La razón y la fiesta dionisíaca; Freud: El malestar en la cultura y los instintos; la racionalidad en el desarrollo de la historia; Escuela de Frankfurt: Dialéctica del Iluminismo; el progreso y la razón instrumental: de las luces de la razón al horror planificado y frío de Auschwitz; existió Auschwitz, ¿existe Dios?
Estábamos en Nietzsche, y estuvimos largamente en Nietzsche, y esa negación del mundo suprasensible que hace Nietzsche lo lleva a la valorización del mundo de lo sensible. La valorización del mundo de lo sensible venía en Nietzsche de un estudio que había hecho en su primer libro, El origen de la tragedia o El nacimiento de la tragedia, sobre el culto dionisíaco. El culto dionisíaco era aquel que daba rienda libre, que liberaba los instintos, a partir de la magia de la fiesta de la embriaguez.
En esa liberación de los instintos el hombre se atreve a algo realmente peligroso, perder la centralidad de su yo, perder la centralidad de su racionalidad, y entregarse al mundo de lo instintivo. Lo dionisíaco, de este modo, es toda una cultura a la que hay que atreverse porque en ella lo que se gana es mucho, pero lo que se pierde también es mucho. Lo que se pierde es la razón. Y ustedes saben que esta frase de perder la razón es una de las frases que expresa la locura. Entonces, la fiesta dionisíaca es la fiesta de lo instintivo y la fiesta del sofocamiento de la razón.
¿A dónde vamos luego de esto? Por supuesto, el que ha tomado de aquí a manos llenas es el maestro vienés, o sea, Sigmund Freud, que es este señor, no sé si ustedes lo ven bien, es el maestro vienés, es el señor cuya frase fundamental para mí es, un cigarro a veces es un cigarro, cosa que debemos entenderla muy bien porque, bueno, del psicoanálisis no vamos a hablar mucho, aparte, les confieso, yo conozco el psicoanálisis más desde el diván que desde los libros, pero Sigmund Freud abrevó profundamente en el pensamiento de Nietzsche.
Toda esta exaltación de lo instintivo a la cual el hombre accede a través de la festividad dionisíaca y de la embriaguez es el hombre que se libera de todas las ataduras que la sociedad le ha puesto. La sociedad ha maniatado a los individuos para permitirles vivir en ella. Por ejemplo si nosotros pensamos en el surgimiento del estado moderno en Hobbes, en el texto de Hobbes El leviatán, ahí todos los integrantes de lo anterior al leviatán, el mundo anterior a la constitución del Estado, vivían en un estado de guerra permanente y en el cual, en ese estado de guerra permanente, Hobbes define como guerra de todos contra todos y el hombre es el lobo del hombre, homo homini lupus.
Como el hombre sabe que es el lobo del hombre, le entrega al Estado su voluntad. Entonces el contrato consiste en que para evitar la guerra de todos contra todos, todos le entregan al estado la decisión sobre todos. Así se establece el contrato entre el estado y sus miembros, a través de el estado hobbesiano, pero ese estado burgués que Hobbes delinea, nace justamente sometiendo, sofocando, maniatando a los hombres, porque si se los deja sueltos se matan entre ellos.
Lo que dijo Nietzsche es lo que va a retomar Freud. Freud escribe muchos textos pero el texto más filosófico de Freud es de 1930 y se llama El malestar en la cultura.
¿Qué es esto de la palabra malestar? Pero antes, otra cosa. 1930, faltan tres años para que Hitler sea canciller del Reich. O sea, son tiempos oscuros, tiempos interesantes según la maldición china. No sé si ustedes saben que hay una maldición china, y que es la peor de las maldiciones chinas, y que consiste en decirle a uno, ojalá vivas tiempos interesantes. En la Argentina hemos vivido demasiados tiempos interesantes, es hora de que vivamos tiempos un poco aburridos, pero los tiempos interesantes son los tiempos más terribles, más agitados, más macabros de la historia.
