El capital; concepto de plusvalía; la acumulación originaria del capital y la violencia: el descubrimiento de América, el exterminio, la esclavización y el saqueo en América, India y África. El fetichismo de la mercancía: el vértigo y el encantamiento; el dinero; ¿Todo es mercancía?; las profecías incumplidas de Marx.
Tenemos que hablar del concepto de la plusvalía en Marx. El concepto de plusvalía es central en el pensamiento de Marx, así que habría que tratarlo detenida y cuidadosamente. Para eso, entonces, voy a tener que apoyarme más de lo habitual en mis notas.
El primer capítulo del Capital, del tomo primero, que es el único que se publica en vida de Marx, comienza con el análisis de la mercancía. Marx encuentra, prestemos bien atención a esto, Marx encuentra dos aspectos en la mercancía, el valor de uso y el valor de cambio.
Por ejemplo, este sillón tan extraño que tengo aquí, tiene un valor de uso y es cuando yo decido usarlo. Decido usarlo para mí, entonces, si lo uso para mí, lo uso para mí, me siento y lo que tiene el valor de uso es que en la medida que usamos las cosas, las cosas se gastan. Y en la medida que se gastan no tienen ya ningún valor, solo sirven para usarlas. Este es el aspecto que tienen las mercancías como valor de uso, sirven para ser usadas. Pero si yo agarro este sillón y decido venderlo, este sillón tiene entonces un valor de cambio, Entonces, lo vendo por... Que podrá valer este sillón, Dos con cincuenta, digamos. Lo vendo por dos con cincuenta. Porque en realidad, desde que estoy haciendo esto, me siento en este sillón y se me ha cuadriculado la sentadera. Entonces, lo vendo por tres con cincuenta. Ese es su valor de cambio.
Entonces, este sillón es una mercancía. Esto es una mercancía. Una mercancía. Tiene un valor de uso, que es usarlo. Y tiene un valor de cambio, que es venderlo. Bien, esos son los dos aspectos de la mercancía. Ahora, ¿cuál es el valor de la mercancía? ¿Cuánto vale este sillón?
Bueno, este sillón vale tanto como el tiempo de trabajo socialmente necesario para construirlo. Entonces, para construir este sillón, el capitalista, en el mercado encuentra a el obrero. Es decir, son dos personajes que van libremente al mercado de trabajo, de oferta, de demanda. Aparece uno que tiene el capital y otro que no lo tiene. El que no lo tiene, lo único que tiene es su fuerza de trabajo. Si yo, que no tengo capital, mi único capital es mi capacidad de trabajar. Entonces viene el capitalista y dice, yo tengo capital. Yo no tengo necesidad de trabajar, pero necesito a alguien que trabaje para mí. Y si usted trabaja para mí con mi capital, yo le voy a pagar su trabajo.
Bueno, todo esto parece fantástico. Entonces los dos van a la fábrica de hacer sillones. Una vez ahí, tenemos que determinar: ¿Cuál es el valor de la fuerza de trabajo? Porque, ¿cuánto vale el trabajo del obrero que hace ese sillón? Entonces Marx va a decir, el valor de la fuerza de trabajo es equivalente a todo aquello que sea necesario utilizar para mantener viva a la fuerza de trabajo, es decir, todos aquellos medios que sean necesarios utilizar para mantener al obrero con la vida necesaria como para que al día siguiente vuelva a la fábrica; es decir, ropa, comida, casa, que son los aspectos fundamentales, eso es lo que vale la fuerza de trabajo.
Entonces digamos que al capitalista le sale 40 pesos mantener al obrero y le paga 40 pesos; ese es el salario del obrero. Ahora bien, pero sin embargo hay algo que el obrero no sabe y es que en las horas en que él trabaja no produce solo 40 pesos, produce 75 pesos. Entonces, hay un plusvalor. El obrero produce el valor necesario para pagarle su fuerza de trabajo para que el capitalista le pueda pagar su fuerza de trabajo, pero además produce 35 pesos más con los cuales se queda el capitalista. Esto es lo que Marx llama plusvalía o sea la plusvalía, como verán no es nada complicado, la plusvalía es ese plus que queda cuando el capitalista le paga al obrero un salario, el salario debe cubrir todo aquello necesario para alimentar y sostener la vida del obrero, pero el obrero al trabajar produce un plus. Ese plus que produce con su trabajo es lo que Marx llama plusvalía y es lo que genera el capitalismo del capitalista, es decir, su inversión tiene que irse multiplicando.
Muy bien, entonces, habíamos dicho que esta mercancía vale tanto como el trabajo socialmente necesario para producirla. Y ese trabajo socialmente necesario para producir la mercancía tiene que ver con los medios necesarios para reproducir la existencia de la fuerza de trabajo.
