Hegel, dialéctica del amo y el esclavo: cómo comienza la historia, el deseo del hombre, el miedo a la muerte y el sometimiento al otro; el contacto con la materia del esclavo y la creación de cultura; la desilusión del amo; filosofías idealistas y filosofías materialistas, pensar a los nuevos sujetos históricos: la burguesía y el proletariado.
En la Fenomenología del Espíritu, que es la obra maestra de Hegel, que la publica en 1807, hay un fragmento célebre que es uno de los más altos momentos de la filosofía, en el cual Hegel desarrolla lo que se conoce como la dialéctica del amo y el esclavo.
Durante la década del 30, en Francia, un filósofo de origen ruso Alexandre Kojève dio unos cursos sobre la dialéctica del amo y el esclavo a los que acudieron filósofos de enorme importancia como Merleau-Ponty, Jacques Lacan, Raymond Queneau y se dice que Jean-Paul Sartre consiguió los apuntes.
La dialéctica del amo y el esclavo plantea el origen de la historia. ¿Cómo empieza la historia? Quizá uno nunca se preguntó esto, pero el origen de la historia, en realidad, vamos a ver que sigue siendo el origen de las relaciones humanas.
Para Hegel, la historia comienza cuando se enfrentan dos deseos, dos conciencias deseantes. Ante todo vamos a diferenciar el deseo humano del deseo animal. El deseo humano desea deseos, es decir, el deseo de un hombre desea el deseo del otro, es decir, desea que el otro lo reconozca. Que lo reconozca como su superior, que se le someta, por eso yo deseo el deseo del otro, deseo que el otro me reconozca, se me someta y que yo vamos a ver en qué me voy a constituir cuando esto ocurre, qué relación se va a establecer entre el otro y yo. Pero en principio el hombre desea deseos, el animal desea cosas, desea cosas y las cosas que desea generalmente se las come, desea cosas naturales.
El hombre no desea cosas naturales y este es el excepcional hallazgo de Hegel. La conciencia es deseo, con lo cual en este momento Hegel está sacando a la conciencia de esa inmanencia en que el pensamiento idealista subjetivo la tenía, es decir, la conciencia como una interioridad. Acá, la conciencia, al ser conciencia deseante, se expulsa, está arrojada hacia afuera. Lo que yo deseo es el deseo del otro. El animal desea cosas, desea la materia, la naturalidad, lo natural. El hombre desea deseos.
Bien. Se establece entonces el enfrentamiento. Yo deseo que el otro se me someta. Deseo que el deseo del otro me reconozca, mi deseo es que el otro se me someta y me reconozca. Y el deseo del otro es que yo haga eso, que yo me someta y lo reconozca a él.
Este enfrentamiento tiene una resolución porque en un determinado momento los dos saben, las dos conciencias deseantes saben, que están emprendiendo una lucha a muerte, a muerte. Yo deseo que el otro se me someta y me reconozca y el otro desea que yo me le someta y lo reconozca. Esta es una lucha a muerte, pero en determinado momento se resuelve porque una de las dos conciencias tiene miedo. El temor. ¿A qué tiene miedo? A morir. Tiene miedo a morir, porque esta que es una lucha a muerte va a terminar con la muerte de uno de los dos.
Entonces, el que tiene miedo a morir antepone el temor a la muerte a su deseo. Es más fuerte su temor a morir que su deseo de ser reconocido por el otro. En cambio, aquel que en el cual el deseo es más fuerte que su temor a morir es el que somete al otro. Pero el otro, el que pierde, en él no es tan fuerte el deseo de ser reconocido, es más fuerte el miedo a morir. Entonces, ese se me somete.
Tenemos una figura que domina porque en esa figura su deseo de ser reconocido es más potente, como dijimos, que su miedo a morir, y esa figura es la que termina erigida en la triunfadora del enfrentamiento. Esa figura es el amo.
La otra figura, aquella que tiene miedo a morir y en consecuencia no le importa, deja de lado el deseo de ser reconocido, es el esclavo.
