Nietzsche: La genealogía de la moral; el origen de los valores y la transvalorización de los valores; la moral de la compasión y los valores de la aristocracia; la tardía unificación de Alemania, el Tercer Reich y el espacio vital.
En el anterior encuentro estuvimos viendo la filosofía de Karl Marx.
El pensador que vamos a abordar ahora es un pensador, ante todo digamos, que bigote no le faltaba. Como ustedes pueden verlo acá, el querido loco de Turín; se le dice así porque ahí enloqueció y realmente llevó una vida de muchos sufrimientos. Paso a hablar un poco de la enfermedad de Nietzsche, me estoy dispersando, pero no importa, es un disperse interesante.
Heidegger dice que de Nietzsche en última instancia lo que siempre se va a poder decir es que se trata de un filósofo que al final se volvió loco. Es decir, que si uno a veces no les cree a los filósofos que no se volvieron locos, y dice estos tipos están locos simplemente por lo que leen los libros de los filósofos, Nietzsche sí, Nietzsche hizo los deberes en ese sentido, era un filósofo loco que se volvió loco, es como una sobreabundancia.
Parece que se trató de una especie de sífilis mal curada, esto no está claro. Karl Jaspers, que era médico, escribió un notable libro sobre Nietzsche, investigó mucho su enfermedad, y no llegó a esa conclusión tan contundente (que se tratara de una sífilis mal curada). Bueno, sea sífilis mal curada o no, el caso es que a partir de 1889, 1890, Nietzsche entra ya en un cono de sombra del que no habrá de salir, lo encuentran tocando el piano como un loco (él tocaba el piano, pretendía componer, cosa que hizo, pero insuficientemente, sobre todo al lado de Wagner, al cual él en un momento admiró mucho), y está diez años loco hasta que muere en 1900.
Nace en 1844, que es exactamente en la época en que Marx escribe sus manuscritos económico-filosóficos, y muere en 1900. Durante esos años dejó una marca indeleble y justamente se une a Marx en una actitud acerca de partir de una base que podríamos llamar material. Vamos a aclarar esto, si Marx parte de las fuerzas de producción y las relaciones de producción capitalistas, de la materialidad de la historia y de la materialidad de su sujeto elegido que es el proletariado (que trabaja con la materia y por eso su filosofía la llama materialismo histórico), Nietzsche va a partir de la vida. La vida era... El concepto de vida que estaba faltando en la filosofía.
Entonces Nietzsche se va a definir a sí mismo ante todo como un furioso anti platonista. ¿Por qué? Porque toda la filosofía de Platón consiste en realidad en dos puntos esenciales. Hay un mundo sensible y hay un mundo suprasensible. El mundo sensible es el mundo en el que habitan los hombres y el mundo suprasensible es el mundo en el cual están las ideas que son perfectas en sí. Las ideas fundamentales del mundo platónico son las ideas de la verdad, lo bello, y lo bueno. Pero están en el mundo suprasensible. Ese es el mundo en el cual Platón instaura sus valores. Los valores platónicos son el bien, lo bello, y la verdad. Están en el mundo suprasensible. En el mundo sensible está lo que se da en el modo de la devaluación, digamos, de la imperfección, no de la perfección eidética de lo bueno, lo bello y la verdad.
Lo que va a hacer Nietzsche es justamente una transvaloración de los valores, una transmutación de los valores. Va a decir no, no, no; elimina el mundo suprasensible y basa su filosofía en lo que podríamos llamar la materialidad de la vida, en este sentido es que me interesa ligarlo a Marx. La materialidad de la vida. La vida es el concepto esencial en la filosofía de Nietzsche.