Hay un tema que aborda Marx, porque en realidad yo dije algo que quizás deba ser explicado. ¿Por qué el que tiene la fuerza de trabajo se encuentra con el capitalista y él no tiene capital? ¿Y por qué el capitalista sí tiene capital?
¿Por qué uno de los dos que se encuentran en el mercado, su único capital es su fuerza de trabajo y el otro sí ya tiene un capital?
Bueno, este es un proceso muy complejo, pero básicamente Marx lo resuelve así en un capítulo muy ameno de El capital, de bastante fácil lectura, que es el capítulo 24, que se llama La acumulación primitiva del capital, en el cual dice, hay una especie de cuento idílico sobre cómo el capitalismo se inició, que más o menos es así: había en algún momento una bandita de vagos que no trabajaba y había otra gente que ahorraba, ahorraba, ahorraba, es más o menos el cuento del chanchito práctico que es un cuento totalmente capitalista y había otra que ahorraba, en determinado momento los que ahorraron el capital contrataron a los que se habían dedicado a vagar y los pusieron a trabajar en sus fábricas.
En realidad va a decir Marx el capital viene al mundo chorreando lodo y sangre, porque el capital se acumuló saqueando a la periferia, el capital se acumuló con el saqueo colonial y esto es lo que Marx describe brillantemente en ese capítulo 24 que a mí me parece una de las más grandes obras de la historia del pensamiento, o sea que aquí realmente si alguien cree que que me ha enojado con Marx, como me enojo muchísimo, yo creo que este capítulo 24 es excelso.
¿Qué dice Marx? La acumulación del capital se hizo saqueando a las colonias. Por eso el capitalismo viene al mundo chorreando lodo y sangre. Entonces el descubrimiento de América, la entrada de Inglaterra en sus colonias, la transformación de África en un coto de caza de negros para que trabajaran en las embarcaciones, en las plantaciones, todo ese larguísimo proceso es el proceso de acumulación del capital. Así se apropia el capitalista de el capital, entonces como esa apropiación es una apropiación de conquista y de rapiña, Marx dice que el capital viene al mundo chorreando lodo y sangre.
Esto no lo ha hecho el obrero porque lo hicieron, en realidad lo hicieron grandes aventureros, lo vienen haciendo, el primero fue Cristóbal Colón, después siguieron siendo los españoles, y después fueron los piratas británicos, escuchen bien esto, los piratas británicos fueron uno de los elementos más importantes de la acumulación del capital que Inglaterra necesitó para erigir su industria. Entonces hablemos de Francis Drake, de Henry Morgan, esos son los principales o son elementos fascinantes del desarrollo del capitalismo británico.
Hay un libro de Enrique Silberstein que se llama Piratas, filibusteros y bucaneros, cuya lectura recomiendo. El Capitán Morgan, el Capitán Kidd, todos recordamos las películas de piratas. ¿Qué se ve en las películas de piratas? Se ven a los piratas atacando a los galeones. Los galeones españoles llevaban oro a España. España era una nación muy perezosa, que elegía disfrutar de sus riquezas, gozar de sus riquezas, en lugar de invertirlas en la industria, por eso España quedó tan atrasada, por eso los piratas robaban el oro de los galeones españoles y lo llevaban a Inglaterra. Inglaterra con ese oro hacía industria, por eso Inglaterra tiene el capitalismo más desarrollado del mundo en el siglo XIX y España, bueno, en fin, y España todavía lo tiene al rey Juan Carlos que dice, como dijo este señor, puedes callarte, digamos todavía tiene exaltaciones monárquicas paseando por América Latina.
Bien, voy a seguir con esto.
El capitalista ya tiene entonces el capital. Esta acumulación originaria se ha producido por el saqueo de la periferia, del mundo colonial. De dónde veremos que nosotros, los argentinos y los latinoamericanos, somos la condición de posibilidad del capitalismo. Porque si no hubieran saqueado América Latina no habría capitalismo. En realidad el centro existe porque existe la periferia. Vinieron del centro a la periferia, saquearon la periferia, llevaron las barras de oro al centro de nuevo y ahí construyeron la industria. Cuando construyeron la industria nos vendieron las mercancías, un negocio redondo realmente y nos llegaban las mercancías de Inglaterra y nosotros decíamos pero que extraordinario, que hermosas mercancías, nosotros les vamos a dar nuestras vaquitas y nuestro trigo y ellos nos van a dar siempre sus manufacturas, bueno así nos fue.