Esa era una historicidad muy interesante en la que estaba viviendo Freud. Era el fin de la República de Weimar, era el fin de Hindenburg, era el ascenso de Hitler al poder en 1933. Y ahí, en medio de ese marco indudablemente pesimista, es que Freud escribe El malestar en la cultura.
Y este malestar es el siguiente. La cultura para poder realizarse tiene que sofocar los instintos primarios, primitivos, esenciales del hombre. Los instintos que naturalmente surgen del hombre, la sociedad los tiene que sofocar, los tiene que maniatar para poder construir la cultura. Entonces, la cultura vive en perpetuo malestar, va a decir Freud, porque la condición de posibilidad de que exista una cultura es que los hombres sofoquen, aten, sujeten, sus instintos más primarios, aquellos que harían de ellos precisamente las bestias feroces, las aves de rapiña que Nietzsche tanto admiraba.
Para el hombre de la cultura que describe Freud, el dionisismo nietzscheano está sujetado, atado, sofocado. Usted no va a ir a ningún festín dionisíaco. Usted se queda en su casa, va a trabajar, y esto es la cultura. La cultura se hace así. Entonces, la cultura, dice Freud, se basa en la represión. Todos tenemos que reprimir nuestros instintos para que la cultura pueda realizarse. Se basa en el sofocamiento, y hay un instinto que sobre todo, es el que va a decir Freud, es el que hay que reprimir y es el instinto sexual. El instinto sexual es el instinto fundamental que el hombre tiene que reprimir.
Ahora bien, todo esto no es algo que no tenga consecuencias. Reprimir todo esto genera la neurosis. O sea, el hombre de la cultura es un neurótico, porque ha reprimido en él sus instintos fundamentales y, sobre todo, el principal de ellos, el instinto sexual. Marx y Freud y Nietzsche van a ser los que más van a cuestionar ese cogito cartesiano que vimos al comienzo de nuestros encuentros. Porque ustedes observen que Freud aquí va a decir, ¿qué cogito cartesiano? ¿de qué pensamiento me está hablando Descartes, si lo que yo veo es que ese pensamiento hecho razón y hecho sociedad burguesa lo que hace es maniatar a los hombres hasta sofocar y eliminar en ellos sus instintos primarios, los más ricos los que harían de ellos seres plenos, vitales, saludables, entregados a la gloria de la vida? Por el contrario, están sometidos al malestar de la cultura, a la vida gris de la cultura. Es decir, matan en ellos lo más exaltado, primario y valioso que podrían tener.
Si los hombres, librados a sus propios instintos, se matan entre sí, hay que imponerles la cultura para que puedan vivir juntos. Pero al vivir juntos, vivir juntos significa este sofocamiento, este sofocamiento de sus instintos.
El hombre es un ser patético al que Freud va a definir como un dios con prótesis en este libro hermoso de Freud que es El malestar en la cultura. Esta idea de un dios con prótesis es muy interesante para pensarla actualmente porque un dios con prótesis lo que hace referencia aquí Freud es a la técnica. La técnica es la prótesis del hombre.
Las prótesis del hombre son justamente los poderosos instrumentos técnicos de los que se vale para devastar la naturaleza, para hacer las guerras, para incluso instaurar los campos de exterminio. El hombre no es una criatura tierna, ama a tu prójimo como a ti mismo. Al contrario, el hombre es una criatura belicosa, con instintos de agresividad muy, muy, muy poderosos, y efectivamente, el hombre es el lobo para el hombre.
Entonces, Freud encuentra dos elementos fundamentales en el hombre, que son el eros y la pulsión de muerte. Freud no usa tánatos, porque frecuentemente se dice eros y tánatos, pero es un error. Freud habla de la pulsión de muerte. El eros es la fuerza del amor y la pulsión de muerte es la fuerza de la destrucción. Lo que va a decir Freud es que estas dos potencias, potencias, que están en la interioridad del hombre, se enfrentan constantemente. Y lo que va a decir es que las pulsiones instintivas son más poderosas que las racionales y que él ve que este mundo está cada vez más dominado por la pulsión de muerte. Desea que el Eros pueda imponerse, porque el Eros es la fuerza del amor, pero que ve con enorme desazón que la pulsión de muerte triunfa una y otra vez sobre el eros.