Pero la vida, la vida en Nietzsche, tiene sus características que son las siguientes. La vida es devenir. La vida deviene porque la voluntad de poder es el eje dinámico de la vida. Al ser la voluntad de poder el eje dinámico de la vida, la vida deviene. Este devenir de la vida es el devenir de la voluntad de poder. ¿A dónde apunta la voluntad de poder? La voluntad de poder apunta a encarnarse en un tipo especial de hombre que Nietzsche va a describir minuciosa y obsesivamente. Un tipo especial de hombre al que Nietzsche llama el trans-hombre, o el supra-hombre, o el super-hombre. La palabra alemán es übermensch, y es aquel punto al que Nietzsche aspira llegar.
De este modo, Nietzsche va a definir al hombre como una cuerda tendida entre la bestia y el superhombre, y bajo esa cuerda lo que hay es un abismo. O sea, el hombre está en medio del superhombre y de la bestia. El hombre es un camino, un devenir hacia aquello que el hombre debe ser. Lo que el hombre debe ser es el superhombre, el übermensch. O sea, esa cuerda tendida va de la bestia al superhombre, el hombre está en el medio y abajo un abismo.
Bien. Yo voy a tomar uno de los textos de Nietzsche más duros. Es decir, acá no nos vamos a andar con vueltas y vamos a tomar el más duro, el más despiadado, el más estremecedor. Es una palabra de Norberto Bobbio, que no es un brillante lector de Nietzsche, pero que no lo conoce mal, y lo rechaza porque dice que hay muchos de sus textos que le resultan demasiado estremecedores. También se define a Nietzsche como alguien que piensa a martillazos, es decir, que piensa con ideas duras, frases duras, y esto es lo que Nietzsche llama pensar a martillazos. Vamos a ver en el comienzo de El anticristo, por ejemplo, cuando Nietzsche elige la guerra en lugar de la paz, cuando Nietzsche elige el odio en lugar del amor, y hasta cuando Nietzsche dice, no me importa que mueran los débiles, al contrario, hay que ayudarlos a morir. Texto que sí, es estremecedor, porque para muchos está ahí el germen de la eutanasia nacionalsocialista.
El texto que voy a tomar de Nietzsche es La genealogía de la moral.
La genealogía de la moral es un texto, por supuesto, que trata de los valores morales, que es algo que pareciera que todos tenemos resuelto, que todos sabemos qué es la moral, pero Nietzsche va a pensar por moral algo bastante distinto a lo que, eso que él llama la burguesía, los lectores de periódicos, esa gente común que odiaba, el alemán cotidiano, odiado furibundamente por Nietzsche, el incapaz de llegar a los extremos, el incapaz de arriesgarse, el incapaz de acercarse a la locura, a lo dionisíaco (ya vamos a ver qué es esto), ese hombre totalmente apolíneo, es decir, totalmente racional, totalmente diseñado, totalmente trazado por la sociedad burguesa a la que pertenece, es el hombre del cual Nietzsche va a abominar. Ese hombre no es el que va precisamente a encarnar la moral que Nietzsche va a diseñar en su libro La genealogía de la moral.
La palabra genealogía funciona aquí como en tanto búsqueda de los orígenes. La genealogía es ir en búsqueda de los orígenes. ¿Qué sería entonces una genealogía de la moral? Una genealogía de la moral es ir en búsqueda de los orígenes de la moral. ¿Cómo nacieron las palabras que dan estructura al pensamiento moral de la sociedad burguesa del siglo XIX, que es la de Nietzsche?
Bueno, eso es ir precisamente en búsqueda de las fuentes. En esa búsqueda de las fuentes Nietzsche cuenta, en el preciso inicio de este libro, Nietzsche cuenta que a los 13 años se preguntó por el problema del mal. Es una buena edad para preguntarse por el problema del mal y en cualquier otra edad que usted o yo nos preguntemos por el problema del mal no lo vamos a poder solucionar el problema del mal, lo único que sabemos es que el mal está en todas partes y hasta diríamos que es el protagonista de la historia, pero el origen del mal es realmente difícil de decidir, aún apelando a los relatos de la Biblia, ¿no?