Entonces, habíamos dicho que la plusvalía es ese plus que el obrero produce una vez que ya ha producido el valor de su salario. Mantener a un obrero vale 40 pesos, bueno, un obrero cubre esos 40 pesos con 4 horas de trabajo. Las otras 4 horas trabaja para el capitalista. Y eso es lo que Marx llama plusvalía.
El concepto de trabajo necesario es lo que venimos diciendo, el trabajo necesario es el trabajo socialmente necesario que requieren las mercancías con las cuales se va a reproducir la vida del obrero. Este plus trabajo que hace el obrero es la plusvalía, hay un un momento, un largo momento de la jornada de trabajo en la cual el obrero una vez cubiertos sus gastos trabaja exclusivamente gratis para el capitalista.
Esto es entonces lo que Marx llama la plusvalía.
Nos venimos ocupando de un filósofo absolutamente central en la historia del pensamiento, y bueno, en realidad, no lo presenté, pero es ese señor barbudo, ¿no? Tenía un enorme cabeza, bueno, obvio tenía una enorme cabeza, para pensar todo lo que pensó tenía que tener una enorme cabeza. No sé si esto es medio mecanicista de relacionar lo grande, bueno, el tamaño no importa, pero... A veces importa. Marx tenía una gran cabeza, ahí lo ven ustedes.
Bueno, tenemos que entrar en un capítulo fascinante del primer tomo de El capital, que es el fetichismo de la mercancía, o lo que Marx llama también el misterio de la mercancía. Vamos a ir salvajemente al grano.
Sigo con el sillón, me emberretiné con este sillón. Esto es un sillón. Es una mercancía. Ahora, es maravilloso que sea un sillón, porque en realidad esto no nació para ser un sillón, digamos, este material. Supongamos que esto es madera, porque ya ahora no se sabe nada de qué son las cosas, supongamos que esto es de madera. Esto no nos hace pensar, cuando uno mira esto tan bien diseñado, realmente no en vano está aquí, no en vano está aquí, en este programa, digamos, tan bien diseñado. Uno no piensa en nada, queda deslumbrado por el objeto y toda la atención de uno se centra en el objeto y eso le impide ver qué hay detrás del objeto.
Lo que hay detrás de este objeto de madera puede ser la más cruda explotación del campesinado maderero. Es decir, algo que no vemos. Este fetiche, porque este objeto es un fetiche, este fetiche está ocultando las condiciones de su producción.
Mi gran amigo Rep hizo un dibujo en el último mundial de fútbol, que yo interpreté de la siguiente manera, el dibujo ahora no importa exactamente cómo era pero en mi cabeza quedó así. En la primera parte, arriba, había dibujado a todos los niñitos felices con banderitas argentinas y papitos felices con banderitas argentinas que vivaban por Argentina y deseaban que Argentina saliera campeón y todas esas cosas de locura colectiva, idiotismo, que nos dan cuando Argentina o va la guerra con Malvinas, o gana el mundial del 78, o queremos ganar el del 90 y pico, bueno, esa cosa, ¿no?
Entonces, en la parte superior, que no era un chiste, es un dibujo reflexivo, de Rep, están todos estos niñitos con banderas argentinas y papitos también con banderas argentinas. Y en la parte inferior del dibujo, están los esclavizados bolivianos que en un sótano miserable están construyendo, fabricando estas banderitas. Eso no lo vemos, ni lo sospechamos, nada. Vemos la alegría de toda esa gente que anda festejando algún gol de la selección argentina o deseándole la mejor suerte a la selección argentina y todo eso oculta el mundo de la producción de esa banderita.
Esa banderita es un objeto, en tanto objeto es un fetiche, pero tiene un misterio. Tiene una cosa que esa banderita oculta, ensombrece, y es la condición de su producción. En este caso, como nosotros estamos en la Argentina, pero esto ocurre en muchísimos lados de este mundo, lamentablemente, lo que oculta la banderita es la producción, el trabajo esclavo que sobre todo gente que ha venido de Bolivia está condenada a realizar un trabajo esclavo para fabricar esas banderitas.
En consecuencia la mercancía nos deslumbra de tal modo que nos impide ver el proceso de producción de la mercancía. Entonces Marx va a decir que el hombre trabaja con la naturaleza. Entonces, para hacer este sillón de madera, el hombre ha trabajado a la naturaleza. Al trabajar la naturaleza, lleva el sillón al mercado, lo lleva para vender. Si yo llevo este sillón al mercado para venderlo, quiere decir que no me importa su valor de uso para mí, yo no lo necesito usar, lo que quiero es venderlo.