Enorme influencia en Freud y en Nietzsche tuvo Fiódor Dostoyevsky, que escribió un libro, Memorias del subsuelo, que es realmente una de las cumbres del pensamiento; recomiendo su lectura fervorosamente, es un libro pequeño, en el cual Dostoyevsky dice que el hombre propende a la destrucción y al caos que si 2 más 2 son 4, 2 más 2 son 5, y eso le place más, le gusta más. Ustedes observen que 2 más 2 son 4 es lo apolíneo, 2 más 2 son 5 es ya la irracionalidad dionisíaca. Dostoyevsky también dice, en Memorias del subsuelo, que de la historia se puede decir cualquier cosa menos que es prudente y de algún modo la dialéctica hegeliana, y esta es la crítica que le va a hacer la escuela de Frankfurt en la que ahora vamos a entrar, la crítica que le hace la escuela de Frankfurt a Hegel es que la dialéctica hace de la historia algo prudente, porque establece un telos, una finalidad, una teleología en la historia. La historia se desarrolla racionalmente. Como vemos, a este desarrollo racional de la historia, Marx, Nietzsche, Freud y Dostoyevsky la han castigado muy, muy severamente. Pero yo diría todavía que, con más fuerza, Nietzsche y Freud han castigado la racionalidad en la historia, porque Marx incorpora mucho hegelianismo en su concepción de la historia.
Hay en el siglo XX una escuela, a la que se le llama la escuela de Frankfurt, que viene a repensar todos estos problemas desde una perspectiva ya definitivamente trágica. En 1940, Theodor Adorno y Max Horkheimer trabajan en California un texto que finalmente va a llamarse Dialéctica del iluminismo, que terminan en 1944 y se publica en 1949. La Dialéctica del iluminismo tiene un pasaje de profunda, pero profundísima influencia nietzscheana o freudiana. Ahí, brillantemente, brillantemente, Adorno y Horkheimer trazan la parábola de Odiseo. ¿Qué hace Odiseo? Odiseo sabe que en determinado momento su barco (con el cual retorna a su hogar) va a pasar por una zona en la cual están las sirenas. Estas sirenas cantan y parece que su canto es tan embriagador que enloquece a los hombres. Entonces, ¿qué hace Odiseo? Odiseo pone cera en los oídos de todos aquellos que tienen que ir remando para que su barco avance, y ordena que a él lo maniaten a un mástil. O sea, se hace atar, este es el hombre de la cultura moderna, el hombre que se hace atar para no permitirse enloquecer entregándose a sus instintos.
Ustedes observen la riqueza del pensamiento de Nietzsche, la riqueza del pensamiento de Freud, que aquí, aquí surge, en uno de los pasajes más brillantes de Dialéctica del iluminismo, y que reinterpreta la odisea de Homero. O sea, entonces, Odiseo se hace atar al mástil tal como el hombre moderno se hace atar, sujetar a tantas cosas para que la cultura sea posible. Entonces se hace atar al mástil y escucha el canto de las sirenas, pero si bien enloquece no va hacia ellas, porque sabe que ir hacia ellas es perderse, extraviarse para siempre, dejar de ser un animal racional.
Entonces, esta parábola de Odiseo es la que usan Adorno y Horkheimer para mostrar que la razón humana esclaviza a los hombres. Pero van a mostrar algo mucho más terrible. Lo que van a decir Adorno y Horkheimer, y con esto se inicia una línea de meditación muy profunda en el siglo XX, es que esa razón, que si bien surge en Descartes por supuesto, se consolida en la razón iluminista durante la revolución francesa, la época de las luces, la época de la diosa razón, la época del iluminismo, entonces lo que van a decir Adorno y Horkheimer es que esta razón, que dijimos que era la razón del capitalismo que surgía con Descartes, y que triunfa con la revolución francesa, esta racionalidad de la ilustración van a decir tiene una dialéctica, y esta dialéctica lo que hace es en efecto lo que mostraron Nietzsche y Freud: encadena a los hombres, aniquila sus instintos y los somete a las reglas de la razón capitalista burguesa.