Pero lo que dice Nietzsche es que en principio él le atribuyó a Dios el mal, lo cual es un comienzo harto evidente, es decir, Dios es el creador del ángel caído de Mefistófeles, entonces en tanto creador de Mefistófeles, Dios habría creado el mal. Bueno, no nos detengamos demasiado en estas cosas que son muy sencillas para la altura en que estamos en nuestro curso y vamos entonces a ver qué es lo que hace Nietzsche con la moral.
Nietzsche odia al cristianismo, detesta al cristianismo. Su libro se llama El anticristo, es el anticristianismo. ¿Qué es lo que detesta en el cristianismo? Detesta la blandura, detesta la compasión, detesta la piedad, detesta el ascetismo, detesta los valores sacerdotales. Es un tipo, Nietzsche, que exuda vida, exuda vitalidad, dionisismo. Les debo la aclaración de dionisismo que es fundamental para todo esto, pero bueno, se vuelve furibundamente contra los valores cristianos. Los valores cristianos son, por supuesto, como dije, la compasión, la moral cristiana, para él son valores blandos, hay que buscar valores duros y los valores duros los va a buscar en el medio de los hombres duros; los hombres duros para Nietzsche son los guerreros, los guerreros también van a ser los aristócratas, entonces Nietzsche viene en busca de la posibilidad que cree muy cierta de instaurar otros valores basados en otros principios.
Los valores que viene a instaurar, primero, ante todo, va a buscar su genealogía, va a buscar el origen de esos valores. Si nosotros habíamos visto que en Platón había ese mundo suprasensible, Nietzsche no va a buscar los valores en el mundo suprasensible, sino que lo va a buscar en el mundo sensible, sanguíneo, brutal, casi en el mundo de las aves de rapiña, en el mundo de los guerreros.
Entonces, lo que va a decir es que la palabra bueno existe porque desde los griegos los aristócratas se dieron a sí mismos la capacidad de nombrarse los veraces. La aristocracia griega se designaba a sí misma como los veraces. ¿Quiénes son los veraces? Los veraces son aquellos cuya palabra es la verdad. Cuando la aristocracia griega decía algo, esa era la verdad. De modo que ya tenemos cuál es la fuente nutricia de la verdad. Es el aristocraticismo griego.
A este concepto de aristocracia que menciona Nietzsche hay que entenderlo cuidadosamente. No se trata de una clase social, al menos para Nietzsche. Para Nietzsche se trata de una clase espiritual, o en todo caso, de un elemento filosófico espiritual.
La aristocracia, más que una clase social, es aquel estamento de la sociedad (indudablemente alto, pero alto por su capacidad de espíritu), que es capaz de crear las verdades. Es decir, nosotros los veraces quiere decir nosotros somos los que creamos la verdad con nuestros conceptos. De esta aristocracia griega Nietzsche se siente heredero, y a esta aristocracia griega es a la que se remite para pensar la genealogía de la moral.
Hay un concepto muy interesante que introduce, y muy claro, que es el de el pathos de la distancia. Nosotros habíamos visto en Marx el pathos de la indignación. Son dos pathos totalmente distintos. Si Marx exigía la pasión de la indignación, si Marx exigía que nos indignáramos ante la injusticia, lo que Nietzsche pide de sus aristócratas es que se indignen, en tanto desdén, de lo bajo, de lo vulgar, de lo plebeyo. El pathos de la distancia es esa distancia que la aristocracia pone entre ella y lo plebeyo, entre ella y lo vulgar, entre ella que es capaz de dar nombre a las cosas por el solo hecho de nombrarlas, de crear las verdades por el solo hecho de enunciarlas, entonces esta clase espiritual, filosófica, y hasta ontológica porque crea el ser, mantiene un pathos de la distancia frente a la burguesía vulgar de los lectores de periódicos del siglo XIX, que Nietzsche desdeñaba, y también contra los plebeyos, es decir, contra las clases proletarias, las clases pobres, a las que Nietzsche desdeñaba profundamente.