Quedan así entonces constituidas las dos figuras del amo y el esclavo en las cuales Hegel encuentra el inicio de la historia humana. Ahora, observen ustedes aquí la genialidad de Hegel. ¿Cómo continúa esto? Porque esto continúa. El amo queda en total insatisfacción porque aquel que lo está reconociendo ya no es un sujeto autónomo, ya no es un otro autónomo, sino que es un esclavo. O sea, aquel que me reconoce es un esclavo, es mi esclavo. ¿Qué clase de reconocimiento es este? dice el amo. Soy reconocido por alguien que tuvo miedo a morir. Soy reconocido por alguien que prefirió dejar de lado su deseo, aquello que lo volvía humano, por el miedo a morir. En consecuencia, no me está reconociendo un ser humano. Me está reconociendo un mero esclavo. No tengo reconocimiento alguno. Esa lucha que emprendí por el reconocimiento me ha llevado a no ser reconocido, sino apenas por un esclavo.
El amo queda paralizado en esta derrota. Lo pone al esclavo a trabajar. Y el esclavo se pone a trabajar. Y aquí observen el desarrollo dialéctico de la cosa, ¿no? Cómo se va desarrollando dialécticamente. El esclavo trabaja, trabaja para el amo. El amo queda confinado a la pasividad, al ocio y al goce. El amo recibe lo que el esclavo le da y se transforma en un ser ocioso, en un ser pasivo. El esclavo, por el contrario, trabaja para el amo. Al trabajar para el amo tiene que trabajar la materia. Al trabajar la materia el esclavo comienza a construir la cultura, porque la cultura es el trabajo que el hombre ejerce sobre la naturaleza, sobre la materia. El hombre transforma la naturaleza, transforma la materia y de eso surge la cultura, las culturas históricas, surge todo.
Entonces, la historia humana pasa por el lado del esclavo. Es el esclavo el que, con su trabajo para el amo, descubre que él tiene una relación con la materialidad que es creativa, es tan creativa que le permite sentirse más humano que el amo. Entonces el amo engorda, el amo está ahí tirado esperando que el esclavo le lleve las cosas. El esclavo se las lleva pero mientras tanto ha descubierto que ese trabajo con la materia, en ese trabajo ya descubre su libertad porque, y esto lo va a decir Sartre del proletariado urbano, dice: en última instancia en la fábrica, aún en su momento de mayor humillación, un proletario siempre decide si pone un tornillo en tal lugar o en tal otro, si lo pone antes o lo pone después, en estos pequeños momentos va descubriendo su libertad. Y el esclavo hegeliano, al transformar la materia, va dando origen a la cultura humana.
Entonces, el trabajo es un trabajo formativo. Es lo que Hegel le llama bildung, cultura. La cultura es el desarrollo del esclavo trabajador. Hay una cultura porque el esclavo trabajador la hace. Y el amo, el amo queda confinado al ocio, al goce, a la pasividad, y el esclavo a la actividad, con lo cual el que ha terminado siendo humano es el esclavo y el que ha terminado siendo una cosa, una materialidad, una naturalidad, un animal en última instancia que tiene sólo relación con lo que come, es el amo.
Esto es un brillante ejercicio dialéctico de Hegel, admirable, admirable en principio porque lo que hace es que le pone a las conciencias no una relación de conocimiento entre sí, sino de deseo. Quiero tu deseo. Vos querés mi deseo. Bueno, yo te voy a matar con tal de conseguir tu deseo. Ah, no, yo tengo miedo. Bueno, entonces tu deseo es mío. Ahora sos mi esclavo. Anda a trabajar y atendeme, dame todo lo que necesito. Pero aquí yo me transformo en una cosa que come y vos sos un esclavo, sos un esclavo, que trabaja la materia y hace cultura.
Hay desarrollos sobre esto, que los podemos hacer y muy interesantes. Por ejemplo, el amor, el amor. Voy a seguir aquí un desarrollo de Jean-Paul Sartre en El ser y la nada, lo voy a seguir un poco libremente, pero en la relación de amor que se establece entre dos conciencias libres, la más débil es la que ama más. La más débil es la que ama más. Es decir, es la que más se somete a lo que hay en ella de sensible, de emocional. La conciencia que ama menos es la que más domina, la que más manipula. Si me amás demasiado, sos mía. Si yo te amo menos, te domino. Aquí vemos cómo se da ese juego entre las conciencias, hay una conciencia que busca dominar y otra conciencia que termina siendo sometida, y en el juego del amor es muy interesante esto que se produce porque amame demasiado, amame mucho y te me vas a someter. Y en la medida en que yo de un paso atrás y te amo menos, voy a someterte.
Si hablamos de una dialéctica del amo y el esclavo, es evidente que estamos hablando de la dialéctica. O sea, ¿cómo funciona aquí la dialéctica?