Pero, van a decir, esta razón finalmente lleva a un enfrentamiento tan trágico, tan trágico, tan cruento, tan despiadado, que lleva finalmente a los campos de exterminio.
Adorno y Horkheimer van a decir que esta razón iluminista a donde finalmente conduce es a la utilización de la razón para la masacre masiva.
La masacre masiva generalmente se cree que se hace en medio de la pasión, de la pasionalidad, del odio, pero no es así. Lo que van a decir Adorno, Horkheimer, lo que va a decir Hannah Arendt, lo que va a decir Paul Celan, lo que va a decir Primo Levi, lo que van a decir todos los filósofos que van a pensar hondamente el holocausto es que, justamente, el holocausto se realizó por medio de la razón, de la razón como instrumento del masacramiento de los cuerpos de los campos de exterminio.
O sea que en los campos de exterminio lo que se explicita ahí es la racionalidad de la muerte, la racionalidad de la muerte. Y Primo Levi, que es un sobreviviente de Auschwitz, que es un extraordinario escritor, que escribió dos libros maravillosos, Los hundidos y los salvados, y Si esto es un hombre, tiene una frase muy importante que dice existe Auschwitz, no existe Dios. Es una versión diferenciada, mucho más dolorosa, del Dios ha muerto de Nietzsche, pero lo que está diciendo Primo Levi es justamente eso: cómo pudo existir Auschwitz si hubiera existido Dios entonces dice: existe Auschwitz no existió Dios. Y cuando Hannah Arendt habla de la banalidad del mal lo que está diciendo es que justamente la razón del capitalismo burgués se pone fríamente al servicio del exterminio, y que el burócrata del crimen, el burócrata de la masacre que es Adolf Eichmann, hace el mal sin pasión.
Esta frase extraordinaria, el mal sin pasión, es de Sarmiento, en el Facundo. Sarmiento decía que Rosas hacía el mal sin pasión. Sarmiento era tan genial que fue capaz de anticiparse a este concepto de Hannah Arendt.
Entonces lo que va a decir Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén, un ensayo sobre la banalidad del mal, es que el mal se hace burocráticamente, que se puede hacer el mal burocráticamente. En la película excepcional de Stanley Kramer, Juicio en Núremberg, un juez nazi le pregunta a uno de los ejecutores de los campos ¿cómo fue posible hacer eso? ¿cómo fue posible que ustedes mataran a millones de personas? Y el verdugo le dice, fue posible, ¿cómo no iba a ser posible? Lo difícil no era matarlos, lo difícil era desprenderse de los cadáveres. O sea, como vemos, lo difícil era una cuestión instrumental.
Entonces, razón instrumental es como Adorno y Horkheimer van a llamar a la razón del iluminismo, a la razón de las luces, que surge con la revolución francesa y según Adorno y Horkheimer termina en los campos de exterminio.
Este texto, Adorno y Horkheimer, y con esto quiero acercarme al final de estos encuentros que hemos tenido de filosofía. El texto Dialéctica del iluminismo está basado en un texto excepcional de Walter Benjamin, que se llama Tesis sobre filosofía de la historia, y Benjamin tenía una frase que decía... Voy a decir brevemente que Benjamin murió en la frontera franco-española envenenándose, suicidándose, porque el día que llegó para pasar a España y salvarse de la Gestapo que lo venía persiguiendo, España cerró la frontera. Entonces, Benjamin se suicidó.
La frase de Walter Benjamin, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, es: solo por nuestro amor a los desesperados conservamos todavía la esperanza. Bueno, yo creo que es así, que es así, que tenemos la obligación de conservar la esperanza porque hay todavía demasiados desesperados en este mundo, en consecuencia no podemos darnos el lujo de la desesperanza.