Hay aquí el sentimiento de una clase superior que tiene el derecho de reinar sobre las clases inferiores. Tengamos en cuenta algo, aquí Nietzsche se ha alejado por completo de Dios. Nietzsche no está pensando en Dios, justamente tampoco, menos está pensando en el Dios del cristianismo, y menos todavía en Jesús. Los valores de la compasión, del amor al prójimo, los valores del autosacrificio, del ascetismo, son todos valores caídos, los valores blandos del cristianismo que detesta Nietzsche. Sus valores van a ser los de la dureza, los de los guerreros, sus valores van a ser los de la guerra, justamente, y vamos a ver todavía valores más despiadados que va a reclamar Nietzsche.
O sea que tenemos que lo bueno entonces surge de la aristocracia y la nobleza. Lo bueno es lo que dicen los aristócratas. Lo malo es lo que dicen los que no son aristócratas, tanto los torpes burgueses, los toscos burgueses, como el oscuro mundo del plebeyaje proletario.
El origen del lenguaje también se lo atribuye Nietzsche a los aristócratas, porque dice que los aristócratas en tanto nombran a las cosas, les están dando el nombre a las cosas, o sea que ubicaría en la aristocracia griega aún incluso el origen de ese lenguaje. Bueno, estas son las etimologías de las palabras bueno y malo, para Nietzsche. Bueno es lo que dicen y hacen los aristócratas, es decir, aquellos en los cuales el espíritu se ha depositado, aquellos que representan los valores más altos del espíritu humano, pero estos valores no son esencias vaporosas, esa cosa que se entiende por el alma, no, estos valores son valores carnales, valores vitales, valores de la voluntad, valores de la vida, valores del devenir de la vida, valores de la conquista, valores de la guerra, valores del coraje, etcétera, etcétera.
La palabra malo va a ser para Nietzsche todo aquello que señale a los inferiores. Los inferiores son por sí mismos malos, porque justamente son inferiores, no pertenecen a la aristocracia de los guerreros, porque esta va a ser en última instancia la más clara definición de la aristocracia que va a dar Nietzsche. La aristocracia es siempre guerrera. La aristocracia va a ser lo que va a llamar más tarde el ave de rapiña y, con más exactitud, la bestia rubia, el vikingo, el samurái, que todo esto va a confluir, no lo quiero adelantar, pero como se estarán dando cuenta ustedes, todo esto va a confluir en el Tercer Reich, es decir, los nacionalsocialistas, toda esta era una materia prima riquísima para el Tercer Reich y efectivamente se apropiaron de ella.
Uno no sabe si Nietzsche fue nazi, pero se parecía bastante.
Si bien Nietzsche fue un pensador solitario, porque claro, el tipo que piensa estas cosas no está muy acompañado... Porque si yo salgo a la mañana, digamos, voy a poner un ejemplo medio vulgar de estas cosas, voy a hacer una especie de sanata sabateriana como para que no critiquen mucho que esto es abstruso, que no se entiende, pero va, digamos, Nietzsche sale una mañana, se encuentra con un burgués leyendo el periódico y le dice, mire, usted es un burgués decadente, de una sociedad decadente, no tiene valores morales fuertes, usted no representa en nada el espíritu de los verdaderos guerreros que hicieron la grandeza de Alemania... Y, uno así no tiene muchos amigos. Indudablemente va perdiendo un montón de amigos.
Entonces efectivamente era un pensador solitario, y hay algo muy conmovedor en Nietzsche, era un pensador enfermo, era un hombre enfermo, y era un hombre que tenía una relación (aunque esto no tiene por qué explicar su filosofía) pero tenía una relación muy conflictiva con su madre y otra todavía más conflictiva con Elisabeth Förster-Nietzsche, que era su hermana, y que es la que va a dar forma final a la que se pretende sea la obra cumbre de Nietzsche, que es La voluntad de poder.
