sí la idea de la muerte.
La existencia auténtica, por el contrario, asume la idea de la muerte. Sí, yo voy a morir y es mi muerte la que me es propia.
Tenemos que ver otros desarrollos que hace Heidegger profundizando este tema del ser para la muerte, del ser ahí.
Mi muerte es intransferible. Mi muerte es mía. Nadie puede morir por mí. Es posible que en una batalla, y lo hemos visto muchas veces en el cine, alguien diga: no, estás malherido, yo voy a hacer esto por vos, y al hacerlo por el que está malherido, su compañero amigo muere. Podemos decir que murió por él, pero no murió por él, no murió por él, porque él es el único que puede morir por él, porque él es él, y su muerte es su propia muerte.
Entonces, como nadie puede morir por mí, mi muerte es individual, es intransferible, no se la puedo ceder a nadie. ¿No querés morir por mí? No, todos me van a decir, no. Y entonces yo tengo que saber, no, tengo que morir por mí. A la vez, esta posibilidad de morir es aisladora. Me aísla porque al ser solo yo el que puede morir por mí, esto me aísla de los demás. Me aísla de los demás. Cuando uno, en realidad, piensa en la posibilidad de morir, se siente solo. Es una posibilidad aisladora. Está bien que piensa en atenuantes. El atenuante que pone Heidegger es el médico. El médico es el encargado de venir y de decirle al moribundo, aún no, aún no, y hay muchos que mueren con el aún no en la cabeza, digamos, como consuelo último. Bueno, el consuelo del cura también es otro, el consuelo de la fe, hay muchos consuelos, pero para este existencialista duro que es Heidegger, la muerte me deja solo.
Entonces, ¿cuándo muere el Dasein? El Dasein muere cuando el aún no ya no existe, y el aún no se convierte en el momento en que se fina, Heidegger dice fina, es por morir, en que se muere. Ahora, acá viene una cuestión muy delicada. A ver, vamos a hacer un esfuerzo, vamos a tratar de entender esto que es filosofía pura, filosofía pura.
El Dasein, el ser ahí, el hombre, cuando muere, ¿es una totalidad? ¿cierra su vida? ¿cierra su vida como todos creemos? Bueno, cerró su vida, concluyó su vida, concluyó su ser en el mundo. No, dice Heidegger, el hombre al morir, no es una totalidad, simplemente deja de ser. ¿Por qué? Porque el hombre es posibilidad. El ser del hombre es posibilidad. Entonces, la muerte aniquila mi posibilidad de ser. Si la muerte me aniquila como posibilidad, la muerte aniquila mi ser. En consecuencia, la muerte es dejar de ser. No es cerrar la totalidad de una vida, es dejar de ser, porque es dejar de ser posible, dejar de ser posibilidad.
Este dejar de ser posibilidad es la incapacidad que tiene el Dasein, el ser ahí, para totalizarse, para ser una totalidad. En realidad, si el Dasein fuera una totalidad sería una cosa, pero como no es una cosa, como es siempre no realidad sino posibilidad, el Dasein nunca es una cosa, sino que deja de ser.
Nosotros vimos el ejemplo del fiambre, de ese camionero que ve pasar un cortejo fúnebre y detiene su camión y de atrás empiezan a tocarle bocina y el tipo, enojado, el camionero, baja y les dice a los demás: pero paren, ¿no ven que está pasando un fiambre? Y en la idea de ese camionero, que pase un fiambre quiere decir que no está pasando un hombre que murió sino que está pasando una cosa, un fiambre, o sea que el muerto ya no es, y efectivamente en esto tiene razón, ya no es un Dasein, porque morir es ya no ser posible, es ya no tener posibilidad, y el no tener posibilidad es ser una cosa, porque si algo caracteriza a las cosas es que las cosas no están arrojadas hacia su futuro, porque no tienen futuro. Una roca no tiene futuro. El hombre sí tiene futuro. Y la muerte hace cesar ese futuro, esa posibilidad que es su ser. En consecuencia, deja de ser.
Ahondando en este tema, y perdón que yo ahonde en este tema, pero es el tema de Ser y tiempo, es uno de los temas fundantes del libro más importante del siglo XX en filosofía.
Heidegger va a decir que al Dasein le es inminente morir. Le es inminente morir. O sea que es una inminencia para el Dasein. ¿Por qué? Es un poco el mismo esquema aplicado a la posibilidad. Heidegger dice, puede ser inminente que venga un amigo a visitarme. Puede ser inminente que yo haga un viaje. Puede ser inminente que salga a cabalgar por la pradera. Puede ser inminente que coma un guiso de lentejas. Todo eso puede serme inminente. Ahora, lo que siempre me es inminente es que puedo morir.