En el primer momento nosotros tenemos dos conciencias enfrentadas, este es el origen de la historia humana. Este origen es lo que Hegel va a decir es abstracto, todavía no hay contenido aquí porque no ha sucedido nada. En realidad tenemos dos conciencias que están enfrentadas y todavía no ocurrió nada más que este enfrentamiento, o sea que es un primer momento de la dialéctica que tiene que desarrollarse. El segundo momento de la dialéctica es el de la negación, es decir, cuando una de las conciencias logra que la otra se le someta; es decir, una de las conciencias niega a la otra y la otra se le somete. El tercer momento de la dialéctica es la negación de la negación. ¿Por qué? Porque la conciencia que había sido negada, niega a la negadora.
Lo voy a explicar más claramente, aunque estaba claro, pero vamos a poner los personajes. Primer momento de la dialéctica, hay dos conciencias enfrentadas. Primera negación de la dialéctica, una conciencia niega a la otra y esa conciencia se le somete. Ahí tenemos un amo y un esclavo. La negación de la negación es la que el esclavo ejerce sobre el amo, porque en verdad el esclavo niega al amo al superarlo creando la cultura. ¿Qué es lo que ha salido? Un tercer momento que es la historia humana, la cultura humana, eso que el esclavo hace, y en esa cultura humana está integrada toda la dialéctica. El amo, el esclavo, el esclavo trabajador, el amo ocioso, forman parte de una nueva figura histórica.
Entonces, nosotros tendríamos que en la dialéctica de Hegel tiene, según habitualmente, vulgarmente se conoce, tiene tres momentos. El primer momento es el de la afirmación, el segundo momento es el de la negación y el tercero es el de la negación de la negación. O sea, tenemos una afirmación y luego hay una negación de esa primera afirmación y luego hay una negación de la negación y se llega a un tercer momento en el cual se concilian los contrarios. Los antagónicos están conciliados en una síntesis que los contiene en tanto antagónicos, pero es una síntesis superadora de las contradicciones anteriores. La historia para Hegel va a funcionar así, es el desarrollo de formas que van surgiendo, que se van negando, y una nueva negación niega a la anterior y establece una síntesis superior que es un nuevo momento que a su vez se va a negar y va a dar origen a otro desarrollo y a otro desarrollo y así de totalización en totalización se desarrolla la dialéctica histórica.
Ahora bien, esta figura del amo y el esclavo ha sido tan rica que no sólo dio, por supuesto, origen al ejemplo cuasi sartreano que yo di de la relación de amor, sino que fue tomada por algunos talentosos cineastas. Si ustedes ven la película de Joseph Losey, El sirviente, una película con Dirk Bogarde y Sarah Miles, van a ver que ahí el sirviente, que empieza como sirviente, va progresivamente sometiendo al amo hasta que él logra reemplazarlo.
Donde deliberadamente está muy mostrado el esquema del amo y el esclavo es en una película de los años 60 que se llamó La gran comilona, una película del director Marco Ferreri con un elenco de actores europeos como Michel Piccoli, Marcelo Mastroianni, Ugo Tognazzi y Philippe Noiret. La película narra lo siguiente: cuatro personajes de la alta burguesía se encierran en una fastuosa mansión y deciden comer hasta morir. Entonces la idea de Marco Ferreri, una idea contestataria típica de la década del 60, es la siguiente: los esclavos llevan la comida, porque se ve a los proveedores que llevan la comida, y la burguesía come, y la burguesía va a comer tanto que va a morir; o sea, la burguesía en última instancia se acabaría por implosión de la burguesía. En la película, efectivamente, comen de modo desmesurado, van muriendo de a uno en uno, y Marco Ferreri lo que está diciendo es: los amos van a morir comiendo, intoxicados con su propia comida. Lo que nosotros a lo largo de los años hemos visto es que la burguesía sigue comiendo y no muere. Sino que, por el contrario, son los pobres los que mueren porque no comen.
Es decir, el mensaje utópico de Marco Ferreri se ha invertido en esta realidad que nosotros estamos presenciando en este momento histórico al que podríamos llamar posmilenio o de multipolaridad nuclear apocalíptica, si ustedes quieren darle una calificación optimista a este momento histórico, y lo que vemos en este momento es que no, no se dio el esquema de Marco Ferreri, es decir, que la burguesía iba a comer hasta reventar. Por el contrario, la burguesía sigue comiendo, el proletariado no enterró a la burguesía, como Marx lo había pronosticado, sino que es la burguesía la que está enterrando al proletariado, y que la burguesía sigue comiendo y no muere y el proletariado o los pobres, los excluidos, los escupitados del sistema, mueren porque no comen.