Bueno, si bien Nietzsche era un hombre solitario, su pensamiento lo vamos a situar históricamente porque Nietzsche lo quiera o no, lo quiera o no, cualquiera de los filósofos que nosotros hemos abordado en en estos encuentros, todos ellos estaban en medio de una historia, todos ellos habían nacido en medio de una coyuntura histórica que los había determinado. No que los había determinado en la modalidad del determinismo inapelable, no, todos fueron libres, pensaron libremente, superaron el entorno de su tiempo, pero Nietzsche, Nietzsche está en medio de una historia, la historia en la que surge Nietzsche es una historia muy compleja, que es la historia de la unidad alemana en el siglo XIX.
Atención aquí, porque la tardía unidad de Alemania en el siglo XIX determina las dos guerras mundiales del siglo XX. Esto es gravísimo, entonces lo tenemos que entender bien. Alemania es una de las últimas naciones europeas que realiza su unidad. La realiza con el canciller de hierro Bismarck y con el káiser Guillermo, la consolida con la guerra franco-prusiana de 1871 donde Prusia gana la guerra y desde Prusia se gesta la unidad de Alemania.
En esa guerra prusiana Nietzsche fue como enfermero, actuó un tiempo solamente y lo mandaron a su casa, pero en una carta a un amigo militar Nietzsche habló de la grandeza de Alemania, de la grandeza guerrera de Alemania, en esa guerra contra Francia, y se mostró orgulloso de las hazañas guerreras del ejército alemán. Esto lo vamos a retomar y vamos a ver qué importancia tiene, pero por ahora estamos en esto: Alemania llega tarde a su unidad nacional.
Entonces yo digo, con cierta inocencia, aunque nada de lo que digo es inocente, todo está lleno de maldad, pero digo: el filósofo de la voluntad de poder, ¿no tendrá algo que ver con una nación que llega tardíamente a su unidad? ¿Y que cuando llega a su unidad todos los territorios ya han sido conquistados por los otros imperialismos? ¿Y llega a esa unidad y tiene que rediscutir, rediscutir la organización que tiene el mundo? ¿Y que tiene que guerrear para ampliar su espacio vital? Entonces esa nación, ¿no necesita una voluntad guerrera? ¿Esa nación no necesita una voluntad de poder? Sí, la necesita, y tiene a su filósofo Friedrich Nietzsche, que va a ser el filósofo de la voluntad de poder. Entonces yo diría y digo que Nietzsche es el filósofo de la unidad alemana a través del concepto de la voluntad de poder que esta unidad alemana tiene que instrumentar para rediscutir el reparto imperialista del mundo.
Nietzsche se caracteriza entonces por pertenecer a esta Alemania que llega tarde a la repartición de un mundo, a una repartija que Alemania va a tener que discutir. Y que va a discutir porque dice, nosotros necesitamos más, porque nuestra voluntad de poder nos lo pide.
Las diferencias con Marx para mí, contrariamente a algunos otros teóricos que quieren acercar a Nietzsche a Marx, son decisivas. Nietzsche es un filósofo que odia al socialismo, pero ese proletariado en el que Marx cree ver, en el que Marx cree ver por primera vez la dictadura del proletariado, al proletariado en armas, al proletariado luchando por su propia emancipación, para Nietzsche va a ser una rebelión de los esclavos, una rebelión de los plebeyos, una rebelión contra el orden natural que la burguesía debe tener, que Alemania debe tener y que la aristocracia debe cerrar.
Ahora, este desacuerdo es muy profundo. Si bien Marx parte como materialidad de las clases sociales, de las relaciones de producción y de las fuerzas productivas, y Nietzsche de la vida, las diferencias entre uno y otro son enormes y se ven sobre todo en la cuestión de la Comuna de París. Para Marx, la Comuna de París era la lucha por la liberación de la clase obrera. Para Nietzsche, la Comuna de París era la insubordinación insolente del pueblo bajo de los plebeyos.
Seguimos en otro encuentro.