Entonces, si quiero venderlo, este sillón tiene, para mí, valor de cambio. No tiene valor de uso porque no lo voy a usar. Necesito encontrar a alguien que requiera de este sillón su valor de uso. Si alguien dice, quiero usar ese sillón, me lo está pidiendo en tanto valor de uso. Entonces, yo se lo vendo en tanto valor de cambio. Se lo vendo como valor de cambio porque yo no quiero su valor de uso.
Ahora, una cosa es la madera y otra cosa es el sillón. El sillón ya pertenece al mundo de la mercancía, la madera pertenece al mundo de la naturaleza, es decir, en el sillón ya se nota la mano constructiva del ser humano.
Hay un vértigo de las mercancías y más que nunca nosotros vivimos en una sociedad del vértigo de la mercancía, ¿no?
El vértigo de la mercancía usted lo vive solamente entrando en un shopping. Usted entra en un shopping, y entra en el mundo del vértigo de las mercancías, son todas mercancías, todas mercancías, y todo eso está ocultando el secreto de la mercancía, que son las condiciones de producción de las mercancías. Ese mundo se nos oculta por completo.
Entonces, va a decir Marx algo notable: el mundo de las mercancías es un mundo encantado. Porque entremos al shopping, qué lindo que es, está lleno de cosas, y sí, es un mundo encantado, porque son objetos encantadores, que nos encantan, que nos llevan, nos compulsan, nos obligan a comprarlos, y esos objetos son encantadores porque producen justamente una situación de encantamiento en nosotros y nos velan la mirada de cosas que no queremos mirar.
¿Cuánto vale una mercancía? El costo de una mercancía es el costo de trabajo socialmente necesario para producirlo. Si producir este sillón ha llevado 14 horas, bueno, este sillón debe costar lo que valen 14 horas de un obrero o de dos o tres obreros que tengan que hacer ese sillón.
Entonces, esta es una gran idea de Marx y es la siguiente: si los hombres desarrollan su vida a través del intercambio de mercancías, y desarrollan su vida mirando mercancías, y desarrollan su vida comprando mercancías, o deseando mercancías, se transforman en otra mercancía. En consecuencia la vida humana deviene cosa, todos somos cosas, todos somos mercancías, habitamos en el mundo de las mercancías, queremos mercancías, trabajamos para comprar mercancías, llevamos las mercancías a nuestra casa, nos venden mercancías por la televisión y por la radio y por el cine, y todo es una mercancía y finalmente nuestro corazón es una mercancía, por darle un toque romántico a esto.
Pero es verdad, mire, si usted se saca una placa de tórax, mañana lo que va a encontrar son un montón de líneas acá. Esa es su marca. La marca de la bestia de la mercancía es lo que ponen ahora en cada una de las mercancías. Todas están marcadas con unas rayitas así. Esa es la marca que el capitalismo le pone a cada una de las mercancías.
Entonces, las mercancías remiten todas a una mercancía que las representa a todas. La mercancía que representa a todas las mercancías, la mercancía a la cual todas las mercancías se remiten, es el dinero. El dinero es la mercancía de las mercancías. A través del dinero, las mercancías se compran, se venden, se paga con dinero. Porque si no, estaríamos en el trueque. Pero el capitalismo no es el trueque. El capitalismo es justamente el intercambio de mercancías. Y el dinero es la mercancía a la que remiten todas las otras mercancías. Y finalmente, el dinero remite a los metales preciosos.
Bueno. Agotador esto, ha sido muy difícil, les aseguro, por lo tanto vamos a decir quién fue Marx, quién fue esta enorme cabezota que nos hizo entusiasmar, que nos hizo enojarnos con él, que lo afirmamos, que lo negamos, que nos entusiasma o que nos enfurece, este pensador que ha desarrollado revoluciones derrotadas, revoluciones triunfantes que se aniquilaron a sí mismas, que va a seguir generando entusiasmo, porque Marx fue y es.
¿Qué es Marx todavía? Marx es la voz de la eterna rebelión del ser humano. El ser humano no tiene que dejar nunca, ni va a dejar nunca de rebelarse. Y en la medida en que siga rebelándose, y esto hablaría muy bien de los seres humanos, por favor, que sigan rebelándose, porque si no todos vamos a ser aniquilados, en la medida en que siga rebelándose va a tener que recurrir al filósofo que puso en el centro de su filosofía a la rebelión, y ese fue Marx.
Entonces yo desearía concluir diciendo que con sus contradicciones, con sus errores, con sus aciertos, Marx tuvo un acierto indubitable: cuando dijo que la filosofía tenía que pensar el mundo para transformarlo, cuando dijo que el hombre estaba sobre este mundo para rebelarse. Para rebelarse contra la opresión, contra la injusticia. Ese, creo, es el Marx que tenemos que recuperar constantemente y es el Marx que va a permanecer, y el que deseamos realmente que permanezca.