Lo que nosotros venimos viendo y lo que tenemos que redondear es qué diferencia a estos tres grandes colosos del pensamiento filosófico, del pensamiento filosófico del idealismo filosófico, es decir, de esa rama de la filosofía que parte de un sujeto situado, centrado para conocer la realidad. En Descartes teníamos un conocimiento único, absoluto y privativo que el sujeto tenía sobre sí. El sujeto sólo tenía el conocimiento de su pensamiento.
En Kant, el sujeto constituye al objeto, es el mundo de la experiencia posible. En Kant, es el sujeto trascendental el que le da forma al objeto de conocimiento y ese es el mundo de la experiencia posible. Sólo hay objetos para un sujeto y aquello que la razón no puede conocer es el no-húmeno, el mundo de la cosa en sí que es incognoscible para la razón.
En Hegel, por el contrario, la razón idealista llega más profundamente, más hondamente, más extensamente que nunca y ahí es la razón la que conoce toda la realidad porque la realidad es una expresión de la razón. El juego entre razón y realidad es un juego especular. La realidad es razón y la razón es realidad. Este es el idealismo absoluto de Hegel, que Hegel dice que justamente concluye en él, en un saber total, que es su filosofía, y en el estado prusiano, de Federico Guillermo.
Bueno, estas serían las características de los tres grandes filósofos del idealismo europeo, Descartes, Kant y Hegel, y nuestro próximo paso entonces es pasar, por supuesto, al materialismo. Pasamos del pensamiento idealista al pensamiento materialista, y ¿por qué hay que pasar al pensamiento materialista? No es que estemos contando una historia lineal en la cual se suceden determinados filósofos, como dijimos, en una especie de galería de los héroes del pensamiento.
No, no, no, lo que pasa es que Hegel expresa el triunfo de la burguesía, pero el triunfo de la burguesía trae acarreado el surgimiento de un nuevo sujeto histórico. Cuando surge un nuevo sujeto histórico alguien lo tiene que pensar, alguien lo tiene que pensar; por ejemplo aquí, en el 45 los migrantes internos, los cabecitas negras que llegaban a la Capital Federal, alguien tenía que darles cobertura política, y el que les dio esa cobertura política fue un coronel que estaba en una Secretaria de Trabajo y jugó políticamente a ser el que daba reconocimiento político a ese nuevo sujeto. Bueno, así como ese nuevo sujeto que eran los migrantes que llegaban a la capital en el 43, en el 45, fueron visualizados como construcción de poder por el coronel obrerista Perón, digamos que un nuevo sujeto histórico requiere de un pensamiento que lo piense. Y si Hegel es el pensador de la burguesía capitalista, la burguesía capitalista al triunfar genera un nuevo sujeto histórico que es el proletariado.
El proletariado, la clase obrera, trabaja con la materia porque trabaja en las fábricas de sus patrones. Al trabajar con la materia, el filósofo que surge para expresar a ese proletariado que trabaja con la materia, elabora un pensamiento filosófico que parte de la materia. Y ese es Karl Marx, y su amigo Friedrich Engels, que no tenía ni por asomo el talento de Marx, pero fundamentalmente nosotros nos vamos a centrar en Marx. Marx entonces es el filósofo que surge para expresar a este nuevo sujeto histórico que ha aparecido en la escena social, política, económica, histórica, de la centralidad europea: el proletariado.
Marx, en este sentido, se va a basar en el esclavo de Hegel. El día que el joven Marx habrá leído la dialéctica del amo y el esclavo, habrá exclamado, yo estoy con el esclavo, habrá dicho, y el esclavo sí, trabaja la materia y es el que hace la historia. En este sentido, por eso están tan unidos dentro del pensamiento revolucionario de izquierda, Hegel y Marx. Entonces, Marx, inspirándose en la figura hegeliana del esclavo, que hace la historia al trabajar la materia, conceptualiza al proletariado europeo como aquel que trabaja la materia. Ergo, su pensamiento se va a llamar materialismo histórico.
Hay aquí, entonces, una filosofía que es claramente expresión y a la vez, y a la vez, formación, porque todo pensamiento forma la realidad a la vez que la expresa, es la filosofía materialista de Karl Marx sobre la cual, sin duda alguna y extensamente, nos vamos a ocupar.