Tengo que asumir que la muerte es una inminencia constante en mi vida. Esta es la asunción que el Dasein hace de esa inminencia. O sea, de todas las inminencias que me son posibles, por ejemplo, es inminente que venga mi amigo Ricardo a visitarme a casa. Que eso me guste o no me guste, no importa, pero es inminente que venga. Son inminentes muchísimas cosas. Hay muchas inminencias, puedo ver, pero la inminencia, la inminencia fundante es que puedo morir.
Ahora, observen esto que es muy interesante y lo voy a decir por primera vez. Si el Dasein piensa auténticamente que la muerte le es inminente, ahí sí va a cerrar desde él, proyectando hacia el futuro, su totalidad, pero la va a cerrar desde su existencia. No la puede cerrar muriendo porque al morir deja de ser, deja de ser posible, pero yo desde mis posibilidades puedo decir: la muerte me es inminente. Me espera en algún lado, en algún momento, y desde ahí puedo cerrar la totalidad de mi existencia.
Ahora, la muerte, y esta es otra de las características que le pone Heidegger, no tiene referencialidad. Mi muerte no refiere a nada. Es decir, yo puedo morir y morir no es como un signo. Voy a dar un ejemplo de signo. El semáforo es un signo, eso es un signo. Cuando usted va a cruzar la calle, ve el semáforo en rojo, se para; ve el semáforo en verde, camina. Y, bueno, el mundo es un sistema de signos (esto lo estudia mucho la semiología, la lingüística, Ferdinand de Saussure, el estructuralismo lingüístico). Pero la muerte no referencia a nada. La muerte solo se refiere a mí. Se refiere a mí. Soy yo el que muero y mi muerte no refiere a nada más que a mí.
Los útiles, todos los útiles están referidos a algo. Habíamos dado brevemente, y lo vamos a dar ahora brevemente, el ejemplo del clavo, el martillo y el cuadro. El clavo refiere al martillo o el martillo refiere al clavo y el clavo refiere a colgar el cuadro y el martillo a clavar el clavo para colgar el cuadro.
No hay signos que señalen la muerte. La muerte es propia, es irreferente, irreferente, solo se refiere a mí, no se refiere a ninguna otra cosa porque es mi muerte y es irrebasable, es irrebasable, es irrebasable porque más allá de la muerte, dice Heidegger, no hay nada. No hay nada.
Heidegger dice: cuando comenzamos a hacer filosofía dejamos de lado la teología, que es como decir dejamos de lado a Dios. Porque si cuando yo comienzo a hacer filosofía empiezo a hablar de Dios, ya tengo todas las respuestas. Porque Dios es un Señor que los hombres han creado para que dé todas las respuestas que lo angustian. Pero no, señores. Dios no está para dar las respuestas que nos angustian. Las respuestas las tenemos que buscar nosotros mismos.
En consecuencia, la muerte es irrebasable, no me lleva a ninguna parte. Más allá de mi muerte no hay nada. Entonces, mi muerte es irrepetible (solo muero una vez), es irreferente (no se refiere a nada sino a mí) y es irrebasable (más allá de ella no hay nada).
Todo esto tiene una connotación política que ya vamos a ir viendo más detalladamente, pero no en este momento. Y esta connotación política es la que Heidegger va a delinear como aquello que debiera constituir al guerrero auténtico del tercer Reich. Pero esto lo va a decir mucho más tarde y nunca lo va a decir claramente.
Pero digamos, ¿quién es el existente auténtico, entonces? El existente auténtico es aquel que no se deja sofocar por las habladurías, que no lee lo que hay que leer, que no escucha lo que hay que escuchar, que no se somete al poderío y al señorío de los otros, sino que él decide por sí mismo, que sabe que va a morir, pero vive igual, porque, atención, no hay por qué vivir angustiándose por la permanencia de la muerte. El Dasein auténtico sabe que va a morir, pero eso no le impide vivir, incluso puede vivir con más alegría, con más plenitud, y eso es lo que tenemos que hacer.
Quizás esta clase deba servir para que usted, para que yo, vivamos con más plenitud, sabiendo lo que nos espera, no ignorándolo, porque lo que se ignora provoca angustia, porque es una negación neurótica. Todo aquel que está negando neuróticamente a la muerte va a generar urticaria, alergia, va a tener fiebre, montones de cosas. Pero la auténtica asunción de nuestra finitud nos tiene que llevar a nuestra profunda elección por la vida.
Este creo que es, no un mensaje deliberadamente optimista, pero sí, por qué no, necesario y filosófico.
Hasta luego.